Año VII - Número 38
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García

El Museo de Cerámica, dentro de una de sus líneas expositivas que tiene como objeto la presentación de la creación contemporánea en cerámica, nos ofrece, hasta el 15 de octubre, la posibilidad de admirar la obra de este artista, cuyo trabajo a lo largo de más de 25 años le ha llevado a experimentar nuevos aspectos de la materia que emplea, la cerámica, consiguiendo unos resultados finales que se asemejan mucho más a los realizadas con los materiales pictóricos tradicionales que a las apariencias puramente cerámicas. El visitante, en un primer momento, dudara sobre si lo que está viendo es cerámica o, simplemente, pintura. Por eso, podemos afirmar que Alberto Hernández pinta. Sólo que la superficie que el emplea, en lugar del lienzo o la tabla, es de origen cerámico y los pinceles han sido sustituidos por el fuego para dar el toque final a sus obras. Su pasión por la pintura y por la integración de la cerámica en el arte, es lo que le lleva a esta forma de trabajo en el que la cerámica, en un formato bidimensional, se funde con el lenguaje pictórico dando lugar a piezas de gran fuerza expresiva. De formación autodidáctica, aunque sus primeras experiencias como ceramista fueron en el taller de su madre, se fabrica sus propios pigmentos para lograr una apariencia aterciopelada en el acabado y que los colores tengan cierta profundidad que los aleje de los tonos planos. Con su manera de trabajar consigue el color, la forma o el volumen deseado, claro que para conseguir esto ha necesitado de muchos años de aprendizaje. Tiene temas recurrentes que casi siempre provienen de sus experiencias personales, los peces, las espirales, signos matemáticos...., y otros que nos recuerdan a artistas por los que él siente admiración y que, muchas veces, aparecen en sus cuadros, tal vez inconscientemente, como un homenaje a ellos. Su obra, que en conjunto se puede considerar abstracta, tiene en ocasiones algunos elementos que nos recuerdan los paisajes de la sierra de Gredos, tan cercana a su lugar de residencia. La muestra se compone de una cincuentena de cuadros, casi todos de gran formato, que recogen los últimos años de la obra de este artista de origen salmantino al que gusta trabajar aislado en su taller, ya que, según el mismo reconoce, necesita del silencio para trabajar.
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