Volver a la portada de este número
Arte y Libertad

Año XI - Número 63

Actualizado a 20/09/2012

Antoni Tàpies

“La obra de Antoni Tàpies está dentro de la tradición de estas explosiones que de tiempo en tiempo se producen en nuestro país y que conmueven tantas cosas muertas. Es auténticamente barcelonesa con irradiación universal. Por esto merece toda mi admiración” Joan Miró

Manuela García 13 de Febrero de 2012

1 2

Antoni Tapies nació en Barcelona, el 13 de diciembre del año 1923, dentro de una familia perteneciente a la élite intelectual catalana. Su padre, Josep Tàpies i Mestres, era un abogado con simpatías nacionalistas, que trabajó para el gobierno republicano catalán durante la guerra civil española de 1936-39. Por el contrario, su madre, María Puig i Guerra, era una católica devota hija de una familia de políticos catalanistas. La profesión de su padre y las relaciones de su familia materna con miembros de la vida política catalana propiciaron un ambiente liberal durante la infancia del artista, que transcurriría marcada por la amistad de su padre con notables personajes de la vida pública catalana y del republicanismo catalanista de la época y por la intensa actividad cívica y política de su abuelo materno. Tàpies siempre remarcó que la confrontación entre el anticlericalismo de su padre y el catolicismo ortodoxo de su madre le llevaron a una búsqueda personal de una nueva espiritualidad, que encontró en las filosofías y religiones orientales, principalmente el budismo zen.

Con estos antecedentes familiares no es de extrañar que su padre le hiciera iniciar la carrera de Derecho, que el artista abandonaría poco antes de terminarla para empezar unos estudios de dibujo en la Academia Valls de Barcelona. De esa época se conservan diversos retratos y autorretratos, así como algunos dibujos de influencia picasiana y surrealista.

A partir de 1945 su dedicación a la pintura va en aumento e inicia sus primeros ensayos con materiales densos. A las obras de corte primitivista y expresionista realizadas en ese momento se suman numerosas pinturas abstractas, caracterizadas por un interés fundamental por la materia y con un uso recurrente del collage y del grattage ("raspado" en lengua francesa, es una técnica de la pintura en la que ésta se desprende de la tela mediante desgarrones). En 1948 expone por primera vez y lo hace en el I Salón de Octubre de Barcelona, mostrando dos obras de 1947: Pintura y Encolado.

En ese mismo año, 1948, fue uno de los fundadores del movimiento y la revista Dau al Set, uno de los primeros movimientos preocupado por reivindicar la creación artística frente a la ideología imperante en España. El grupo desempeñó un papel de gran importancia en la entrada de la vanguardia y prepararon el camino al informalismo en nuestro país. La revista perduró hasta 1956, sin embargo Tàpies abandonó su vinculación en 1951, aunque siguió contribuyendo esporádicamente en ella hasta su desaparición. Tras su paso por Dau al Set, comienza una fase de abstracción geométrica, optando por una línea informalista, abstracta, basada en las investigaciones sobre la materia pictórica como medio expresivo artístico e imponiendo como valor total la materia frente a la forma.

Representante de la llamada “pintura matérica”, Tàpies utilizaba para sus obras materiales heterogéneos, muchas veces de desecho, mezclados con los materiales tradicionales del arte buscando un nuevo lenguaje de expresión artística. Este  informalismo matérico fue desde esa época el principal medio de expresión de Tàpies, en el que con distintas peculiaridades trabajó durante toda su vida.

Una de las características de la obra de Tàpies es el carácter iconográfico que añade a sus realizaciones a través de distintos signos como cruces, lunas, asteriscos, letras, números, figuras geométricas, etc. Elementos que para él tienen una significación alegórica relativa a su mundo interior, y hacen referencia a temas tan trascendentales como la vida y la muerte, o como la soledad, la incomunicación o la sexualidad. Dentro de estos significados, las letras, A y T son por las iniciales de su nombre o por Antoni y Teresa (su mujer); la X como misterio, incógnita, o como forma de tachar algo; la M la explica de la siguiente manera: “Todos tenemos una M dibujada en las líneas de la palma de la mano, lo cual remite a la muerte, y en el pie hay unas arrugas en forma de S; todo combinado era Muerte Segura”.

Otro rasgo distintivo en Tàpies es la austeridad cromática ya que sus obras se mueven dentro de gamas de colores austeros, fríos, terrosos, como el ocre, marrón, gris, beige o negro. También para esto tiene su propia explicación: “Si he llegado a hacer cuadros sólo con gris, es en parte por la reacción que tuve frente al colorismo que caracterizaba el arte de la generación anterior a la mía, una pintura en la que se utilizaban mucho los colores primarios. El hecho de estar rodeado continuamente por el impacto de la publicidad y las señalizaciones características de nuestra sociedad también me llevó a buscar un color más interiorizado, lo que podría definirse como la penumbra, la luz de los sueños y de nuestro mundo interior. El color marrón se relaciona con una filosofía muy ligada al franciscanismo, con el hábito de los frailes franciscanos. Hay una tendencia a buscar lo que dicen los colores alegres: el rojo, el amarillo; pero en cambio para mí, los colores grises y marrones son más interiores, están más relacionados con el mundo filosófico”.

