Año X - Número 61
Actualizado a 20/09/2012
Caliope. Valencia, junio’10
En la década de los sesenta del pasado siglo XX se realizaron una serie de películas que figuran entre las mejores de la filmografía americana. Ya hemos comentado algunas, por ejemplo Psicosis, ahora le toca el turno a El apartamento de cuyo estreno el 15 de junio de 1960 se cumplen ahora cincuenta años, una cinta en la que Billy Wilder desmenuzaba una sociedad en la que el éxito comenzaba a medirse por el dinero que entraba en la caja y en la que los pecados podían cometerse con libertad siempre que se hiciese con discreción. Cuenta Wilder que la idea para esta película se le ocurrió mientras estaba viendo Breve encuentro, de David Lean, en la que aparecía un personaje que le prestaba al protagonista las llaves de su casa, para que pudiera reunirse allí con su amante. Wilder no pudo dejar de pensar sobre el tema y le vino a la cabeza la idea de "un hombre explotado, soltero y solitario, que cuando vuelve a casa por la noche se mete en una cama que todavía conserva el calor de las personas que han estado allí antes".
El apartamento ganó cinco Oscars: mejor película, mejor director, mejor montaje, mejor guión original y mejor dirección artística. Menos suerte tuvieron Jack Lemmon y Shirley MacLaine, quienes se quedaron sin la estatuilla a la que optaban pese a la incomparable química que hubo entre ellos puesta de manifiesto a lo largo de los 125 minutos que duraba la cinta.
En El apartamento bajo el tamiz de una comedia se esconde un amargo trasfondo social. Buxter, el protagonista, es un empleado explotado por sus jefes y condenado a lo más bajo del escalafón social, que presta las llaves de su apartamento para que sus jefes se encuentren allí con sus amantes ocasionales mientras él se ve condenado a pasar la noche vagando y alimentado su melancolía. Para colmo de males, se enamora de Fran Kubelik, la ascensorista, pero ésta suspira por uno de sus jefecillos mujeriegos, Jeff Sheldrake interpretado magníficamente por Fred MacMurray, un hombre casado que sólo la quiere para echar "una cana al aire" por supuesto en el apartamento de Buxter.
La película termina con un diálogo entre los dos desdichados que se sientan a jugar una partida de naipes y Buxter dice "¿Me oye, señorita Kubelik? Estoy locamente enamorado de usted", "No diga más y juegue", le replica el personaje que encarna McLane mientras se quita el abrigo con una sonrisa pícara que deja al espectador con la duda de si habrá o no un happy end. No cabe duda de que el éxito del film se debe, en buena parte, a la simpatía que generan sus desgraciados protagonistas.
El apartamento ha quedado para la historia del cine como una de esas películas intemporales que todo el mundo cita a la hora de enumerar su lista de favoritas.
Redacción, administración y publicidad
Guillem de Castro 121, 2ª - 46008 Valencia
Tel. y Fax: 96 338 11 33 - Movil: 686 91 46 44
E-Mail: arteylibertad · hacemosciudad