Año X - Número 60
Actualizado a 29/05/2011
Inés Ruiz
Portada de la novela
Dido, reina de Cartago, es una trepidante novela en la que se narran las aventuras de la reina Dido y de un grupo de seguidores que, obligados por determinadas circunstancias, deben abandonar su patria, la fenicia ciudad de Tiro, y recorrer el Mediterráneo en busca de un lugar en el que asentarse. Comienza así un relato épico y emocionante sobre la fundación de Cartago y el encuentro de la reina con el troyano Eneas, una epopeya que hará disfrutar tanto al lector familiarizado con el tema, como a quien se acerque a la historia de Dido y Eneas por primera vez.
Al leer o escuchar el nombre de Cartago, es fácil que acuda a nuestra mente el enfrentamiento que esta ciudad y Roma mantuvieron entre los siglos III y II a.C. por el control del Mediterráneo. Casi al instante evocamos las gestas y hazañas de Aníbal, su general más famoso, un excepcional estratega que venció, una tras otra, a cuantas legiones romanas osaron hacerle frente, llegando incluso a alcanzar las mismísimas puertas de Roma. Mucho se ha escrito acerca de este episodio, mucha tinta se ha empleado dilucidando las causas y el desarrollo de aquellos enfrentamientos, las afamadas Guerras Púnicas, pero poco se ha dicho sobre cuál fue el origen de aquella ciudad que a punto estuvo de doblegar el poderío de los romanos. Dido, reina de Cartago, cuenta esa historia. Y lo hace de forma sorprendente e inusual.
La obra, compuesta por breves capítulos, resulta muy ágil y fácil de leer, con una trama y un ritmo que no decaen prácticamente en ningún momento. Los acontecimientos se suceden uno tras otro sin tiempos muertos ni espacio para el aburrimiento. No hay tregua para el lector, como tampoco facilidad para predecir el comportamiento de los personajes. Uno tras otro los capítulos del libro van enriqueciendo un mundo que se nos revela sorprendentemente vívido, cercano y lejano a la vez. Este efecto se consigue gracias a una prosa fresca, elegante y cuidada que, poco a poco, desde las primeras líneas, cautiva y sumerge al lector en una época remota que, sin embargo, también nos pertenece. Sin alardes ni digresiones, sin descripciones engorrosas ni detalles que pretendan demostrar erudición histórica, la prosa fluye, atrapa y convence. Nada más natural y sencillo. Nada, en cambio, tan complicado.
Pero Dido, reina de Cartago, no es sólo entretenimiento y diversión, no es sólo una historia de amor y de aventuras, de pasiones y traiciones. La novela da voz a los vencidos y nos muestra el cruel olvido al que los somete la Historia; reflexiona sobre la guerra y la violencia y reivindica, a través del carácter comercial y pacífico de los fenicios, la resolución dialogada de los conflictos; es, en fin, una indagación literaria en diferentes planos temporales que enseña más de una clave sobre el arte de narrar, sobre como se escribe la historia, sobre las versiones que de los acontecimientos pretéritos han llegado hasta nosotros. Sus páginas, además, contienen una inteligente reflexión sobre el ser humano, sobre el carácter moral de nuestros actos. La novela de Isabel Barceló nos recuerda una valiosa lección dados los tiempos que corren: toda decisión que adoptemos tiene consecuencias morales de las que hemos de ser conscientes, de las que no nos podemos desentender. Hay que actuar con responsabilidad, pues nuestros actos pueden tener repercusión sobre los demás, sobre nuestro entorno.
Dido, reina de Cartago no les defraudará. Entretenida y divertida, atesora en su interior mucha sabiduría, plasmada de forma sencilla y clara, con una naturalidad impropia de estos tiempos confusos. Acérquense a conocer la vida de Dido, una mujer capaz de darlo todo por los suyos.
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