No hay que olvidar su dedicación a la escultura en la que desde sus inicios en la técnica del assemblage en la década de los 70, pasó a la utilización de la terracota desde 1981 y del bronce desde 1987, siempre en una línea en la que, al igual que en sus pinturas, utilizó técnicas mixtas y materiales reciclados o de desecho, en asociaciones a veces insólitas que buscan impactar al espectador. Destacan su Homenaje a Picasso (Parque de la Ciudadela, 1983), y el mosaico cerámico de la Plaza de Cataluña de San Baudilio de Llobregat (1983), así como la instalación titulada Nube y silla en la Fundación Tàpies (1989). Una de sus obras proyectadas, por encargo de la Generalitat de Cataluña, fue una escultura en forma de calcetín, de 18 metros de altura, con la significación, según él, de “un humilde calcetín en cuyo interior se propone la meditación y con el que quiero representar la importancia en el orden cósmico de las cosas pequeñas”. Sin embargo, debido al rechazo popular, la obra finalmente no se llevó a término. Pero, años más tarde, en 2010, retoma el proyecto y construyó su obra en la terraza de la Fundación Antoni Tàpies, aunque en lugar del proyecto original realizó una versión reducida de 2,75 metros.

En los años 90 recibió una serie de encargos institucionales: en 1991 realizó Las cuatro crónicas, en la Sala Tarradellas del Palacio de la Generalidad de Cataluña. En 1992 se encargó de la decoración mural de los pabellones de Cataluña y del Comité Olímpico Internacional para la Exposición Universal de Sevilla. En 1994 recibió el encargo por parte de la Universidad Pompeu Fabra de adecuar un espacio como capilla laica, es decir, como espacio de recogimiento para la reflexión y la meditación que formaba parte del Ágora Rubió i Balaguer de la universidad.

Así mismo hay que destacar su actividad gráfica en la que además de grabados, litografías o serigrafías es reseñable su dedicación a la producción de carteles con distintos fines que van desde actos políticos a las fiestas de la Mercè, realizando en 1984 una exposición con su principal obra cartelística.

Fue autor también de escenografías (Or i sal, de Joan Brossa, 1961) e ilustraciones para libros, principalmente de Brossa (El pa a la barca, 1963; Fregoli, 1969; Nocturn matinal, 1970; Poems from the Catalan, 1973; Ú no és ningú, 1979.

Y, como teórico del arte, publicó artículos en Destino, Serra d´Or, La Vanguardia, Avui, etc., la mayoría recopilados en los libros La práctica del arte (1970), El arte contra la estética (1974), La realidad como arte (1982) y Por un arte moderno y progresista (1985), así como la autobiografía Memoria personal (1977). Obras en las que atacaba tanto el arte tradicional como la extrema vanguardia del arte conceptual.

Tapies no se limito  a buscar nuevas formas de expresión artística sino que también se implicó directamente en los problemas sociales de su época. Así, en la década de los 70 su obra adquiriría un mayor tinte político, de reivindicación catalanista y de oposición al régimen franquista, incluyendo en sus cuadros palabras y signos alusivos, como las cuatro barras de la bandera catalana. Ese activismo le llevó igualmente a acciones directas como el encierro del convento de los Capuchinos de Sarrià para constituir un sindicato democrático de estudiantes (1966) o la marcha a Montserrat en protesta por el proceso de Burgos (1970), por la que fue encarcelado durante un corto espacio de tiempo.

En 1990 abrió las puertas al público la Fundación Antoni Tàpies situada en el edificio de la antigua Editorial Montaner i Simón, institución creada por el propio artista para potenciar el arte contemporáneo.

Entre sus últimos actos públicos cabe destacar su colaboración con José Saramago el año 2005 en defensa del grupo pacifista vasco Elkarri, o la donación el mismo año de su obra 7 de noviembre al Parlamento de Cataluña con motivo del 25 aniversario de la restauración del mismo. En 2007 dejó un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes que no se abrirá hasta el 2022.

La obra de Tàpies ha tenido una gran valoración a nivel tanto nacional como internacional, estando expuesta en los más prestigiosos museos del mundo, y habiendo recibido a lo largo de su carrera numerosos premios y distinciones. Es de suponer que ahora, tras su muerte acaecida el 6 de febrero de este año, podamos ver alguna gran retrospectiva de toda su obra.

Ver comentarios Enviar a un amigo Imprimir