Año X - Número 61
Actualizado a 20/09/2012
Alberto Requena. Santander, mayo'10
Portada de Los Muertos Mandan
Don Vicente, declaraba en 1923 en la presentación de esta novela, que era la última obra del primer periodo de su vida literaria, ya que apenas publicada, marchó a la Argentina. Y en una introducción a la novela explicaba la trama de la misma así: “Más que las cavernas celebres, los olivos seculares y las costas eternamente azules de Mallorca, atrajeron mi atención las honradas gentes que la pueblan y sus divisiones en castas que aún perduran, a causa sin duda, del aislamiento isleño, refractario a las tendencias igualitarias de los españoles de tierra firme. Vi en la existencia de los judíos convertidos de Mallorca, de los llamados “Chuetas”, una novela futura.”
La trama comienza presentando al protagonista masculino, Jaime Febrer, último descendiente de una familia noble y poderosa que durante siglos “reinó en Mallorca”, pero que en los tiempos de la narración esta arruinada, por la mala vida que lleva el protagonista, persona disoluta, jugador y mujeriego. Éste, para tratar de solucionar el problema pretende casarse con una “chueta” rica, pero tiene que renunciar a ello por las presiones familiares que le obligan a “exiliarse” a Ibiza a una pequeña finca, viviendo en una antigua torre, llamada Del pirata, y es entonces donde aparece el principal personaje femenino Margalida “Atlota”, hija del administrador de la finca.
Como es habitual en Blasco hay alusiones musicales que en este caso hacen referencia a su admirado Wagner y también a Chopin ya que el pianista residió durante algún tiempo en Mallorca junto a George Sand (seudónimo de su amante Amandine Aurore Lucile Dupin). “Un día los habitantes de Mallorca, vieron desembarcar un matrimonio extranjero acompañado de un niño y una niña, (era en 1838), al bajar el equipaje a tierra, los isleños admiraron con asombro un piano enorme, un piano “Erard”, como entonces se veían pocos. El hombre parecía enfermo; era más joven que ella, pero enflaquecido por las dolencias…Ella era varonil y corría con todos los trabajos de la casa, como una buena burguesa…”
La referencia a Wagner tiene como base la descripción que una de las amantes de Jaime Febrer, en visita por Mallorca, hace de las Cuevas del Drach: “… Con sus bosques de estalactitas luminosas, cual un palacio de hielo, y sus lagos milenarios y dormidos, de cuyo profundo cristal parecía que iban a surgir mágicas desnudeces semejantes a las de las hijas del Rin que guardaban el Tesoro de los Nibelungos. Miss Gordon le escuchaba embelesada, Jaime parecía engrandecerse ante sus ojos al ser hijo de aquella isla de ensueño, donde es siempre azul el mar, luce el sol en todo tiempo y florece el naranjo”.
Al referirse a las costumbres ancestrales de los ibicencos Blasco hace referencia a los bailes típicos y el cortejo que se hacía a las “Atlotas”: “Pero ¿es que iban a pasar la tarde sin bailar? corrió al grupo de “Atlotas” y agarro por las manos a la más grande, tirando de ella, ¡Tú!, esto bastaba para la invitación. Cuanto más rudo era el manotazo, mas cariñoso parecía y digno de agradecimiento… ¡Muy bien! El Ferrer había disparado la pistola a los pies de su pareja; la suprema galantería de los hombres valientes, el mayor homenaje que podía recibir una “Atlota” de la isla.”
Jaime Febrer acaba enamorándose de Margalinda y por tanto tiene que luchar por ella con el Ferrer, matón del pueblo, el cual le hiere en una emboscada, aunque más tarde consigue matarle al estilo con que Batiste mata a Pimentó en “La Barraca”.
Al final todo se arregla y vence el amor, y el aforismo de “Los muertos mandan” que da título a esta novela no prospera: “No ¡Rómpase la rueda! ¡Perezca la inmovilidad! Los muertos no podían mandar…Sus angustias habían terminado. ¡Vida nueva! No. Los muertos no mandan. Quien manda es la vida, y, sobre la vida, el amor.”
Definiría esta novela como un ardiente melodrama rural y costumbrista al que su autor ha sabido dar ese colorido expresionista y muy mediterráneo al que nos tiene acostumbrados lo que le confiere un interés especial y la hace digna de leerse.
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