Año V - Número 27
Actualizado a 29/05/2011
Stan Laurel protagonizó en 1922 una parodia de Sangre y Arena, titulada Barro y Arena
Montse Fayos Fernández - m_fayos@yahoo.es

Reírse de los excesos de uno mismo es, además de una excelente terapia, una prueba de inteligencia y por ello la auto parodia es un ejercicio que pocos practican con éxito. El cine americano gusta de ridiculizar sus propias grandes producciones, burlándose de sus productos de mayor éxito para cumplir un doble objetivo: igualar las ganancias que procuran las películas parodiadas y demostrar al mundo entero que Hollywood es capaz de reírse de sus propios excesos.
Además, la industria más poderosa del mundo crea así un metalenguaje cinematográfico, o lo que es lo mismo, el metacine, que viene a ser como hablar de una película dentro de otra película, pero estas cuestiones son propias de otro debate y otra crónica.
Frecuentemente la cartelera está copada por este tipo de filmes, que en la actualidad se dirigen fundamentalmente al público más joven (caso de la saga Scary Movie). Rastreando la historia del cine estadounidense, encontramos parodias de este género desde la primera etapa del cine mudo, lo cual nos ofrece una idea de cuáles eran los bombazos en taquilla del momento.
Mud and Sand (traducido literalmente Barro y Arena) se estrenó en 1922, únicamente tres meses después de la producción basada en la novela de Blasco Ibáñez, gracias a la cual Rodolfo Valentino se encumbró como el mito erótico de varias generaciones. Es una de las primeras parodias de otras películas que protagonizó Stan Laurel, todavía sin su pareja del celuloide, Oliver Hardy. El director, Gil Pratt, no entra en ningún momento en la novela de Blasco Ibáñez sino en la superproducción que fue una de las más taquilleras de la época. Así, Hardy pasa a llamarse Rhubarb Vaseline en alusión a la fonética de Rudolf Valentine y al mismo tipo de humor responden los nombres de Caramel (semejante a Carmen) y Filet Sole (que es la réplica de Doña Sol).
Si el argumento melodramático de Blasco fue la excusa perfecta para que Fred Niblo desplegara todo su potencial para la super producción recurriendo a estereotipos eficaces en pantalla (decorados andaluces, pasión en el ruedo, amores imposibles), Mud and Sand busca reirse precisamente de estos excesos. Hardy es un héroe nada gallardo, que trepa al balcón de su amada y se cae varias veces, mientras que las corridas de toros son espectáculos de los que los participantes salen en camilla, retorciéndose de dolor.
Por lo demás, Mud and Sand no es una de las mejores comedias del cine mudo ni mucho menos una de las más memorables de Laurel Hardy. Se trata de un producto muy propio de su época que constituye un termómetro perfecto para medir la repercusión que el nombre de Blasco Ibáñez comenzaba a tener en el cine de Hollywood. En 1924 surgiría otra parodia, esta vez titulada Bull and Sand, y años después el popular Cantinflas protagonizaría la última versión sarcástica, esta vez Ni Sangre ni arena, estrenada en 1941.
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