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Número 27
11 de Noviembre de 2004

Nuestra historia y costumbres

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Año V - Número 27

Actualizado a 29/05/2011

La iglesia y la torre de Santa Catalina

Una grácil estampa en el centro de la ciudad

Lucila Taléns

La fundación del templo dedicado a la mártir Santa Catalina se remonta al siglo XIII, concretamente al año 1245, fecha en la que entra a formar parte del grupo de primitivas parroquias que se levantan en torno a la catedral de Valencia. Su arquitectura reproduce el tipo gótico-cisterciense originario del Languedoc francés pero que tanto éxito tuvo en las tierras catalanas y valencianas.

Constituye una planta de tres naves, a las que se añade una girola por detrás del ábside, siguiendo el ejemplo de la catedral, simbiosis ésta que se produce como consecuencia de la influencia del gótico nórdico de las catedrales francesas y cuya presencia se manifiesta también en la Corona de Castilla. El edificio se construyó sin arbotantes por lo cual se obligó al empleo de pesados contrafuertes sobre las naves laterales para contrarrestar, de este modo, el empuje de la nave central. En el siglo XVI la iglesia fue decorada siguiendo las pautas renacentistas. El año 1506 llega a Valencia uno de los principales pintores de nuestro Renacimiento, Hernando Yáñez de Almedina quien, junto con Hernando Llanos, recibe el encargo de realizar el hoy desaparecido retablo de la cofradía de plateros de San Eloy, (1509-1510), para la iglesia de Santa Catalina. El conocimiento de Yáñez de los modos florentinos y romanos, no sólo en el ámbito de la pintura sino también en el de la arquitectura, será determinante para el establecimiento en Valencia de un gusto decorativo a la romana. Por desgracia un incendio destruyó gran parte de la Iglesia y tuvo que ser reconstruida, perdiéndose entonces obras de arte de gran valor.

A finales del siglo XVIII el templo fue nuevamente reformado en estilo barroco. La decoración barroca por desdicha también se ha perdido y únicamente queda de ella la capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados, ubicada al inicio de la girola, y la magnífica torre campanario.

Durante la Guerra Civil de 1936 el conjunto del templo volvió a sufrir grandes desperfectos por lo que en 1949 el arquitecto Luis Gay Ramos inició su reconstrucción. Las obras abarcan hasta 1966, casi veinte años. Fue una intervención muy dura, que le devolvió su impronta goticista, no obstante, al no haber sido realizada una investigación de su estado primitivo, fueron introducidos materiales ajenos no correspondientes a su traza inicial. Todo ello da como resultado una iglesia totalmente distinta a la original. El empleo del cemento y el añadido de gruesos contrafuertes y pilares para reforzar las columnas dan como resultado una invasión total de las naves laterales, que quedan muy reducidas. Los vestigios de las antiguas capillas recayentes a la plaza Lope de Vega sólo se recuerdan por unos arcos de ojiva, cegados, dispuestos en la fachada. En esta última restauración se han añadido restos de estatuas, sin duda reliquias olvidadas y ahora de nuevo encontradas, que el visitante puede contemplar. En este lugar se situaba el antiguamente denominado 'Tribunal del Almotacén', encargado de administrar justicia en los mercados.

La torre, cumbre del barroco valenciano La torre campanario de Santa catalina se encuentra adosada al templo y ha resultado ser una de las obras más significativas y celebradas de la arquitectura barroca valenciana.

Fue construida entre 1688 y 1705 por el maestro cantero Juan Bautista Viñes, quien la ordenó sobre una base octogonal y con una caña ascendente al cielo de cinco pisos. Sus esquinas las forman aristados contrafuertes de raíz gótica, pero concebidos muy a la manera clásica, como si se tratara de órdenes poliédricos. Toda esta disposición y diseño arquitectónico supone el triunfo de la geometría en una época donde los postulados barrocos imperan en todo su esplendor. Se puede hablar de un barroquismo escultórico, elegante en la riqueza ornamental de las embocaduras de los angostos vanos, en las diversas curvaturas de los frontones y en los contoneos gráciles de sus molduras. Asimismo, las deliciosas cartelas, peanas y ramas de frutos tiene el sello de la expresión compositiva de un barroco depurado y concienzudamente estudiado.

Pieza importante y destacada supone la configuración de la cornisa que, situada en la transición al cuerpo de campanas insinúa, con su volada proyección y friso de foliadas mensuras, un enorme entablamento que ordena todo el conjunto de la torre. El propio cuerpo de campanas, articulado en las esquinas por pedestales y entablamentos poligonales, alberga salomónicas columnas que se disponen encadenadas en sus espirales con una traza impecable. La linterna se encuentra asentada de forma original en un basamento sustentado por esquinados contrafuertes trasflorados, pilares de recurvada composición barroca, entre los que se eleva la gallarda linterna con columnas salomónicas a su alrededor. En definitiva, esta torre constituye toda una obra maestra que generó en la arquitectura valenciana del siglo XVIII una larga secuela de torres campanarios. Ejemplo de ello son los campanarios de localidades como Alcalá de Chisvert, Alcoy, Cheste y Cuatretonda que, con todas sus diferencias compositivas, se constituyen en espejo de la admiración y popularidad que despertó la torre de Santa Catalina. Cuando, paseando por el parterre llegamos a la calle de la Paz y miramos hacia el fondo, vemos la colosal torre que nos atrae como un imán hacia siglos pasados y, según nos vamos acercando, entonamos leyendas que hablan de una ciudad bella, construida por gentes laboriosas y cultivadas, las cuales, llenas de vitalidad, nos fueron indicando el camino a seguir para edificar lo que hoy es y simboliza nuestra ciudad.

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