Año X - Número 61
Actualizado a 20/09/2012
Manuela García. Valencia, enero’11
IVAM. Hasta el 1 de mayo
Según palabras de J.F. Ivars, comisario de la muestra, con esta exposición se pretende rendir un homenaje artístico a dos figuras cardinales para la definición de la escultura moderna a través del encuentro de una selección de casi 100 obras de Julio Gónzalez y David Smith.
Julio González (Barcelona, 1876 – París, 1942), está considerado el padre de la escultura en hierro habiendo forjado un estilo, en el que incorporaba el espacio y el tiempo a su obra, que cambió el sentido que hasta entonces había tenido la escultura del hierro dotándolo de nuevos valores constructivos y expresivos.
Por su parte, David Smith (1906-1965) es el escultor estadounidense más original e influyente de su generación. Empezó a estudiar arte en la Universidad de Ohio en 1924, y al mismo tiempo trabajó en la fábrica de motores Studebaker de South Bend (Indiana), donde aprendió las técnicas de trabajo del metal que le serían tan útiles en el futuro. Después de un periodo en el se dedicó al estudio de la pintura, volvió a la escultura realizando su primera escultura de hierro soldado en 1933. Durante esta década construye originales composiciones a partir del acero y chatarra ‘encontrada’, piezas de maquinaria agrícola, etc. En 1940 expuso un grupo de quince relieves de bronce llamado Medallas del deshonor. Tras colaborar como soldador en trabajos de defensa militar volvió a la escultura en 1945. Desde finales de los 50 hasta su muerte en accidente de automóvil, realizó la obra por la que es especialmente conocido entre las que se encuentran las Zig, Tank, Totem, Agricola, Cubi o Voltri.
En la década de los años 30 del pasado siglo y a raíz de un viaje por Europa, Smith descubre la obra en hierro de González, a quien consideraría “el maestro de la soldadura”, extrayendo de su obra, como puede apreciarse en la exposición, una buena parte de sus investigaciones artísticas posteriores con convergencias y prestaciones que constituyen un diálogo entre las obras de ambos escultores.
Como señala Ivars, “El arte de estos dos escultores comparte la exigencia de la obra bien hecha y, a su vez, la convicción de que en ese compromiso se fundamenta una irrenunciable propuesta ética que apela a la sociedad como el conjunto de esforzados profesionales aunados por el imperativo moral del trabajo solidario. La Montserrat de Julio González, una premonición extrema, en los albores de la Guerra Civil, al igual que lo sería las Medals for Dishonor de David Smith en el umbral de la hecatombe bélica por llegar. Dos artistas que al margen de la distancia que los separa, señalan un antes y un después en la comprensión de la escultura contemporánea y comparten algunas convicciones decisivas. A la mirada del siglo XXI cuando menos.”
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