Año X - Número 60
Actualizado a 29/05/2011
Juan Josep Soler Navarro.
La exposición de las ilustraciones que segrelles realizó para las novelas de Blasco Ibáñez, se inaugurará en la Casa Museo del Pintor Segrelles en Albaida junto ala colección permanente, el sábado día 19 de junio y permanecerá abierta hasta el 19 de septiembre.
Con motivo del 125 Aniversario del Nacimiento de José Segrelles, su Casa Museo en Albaida, ha recogido para esta ocasión una selecta colección de las ilustraciones que realizó Segrelles para las novelas de Blasco Ibáñez, mostrándolas hasta el mes de septiembre junto con la colección permanente desde 1943.
José Segrelles Albert, nació en Albaida (Valencia) en marzo de 1.885, mientras tanto Vicente Blasco lbañez huyendo de la casa de sus padres con dieciocho años de edad. Residía en Madrid, donde conoció y colaboró estrechamente como secretario del novelista Manuel Fernández Gonzales.
Antes de terminar sus estudios en la Lonja de Barcelona, J. Segrelles estudió Bellas Artes en la escuela de San Carlos de Valencia, donde fue discípulo de Joaquín Sorolla quien por aquella época coincidía al amanecer con Blasco Ibáñez, juntos frente al mar Mediterráneo crearían esas obras que los consagraría universalmente, ambos retratando en poético impresionismo y crudo realismo, sirviéndose del mismo modelo.
José Segrelles empezó su carrera como ilustrador, residiendo en Barcelona en el año 1.910, con unos dibujos editados por Ramón Molina sobre el combate del Jiujitsu. Muy pronto se le descubrió como excelente ilustrador y la editorial Araluce, lo contrató fijo para que entre otros trabajos, diera color a la colección de "Obras de la Literatura Universal adaptada para los niños".
Durante la primera Guerra Mundial, el novelista Vicente Blasco Ibáñez, se exilió nuevamente. Residiendo en París, participó con los aliados, defensores de la democracia. El novelista decía que siempre había sentido con pasión desbordadora, aquellas conspiraciones novelescas que le arrebataban el ánimo. Quedando España aparte de ésta contienda mundial, fue Barcelona por su condición de ciudad abierta, lugar elegido por muchos exiliados para residir. Segrelles que se encontraba aun en ésta Capital, seguía pintando, empezando en el año 1.914 la ilustración de unas novelas que Salvat editaba mensualmente conocidas como "Hojas Selectas". Junto a su trabajo como ilustrador, Segrelles procuró exponer anualmente haciéndolo habitualmente en la Galería Fayans Cátala y Galería Layetana, ambas de Barcelona.
Pasada la Guerra Mundial, el novelista Blasco Ibáñez, habiendo sido galardonado por el Gobierno Francés con la Legión de Honor, viajó a Estados Unidos donde contando con la fama como autor de "Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis", fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad J. Washington. Desde entonces Blasco Ibáñez se dedicó a dar la vuelta al mundo saboreando su apoteósico triunfo, siendo continuamente requerido por editoriales y productoras cinematográficas. Durante una de sus estancias en Barcelona, coincidió con una exposición de Segrelles, aprovechando el artista para invitarlo.
En uno de los diarios de "La Vanguardia" del año 1.921 leemos: "Si como pintor Segrelles es un estudioso devoto y un discreto retratista, como ilustrador es sencillamente formidable".
En el interesante y completo trabajo escrito por Vicente Gurrea Crespo, auténtico biógrafo y amigo personal de J. Segrelles, leemos en el libro editado por Mari Montañana de Valencia: "La exposición en la Galería Layetana en abril de 1.921 registró un insospechado número de visitantes entre los que destacaban el Gobernador Civil de Barcelona y también el novelista Vicente Blasco Ibáñez, extremo éste último, resaltado por la prensa. Aunque lo cierto es que la asistencia de Blasco la provocó uno de esos extraños rasgos de atrevimiento que se dieron de tarde en tarde en la conducta de Segrelles. El novelista era un autor conocidísimo y su nombre le imponía una mezcla de respeto y de intenso deseo de aproximarse a él. Sabiendo que se hospedaba en un hotel próximo a la Galería, en días previos, lo invitó por carta personal a la que adjuntaba el catálogo. El mismo día veintitrés, horas antes de la apertura, armándose de valor, fue al hotel. Se hizo anunciar. El escritor al saber que se trataba de un paisano joven,lo recibió, en la intimidad conversaron con gran campechanía por parte de Blasco, que se comportó con franqueza y exuberancia, recordando Segrelles, a quien debemos ésta versión, que el escritor se cambió ante él primero los calcetines y luego la camisa. Le garantizó su asistencia al acto de la inauguración... Harían patria valenciana”. Efectivamente, una hora más tarde, la personalidad del novelista avalaba el interés de la exposición. Con ésto comentaron unas amistosas relaciones profesionales que habían de durar hasta la muerte de Blasco Ibáñez siete años más tarde.
