Volver a la portada de este número
Arte y Libertad

Año VII - Número 39

Actualizado a 20/09/2012

Sorolla y la otra imagen

Manuela García

(*) foto. Carsí

(*) foto. Carsí

Lo que convierte a la fotografía en una extraña invención ?con consecuencias imprevisibles- es que su materia prima fundamental sea la luz y el tiempo. (John Berger)

Esta cita de Berger me sirve para comentar la parte que creo es más importante, por novedosa, en la exposición que, dentro de Fotográfica 06, nos presenta el Centre del Carmen hasta el 7 de enero. Y es la del acercamiento del pintor valenciano a la fotografía como herramienta de trabajo e inspiración para muchas de sus obras y el impacto que este medio tuvo en la época, la vida y la obra de Sorolla.

La luz y el tiempo son dos de los parámetros que los pintores han querido, desde siempre, captar en sus obras, pero ¿es legítimo el uso de medios técnicos o mecánicos en la creación de la obra de arte? Antes de seguir con la exposición del Carmen quisiera hacer un poco de historia a este respecto. De entre los muchos artefactos desarrollados y utilizados a través de los siglos como ayuda para la creación artística, la cámara oscura ha sido, sin duda, el más interesante, por la profusión con que se utilizó, por su relación con la fotografía y porque con ella el pintor descubrió nuevas formas de 'ver' la realidad. Su uso, cierto y generalizado entre los artistas, data de mediados del siglo XVII, primero en Holanda y posteriormente en el resto de Europa. Pero, sin duda, el artista que utilizó con mayor profusión la cámara oscura, fue Jan Vermeer. El paso siguiente fue la cámara fotográfica que, desde su aparición, cambio la forma de entender y representar el arte. El acercamiento de la pintura a la fotografía se percibe perfectamente entre los impresionistas. Dado que el movimiento quería representar percepciones instantáneas, semejantes a las aprehendidas por la fotografía, tenían que simplificar la técnica pictórica para captar la fracción de tiempo que querían plasmar. Por ello se ayudaban de la cámara fotográfica para aprehender las cambiantes condiciones de luz en la naturaleza. A mediados de 1895 Edgar Degas recibe a una bailarina en su estudio y la fotografía en diferentes posturas. El resultado son tres placas que el pintor utiliza para realizar distintas composiciones. Meses después, Degas encuentra la forma de combinarlas y realizar su famoso cuadro Bailarinas detrás del escenario. Antonio González García, en un trabajo sobre Impresionismo y fotografía, saca a la luz decenas de ejemplos que demuestran que muchas de las más famosas composiciones impresionistas fueron inspiradas por un original fotográfico. Pintores como Van Gogh, Toulouse Lautrec, Monet o Gauguin, se sirvieron de las fotografías para sus trabajos traduciéndolas a su propio lenguaje. Pero, la mayor parte de ellos tenía una especie de mala conciencia por ese uso por lo que ocultaron las placas fotográficas originales por miedo a que su utilización restara valor a su obra.

La exposición Sorolla y la otra imagen, es una selección de casi 150 fotografías dividida en varias secciones que nos acercan a su vida y obra. Pero para nuestro propósito la más interesante es la dedicada a La fotografía y su influencia en la pintura de Sorolla. En ella podemos ver como sus fuentes de inspiración, sus encuadres, sus imágenes, su luz o sus famosos reflejos están tomados de una realidad que, muchas veces, primero había sido una fotografía. Se nos muestran, también, algunas de las imágenes que le sirvieron de preparación para el encargo de la Hispanic Society, demostrando con todo ello como la fotografía fue una importante herramienta de trabajo que el pintor utilizó y que le permitió en muchas ocasiones, al visualizar con antelación lo que quería plasmar en el lienzo, una mayor rapidez en la ejecución de sus obras. Hay que recordar que Sorolla entró a trabajar en el estudio de Antonio García, su futuro suegro, a la edad de quince años como iluminador y retocador de fotografías, por lo tanto la fotografía fue algo muy presente en la cotidianidad del artista en su etapa de formación como pintor y no es de extrañar que luego hiciera uso de un elemento que podía facilitarle su labor.

(*) Felipe Garín y María Luisa Menéndez, conservadora, de la Casa-Museo de Sorolla en Madrid señalando la fotografía en la que aparece el cuadro de Blasco Ibáñez en el estudio de Sorolla (Un caballero español. 1906)

Enviar a un amigo Imprimir