Año VI - Número 33
Actualizado a 29/05/2011
León Roca (24 de octubre de 2005)

Supo escribir una carta a Chatebriant y este, a su vez, ponerla en conocimiento de Maeterling, y llegado a conocimiento de la reacción, ordenaron la expedición de los 10.000 hombres de San Luis encargada de la Liberación
del rey de las garras del liberalismo. Las tropas francesas fueron benévolas con los incautos ciudadanos que fiaban en la justicia del rey felón. Hasta el mismo Riego fue condenado a muerte y montado sobre un pollino fue paseado por las calles de Madrid y ahorcado en el patíbulo levantado al efecto.
La obra de la Horda seguía imparable su camino. Esta vez se trasladó a Valencia, donde hubo un pobre maestro de escuela, el maestro Ripoll, en el distrito de Ruzafa, que fue acusado de no enseñar religión a los alumnos. Tras un año de prisión y de continuas tentativas de intentar su sumisión a la Iglesia fue condenado a morir en el patíbulo, y ejecutado ante un pueblo embrutecido y cada vez más rencoroso.
Mientras Europa se democratizaba, España seguía su lucha por alcanzar la libertad religiosa y el libre pensamiento de expresión. Dos pensamientos horribles para la gente de orden y de aversión contra la ley que propugnaban por este error.
En 1879 el triunfo de la República en el Congreso, votada por la mayoría de las Cortes al votar una propuesta de Emilio Cautelar, el orador de la democracia, originó el alzamiento de los carlistas que exigían la vuelta de la reina Isabel II.
El cantonalismo que fue proclamado en las principales capitales de España tuvo la lógica reacción de los propios republicanos que no comprendieron la insensatez de precipitar una forma de gobierno que se iniciaba en las Cortes.
Si el liberalismo de Riego llegó a destiempo, pues toda Europa estaba bajo el imperio de la reacción, encantada con el gobierno internacional de Viena, el alzamiento del pueblo español fue un acto de imprudencia política que posibilitó que gente ambiciosa y de pésimos antecedentes, aprovecharan la debilidad del gobierno para liquidar viejos rencores y alcanzar la ganancia de los descuideros.
Contra el cantonalismo, se alzaron los carlistas y lucharon en el monte y las ciudades de Aragón bajo la égira de Cabrera.
Fue mas larga y cruel la lucha contra los carlistas que la de los cantonalistas. Con estos, el ejército liberal actuó con eficacia hasta el abandono de las ciudades sublevadas y con los carlistas que organizaron sus masnadas como guerrilleros andantes, se encontró con la dificultad de lograr una situación sólida dado el considerable número de caudillos eregidos como jefes de una corta cuadrilla de forajidos, hacía imposible su localización. (continuará...)
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