Blasco Ibáñez se preparaba entonces por medio de su editorial Prometeo a dar a la estampa una edición monumental de sus obras. Para ilustrarlas había pensado en artistas valencianos tan calificados como Mongrell, J. Benlliure, Pascual Capuz, García Falgas, Ricardo Verde y otros. Pero los precios de Segrelles no eran elevados y si su talento. Satisfecho, ilusionado por lo que acababa de ver, sin más titubeos le encargó ciento veinte ilustraciones para sus novelas "Flor de Mayo" "La Catedral" "El Intruso" y "Los Muertos Mandan", que iniciaría en el año 1.922 una vez finalizadas las ilustraciones de D. Quijote encargadas en el año 1.918 por la editorial Gallach".
José Segrelles, auténtico maestro a la hora de idealizar, captó como nadie, el amplio abanico de tipos humanos que Blasco Ibáñez refleja en sus novelas. Al igual que años antes, para ilustrar D. Quijote, se trasladara al Toboso, haciendo infinidad de apuntes de iglesias, molinos, tinajas, establos, calles y de algún tipo manchego; o cuando tuvo que ilustrar la vida de San José de Calasanz revolviera todo el noviciado de Moya, mientras se hospedó en una de las celdas, para según él, sentirse calasancio en aquel internado silencioso, tranquilo, circunvado del ambiente profusamente adecuado, tomando apuntes de cuantos frailes jóvenes y mayores pudo. De igual manera, decíamos, que para ilustrar las novelas de Blasco Ibáñez, se trasladó allá donde éstas estaban situadas, Valencia para Flor de Mayo. El Norte para el Intruso, Toledo para la Catedral e Ibiza para los Muertos Mandan, observando a los hombres y mujeres del lugar, en su ambiente; estudiando sus vidas a través de sus caras, de cada arruga de cada labio, las ganas de reir, al forma de hablar y hasta incluso la de mirar.
Por ello cuando conocemos alguna de éstas ilustraciones, casi podemos leer: “Toda la pillería del Cabañal, estaba allí, ronca, desgreñada, increpando a los vecinos con chillona canturía: Ármeles, confits... El Señor Mariano sonreía omnipotente desde la cubierta, iban a ver lo que es bueno. Una onza de oro se había gastado para quedar bien con su sobrino. Y se agachó metiendo las manos en los cestos que tenía a sus pies. Allá va!!! y el primer metrallazo de confites duros como balas, cayó sobre la vociferante chusma, que se revolcaba en la arena, disputándose las almendras y los canelados, al aire las sucias faldillas, o mostrando por los rotos pantalones sus carnes rojizas y costrosas de pillos de playa..."
Pero además, Segrelles, como mago de la acuarela, ante lo humano, pintó no solo el cuerpo, sino el alma y aunque las figuras dibujadas, estén de espaldas, se palpa el estado de ánimo de los personajes. Prueba de lo dicho, se ve entre otras, en la acuarela titulada "La Inquisición", en la que se ven los inquisidores asomados a la barandilla del claustro, presenciando impávidos, el fuego que consume a las víctimas, mientras sus manos desgranan un rosario. ..."Nunca mayor altivez, indiferencia y soberbia ante el dolor; nunca mayor convencimiento de que se obra rectamente, porque se murmura un plegaria..."
"La Catedral" era de las novelas de Blasco Ibáñez, su preferida. Decía Segrelles: "Desde que trabe relación con él, tomé más apego a ilustrar libros..."
En el año 1.923, se implantó la dictadura de Primo de Rivera, por lo que Blasco Ibáñez se exilió definitivamente de España, muriendo en enero de 1.928 en Mentón en la costa Mediterránea francesa, donde hasta última hora, estuvo en contacto con J. Segrelles, quien le mostraba puntualmente sus trabajos: según podemos comprobar a través de la correspondencia archivada en la Casa-Museo de José Segrelles en Albaida.
Sin llegar a publicar la anteriormente mencionada edición monumental de las novelas, quedaron depositadas las ilustraciones originales en los fondos de la editorial Prometeo hasta que en el año 1.942, los herederos del novelista le ofrecieron a Segrelles la posibilidad de adquirirlos. Siendo inéditos, le sirvieron como presentación de Segrelles, al participar en la Muestra colectiva de Pintores Valencianos en el Palacio del Retiro. Madrid descubrió a Segrelles. Ricardo Verdugo, de "La Prensa Gráfica de Madrid" le manifestó: "Quisiéramos que Ud. ilustrara algunos cuentos de nuestras revistas "Nuevo Mundo Mágico", "La Esfera "."Novela semanal" y "Elegancias"; a ésta solicitud se sumaron pronto "Prensa Española" junto con ABC que contaba entre sus publicaciones con "Blanco y Negro".
El pintor Ricardo Marín, manifestaba en el año 1926 en el "Diluvio" de Barcelona "El gran dominio del dibujo, le permite infinidad de veces con solo dos colores, modelar y dar sensación de ambiente".
Segrelles decía en el año 1.960 en el "Levante" de Valencia: "Señalaría como cualidades en mis obras el claroscuro, la linea y la singularidad que dicen se nota siempre en mi obra".
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