Año X - Número 61
Actualizado a 20/09/2012
M. Corachán. Valencia, junio’10
José Saramago
"Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar", José Saramago (2009).
Como la novelista colombiana Laura Restrepo afirmaba hace algún tiempo "Saramago vive como escribe, tan lúcido e íntegro en sus libros como en los días de su vida". Y es que José Saramago ha sido uno de los pocos intelectuales que actualmente, y siendo coherente con su pensamiento y su manera de sentir, no tenía problemas en declararse comunista y en criticar duramente lo mucho de criticable que esta sociedad capitalista en la que vivimos tiene y, al mismo tiempo, las posturas de la izquierda: "Antes, caíamos en el tópico de decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda". Y en un momento de su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, en 1998, se congratularía de su militancia comunista así: "No he tenido que renunciar al comunismo para llegar al Nobel".
Saramago falleció a los 87 años en su casa de Lanzarote a donde se había exilado voluntariamente ante las críticas y la polémica que su libro El Evangelio según Jesucristo (1991) tuvo por parte del gobierno de Portugal, su país de origen, que llegó a vetar su presentación al Premio Literario Europeo de ese año alegando que el libro ofendía a los católicos. Por eso resulta, no sé si contradictorio pero al menos si llamativo, que después de su muerte el gobierno de Portugal organice toda una parafernalia con la que no creo que él estuviera de acuerdo si recordamos estas palabras que pronunciaba en 1998: "Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame".
"Sólo soy alguien que, al escribir, se limita a levantar una piedra y a poner la vista en lo que hay debajo. No es culpa mía si de vez en cuando me salen monstruos", afirmó en el 97. Siempre animaba a sus lectores y a sus oyentes "a indignarse, a no quedarse en esa especie de inercia de rebaño" a tomar partido ante esta falacia de democracia que nos envuelve y que, como él decía se ha convertido en un instrumento de dominio del poder económico y no tiene ninguna capacidad de controlar los abusos de este poder. "Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan se puede decir que nos merecemos lo que tenemos. Últimamente, sabedor del poder de las nuevas tecnologías, tenía un blog, caderno.josesaramago.org, desde el cual con el estilo directo que le caracteriza escribía ensayos de tipo cultural, político y social. "Antonio Machado escribió aquello de 'Caminante, no hay camino / Se hace camino al andar'. Y es lo que estamos intentando: andar y hacer camino, hacer camino y andar. La jornada será larga, pero no nos desanimaremos. Cada día llegaremos, cada día partiremos. Más allá, siempre más allá".
José de Sousa Saramago era hijo de campesinos portugueses escasos de recursos, un origen que marcaría su carácter y sus ideales políticos. A la edad de 12 años entró en una escuela industrial. En los libros de texto gratuitos de aquellos años Saramago se encontró con los clásicos, pero no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela y necesitaban que él trabajara para ayudar a mantener a la familia. Así que empezó a trabajar en una herrería mecánica y en su tiempo libre se leyó toda la biblioteca pública de su barrio.
Su primera novela, Terra de pecado, se publica en 1947, escribe una segunda, Claraboya, que nunca fue publicada y comienza un periodo de veinte años en los que se aparta de la literatura porque, según él: “Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”. Pero, sigue colaborando en distintos periódicos llegando a formar parte de la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores. Sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar y en 1969 se hizo miembro del Partido Comunista Portugués (cuando éste todavía era clandestino). Ese mismo año decide dedicarse plenamente a vivir de la escritura, bien como articulista, bien como novelista. En 1974 se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles", que llevó la democracia a Portugal.
Con Levantado do chão (1980), un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, en la provincia de Alentejo, Saramago consigue encontrar su voz propia, ese estilo inconfundible, límpido y casi poético que lo distingue. En los siguientes años publica casi sin descanso: Memorial do convento (1982), donde cuenta las duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval. En 1984 se publica O ano da morte de Ricardo Reis y en 1986 A jangada de pedra (La balsa de piedra), donde cuenta qué sucedería si la Península Ibérica se desprendiera del continente europeo.
La novela El Evangelio según Jesucristo (1991), una original visión de la vida del fundador del cristianismo, lo catapulta a la fama y pocos años después, en 1995, publica una de sus novelas más conocidas, Ensayo sobre la ceguera en la que una extraña epidemia condena a una ciudad a la ceguera blanca. Seguirían otras se éxito como Todos los nombres la historia de don José, un kafkiano burócrata, que al encontrar en el registro civil la ficha de una mujer, de la que no conoce siquiera la cara, queda perdidamente enamorado, y sale a buscarla; La Caverna novela que partiendo del mito platónico critica el consumismo, Ensayo sobre la lucidez en la que investiga los límites de la democracia, o Caín (2009) una novela donde plantaba cara al Creador sobre sus supuestas injusticias y crueldades.
Como alguien ha escrito: “Creador de uno de los universos literarios más personales y sólidos del siglo XX, José Saramago supo aunar su vocación de escritor con su faceta de hombre comprometido que nunca cesó de denunciar las injusticias que veía a su alrededor o de pronunciarse sobre los conflictos políticos de su tiempo.”
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