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Arte y Libertad

Año VII - Número 38

Actualizado a 06/09/2010

El gótico remodelado de la Iglesia de San Agustín

Lucila Talens

Plaza San Agustín. foto:Paco Carsí

Plaza San Agustín. foto:Paco Carsí

Uno de los templos más reconocido de Valencia lo encontramos en la Iglesia de San Agustín sita en a plaza del mismo nombre en pleno corazón de la ciudad

La iglesia parroquial de San Agustín pertenecía a un primitivo convento que fue fundado a fines del siglo XIII. Este monasterio había sido considerado como uno de los más grandes de Valencia y perduró hasta el año 1902, momento en que fue derribado. Después de haber sufrido la desamortización de Mendizábal se había utilizado como presidio correccional. El antiguo claustro del convento pervive en la actualidad como un vago recuerdo de lo que fue en el pasado. Hoy su memoria queda patente en el jardincillo anexo al templo.

El planteamiento de esta iglesia, de tipo conventual, tiene la traza románica pero el alzado es gótico de tipo languedociano propio de las iglesias francesas de la zona de Albi y Toulouse, que luego tendrán una amplia difusión en Cataluña, Aragón y el Reino de Valencia. La característica fundamental de la arquitectura gótica del Languedoc es la sobriedad ornamental. Los templos de este estilo tienen poca decoración y su importancia se basa en su plano estructural más que en los adornos que pudieran llevar.

De cabecera poligonal este templo consta de una sola y espaciosa nave que esta dividida en ocho crujías o tramos muy oblongos. Se cubre mediante una bóveda nervada entre arcos apuntados, los cuales presentan la particularidad de apoyar sobre mensulas. A los lados se abren capillas entre contrafuertes, cubiertas a su vez por bóvedas sobre ojivas que, de igual modo, apean sobre mensulas. A los pies de la nave se encuentra un coro que se sitúa elevado sobre bóveda rebajada.

A fines del siglo XVII el edificio de la iglesia fue redecorado en estilo barroco, pero tras la guerra napoleónica fue nuevamente remodelado con un marcado carácter neoclásico al gusto de la época.

Durante la Guerra Civil de 1936 el templo fue muy castigado y al terminar la contienda tuvo que ser reconstruido por el arquitecto Javier Goerlich. En esta última intervención se consiguió devolver su primitiva pureza gótica originaria, contribuyendo para ello la obra del escultor José Justo, autor de los retablos neogoticistas. Sin embargo, en el exterior, la portada de los pies, que reviste un aplacado de mármol, así como la torre campanario, fueron reinterpretadas y nuevamente inventadas, alejándose de su modelo original.

Entre las obras pictóricas que guarda este templo cabe mencionar un icono de estilo bizantino-toscano que representa a la Mare de Deu de Gràcia. Su factura recuerda a otros iconos que se conservan en el Monasterio de la Trinidad y en el de Monteolivete, así como en los custodiados en el extraordinario Monasterio del Puig, del siglo XIII. Sin duda estos bellos iconos habían sido importados desde Italia y venerados con franca devoción en las iglesias y conventos valencianos.

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