Año X - Número 60
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia, marzo’10
Claustro de la Universitat. Hasta el 30 de mayo
Seguramente muy pocos de los visitantes del Museo del Prado o de la Biblioteca Nacional sabrán que si pueden disfrutar de los tesoros artísticos que en ellos se conservan es gracias a la protección y evacuación del patrimonio artístico realizados por el Gobierno de la República para evitar su destrucción por los ataques de la aviación franquista y garantizar su conservación para disfrute de todos los amantes del arte.
Me gustaría empezar haciéndome eco de lo que el comisario de la muestra, el profesor Arturo Colorado, dice en el catálogo: “La narración de los hechos que mostramos en la exposición ‘Arte salvado’ es, en muchos sentidos, una historia positiva de la guerra civil española, por ser una de las más extraordinarias y desinteresadas hazañas de nuestro tiempo.[…] En esta hazaña participaron intelectuales y obreros, civiles y soldados, españoles y extranjeros, que lo dieron todo por hacer escapar del peligro las obras de arte, que sin su labor se hubieran destruido para la humanidad entera.”
Y es que, a pesar de estar situado en un descampado y estar señalizado con luces que lo rodeaban para indicar su situación, los continuos bombardeos de la aviación franquista y de sus aliados sobre Madrid, especialmente el ocurrido el 16 de noviembre de 1936 en el que fue alcanzado el Museo del Prado, hizo que el Gobierno de la República decidiera trasladar las obras más importantes de nuestro patrimonio artístico a Valencia, ciudad a la que también se trasladaría el Gobierno convirtiéndola durante un tiempo en capital de la nación. Así, un total de veinticinco expediciones fueron saliendo en distintas fechas con las obras más emblemáticas de los principales museos e instituciones oficiales (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Biblioteca Nacional, Palacio Real, El Escorial, Lázaro Galdiano, Cerralbo, etc.), al igual que de iglesias y colecciones particulares. Las obras fueron cuidadosamente embaladas y transportadas en camiones que hacían su trayecto a una velocidad de 15 Km. hora y aquí alojadas en las Torres de Serranos y en el Colegio del Patriarca.
Pero Valencia no sería el destino final de las obras de arte en su huída permanente de los distintos frentes de la guerra. El destino siguiente fue Cataluña, concretamente el castillo de Perelada, el de San Fernando de Figueras y la mina denominada La Vajol. Posteriormente, a finales de 1938 y principios de 1939, tras la derrota republicana en el frente del Ebro y estar sometida la zona a intensos bombardeos, los delegados del Comité Internacional que para el salvamente de las obras se había formado, negociaron con el gobierno republicano la evacuación al extranjero. Finalmente se llegó a un acuerdo en el que se dejaban claros, entre otros muchos, dos puntos fundamentales: por una parte que las obras no fueran embargadas y que se garantizase su vuelta a España una vez acabada la guerra. Estos dos puntos demuestran el interés del Gobierno Republicano para que el pueblo español no perdiera su patrimonio artístico y su alto sentido de responsabilidad ya que a esas alturas sabían de sobra que la guerra la tenían perdida y que las obras serían devueltas a los vencedores, es decir a aquellos de cuyos ataques las estaban salvando.
No sin graves problemas, el principal de los cuales lo constituía el continuo bombardeo a que estaban sometidas por la aviación nacionalista y sus aliados alemanes e italianos las carreteras por las que tenía que pasar los más de setenta camiones cargados con nuestro patrimonio artístico. Finalmente, el 12 de febrero de 1939, un tren especial partió de Perpiñan y llegó al día siguiente a Ginebra, destino final de las obras que habían estado viajando de un sitio a otro durante los tres años que duró la guerra.
Pero, poco después, el 30 de marzo, se procedía a la devolución de las obras al embajador de Franco y, casi inmediatamente, empezarían de nuevo el viaje de regreso a España. El Gobierno Nacional se negó a reconocer el trabajo hecho por la Comisión Internacional y a satisfacer la deuda económica que con ellos se tenía aduciendo que “Se ignora cuáles pueden ser la personalidad y capacidad jurídica de este titulado Comité Internacional […] Que si es cierto que ese titulado Comité Internacional y sus agentes estuvieron en contacto y tratos con los marxistas, no es menos exacto que nunca lo tuvieron con los servicios dependientes de la España Nacional; y que en consecuencia […] no parece que exista título alguno que legitime dicha reclamación…”
El Comité Internacional con objeto de paliar los gastos que el salvamento les había supuesto quiso hacer una exposición en la sede de la Sociedad de Naciones, en las que las obras habían residido un tiempo, pero el nuevo gobierno no sólo no les dejó hacerla sino que realizó otra en el Museo de Arte y de Historia de Ginebra a la que prohibieron la entrada al secretario de la Sociedad de Naciones y a los miembros del Comité Internacional, y, como dice Arturo Colorado, “sustrayéndoles todo mérito de la empresa del salvamento, afirmando que era el ‘Gobierno Nacional’ el que había ‘rescatado’ las obras de manos de los ‘rojos’.” Desde un principio Franco dejó clara cuál era la catadura de los vencedores de la guerra.
Ahora, el patio de la Universidad se ha convertido en una gran instalación en la que una serie de contenedores de diferentes formas y tamaños, carteles de la época y sacos terreros, acompañados del sonido ambiente de los bombardeos y de canciones de la época, recrean el ambiente y en paisaje de aquellos años. Los embalajes dejan entrever reproducciones a tamaño real de las obras que contenían y están decorados con fotografías, planos, mapas, carteles y diverso material documental.
Como complemento se ha instalado un puesto interactivo en el que se proyectan videos y diapositivas que muestran algunas de las obras salvadas. En ellas se puede seguir el itinerario recorrido por ellas desde su salida de Madrid hasta la vuelta a sus lugares de origen. También hay una referencia a todos aquellos que lucharon para poner a salvo nuestro patrimonio artístico.
Para todos los interesados en conocer todo este avatar se ha editado un interesante catálogo en el que distintos especialistas nos cuentan todo el proceso y que desde luego les aconsejo que adquieran.
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