Año X - Número 60
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, marzo’10
Centro Cultural Bancaja. Hasta el 7 de julio
Tras la muestra Tres Imperios del Islam. Estambul, Isfahán, Delhi. Obras maestras de la colección del Louvre, celebrada en 2008, Bancaja presenta esta exposición con la que se consolida su colaboración con el Museo del Louvre.
La muestra reúne algo más de 200 estatuillas de terracota policromada recientemente restauradas procedentes de los fondos del Museo de Louvre. Una amplia selección de piezas que destaca no sólo por su valor cultural y artístico sino también por la posibilidad que abre al visitante el conocer usos y costumbres de la vida cotidiana en la época de la Grecia clásica, entre los siglos IV y III antes de Cristo. Muchas de las piezas jamás habían salido del Louvre y otras, por ser de reciente adquisición, ni siquiera han podido aún estar expuestas en el Museo francés. Las estatuillas reciben el nombre de Tanagras por el lugar donde se descubrieron, y vieron a la luz de manera fortuita durante el invierno de 1870, cuando fueron halladas por campesinos en los campos y colinas que rodean Beocia, región norte de Atenas.
Según se explica en el catálogo, “estas esculturas se distinguen rápidamente del resto de producción beocia por su calidad estética e innovación técnica. La singular elegancia de las figuras femeninas drapeadas, así como una representación más privada de escenas de la vida diaria (niños, juegos, moda), contribuyen a realzar su encanto”.
Aunque la finalidad funeraria parece que fue la principal, no fue la única ya que las estatuillas han sido halladas tanto en santuarios, como en interiores de algunas casas. Según explica la comisaria de la muestra, Violaine Jeanmmet, el estudio del contexto en el que fueron descubiertas las Tanagras
muestra que estaban dedicadas a divinidades que regían la protección del niño, sobre todo en la etapa del paso a la edad adulta, o de la joven casada y futura madre.
Una de las piezas más interesantes es la denominada La Sofocleana por la analogía de su figura con la estatua del poeta Sófocles. Es una pieza magistral en la cual sobresale la caída de los pliegues de la vestimenta, como se revelan las formas del cuerpo y la belleza de los rasgos del rostro. Destaca también la llamada Dama de azul en la que aún son visibles los restos de la policromía con que se decoraban todas estas figuras. Junto a ellas bailarinas con velos, mujeres realizando tareas domésticas, actores o niños forman un interesante elenco que nos introduce en la vida cotidiana de la Grecia clásica.
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