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Arte y Libertad

Año V - Número 28

Actualizado a 29/05/2011

Ida Barbarigo

Manuela García

El IVAM presenta una exposición retrospectiva de la artista Ida Barbarigo (Venecia, 1925), cuya pintura se encuentra a medio camino entre la figuración y la abstracción y que, según la propia autora, es fruto de la espontaneidad y de la libertad que ha tenido para hacer siempre lo que ha querido, reconociendo que los modelos los encontraba en el ser humano, en los objetos que la rodean y en la mitología de los pueblos primitivos. Aunque hay algunos retratos entre sus obras, en la exposición está el que le hizo a Mitterrand, no es un género que le guste y explicó a los periodistas su dificultad para hacerlos ya que considera que el retrato no es libre, que el artista no puede hacer en ellos lo que quiere.

Las 187 piezas que componen la muestra hacen un recorrido por todas las series y períodos artísticos de la trayectoria de Ida Barbarigo y entre ellas hay óleos, gouaches y acuarelas. Los temas van desde sus primeros mosaicos informalistas hasta sus últimas creaciones compuestas de innumerables figuritas que más bien parecen trazos caligráficos, y a las que ella ha titulado Los terrestres. Una gran parte de sus obras están dedicadas a los paisajes urbanos, sobre todo a los cafés y las plazas de dos de sus ciudades preferidas, París y Venecia. Así encontramos las series sobre Las sillas en las que estos elementos del atrezo urbano cobran vida junto a las personas que toman asiento en ellas y cuyos títulos, que pueden parecernos inverosímiles, suelen estar tomados de fragmentos de conversaciones oídas mientras estaba tomando apuntes del natural o forman parte de sus pensamientos en aquellos momentos, dando lugar a títulos tan originales como estos: Giorgio, ¡vamos!, Dijo el general: mañana llueve o Isidoro, no hagas sombra a la tía. Ella misma nos explica con estas palabras su atracción hacia las sillas: ¿porqué las sillas? yo veo en ellas los ritmos y las estructuras que me parecen indispensables, para esos espacios que yo invento inconscientemente, (...) es un instinto el que me atrae hacia los cafés, hacia las sillas de esas terrazas suspendidas sobre el agua, como adormecidas al sol, envueltas en la niebla. Resumiendo estamos ante una obra vitalista, variada y valiente que refleja perfectamente la forma de ser de su autora, nacida en una familia de artistas y entregada desde siempre a la pintura. Pueden acercarse a ella hasta el 30 de enero de 2005.

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