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Arte y Libertad

Año X - Número 60

Actualizado a 18/07/2010

La Casa Museo Pinazo en Godella

Manuela García. Valencia, marzo’10

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Casa Museo Pinazo

Casa Museo Pinazo

Los herederos de Ignacio Pinazo Camarlench (Valencia, 1849 – Godella 1916), han conservado intacta la casa en la que el pintor, su familia y, hasta hace poco, algunos de sus descendientes directos, vivieron. Convertida hoy en Casa  Museo, guarda no sólo una importante parte de la obra del insigne artista sino también muchos de sus objetos personales lo que hace que el visitante se sienta inmerso en el ambiente que le rodeó. Hace algún tiempo la Casa Museo - que se encuentra en la calle Pintor Pinazo, 31 de Godella- estuvo abierta al público, pero como nos contaba su biznieto José Ignacio hubo que cerrarla porque no iba ¡nadie! a visitarla. Ahora se puede acceder a ella concertando una visita previa llamando al teléfono: 963.903.519. Una visita en la que tendrán un guía de excepción, José Ignacio, que les llevará por las distintas estancias dándoles toda clase de explicaciones y contándoles anécdotas de la vida y de la obra del pintor. Seguro que después quieren más y para ello nada mejor que acercarse al Museo de Bellas Artes y al IVAM. Y, sobre todo, cuando estén delante de sus obras véanlas detenidamente, apreciando todos los detalles, ya que como escribía el propio Pinazo: “Cuanto más profunda y grandiosa es una obra artística, tanto más tiempo necesitamos para comprenderla y apreciarla; en cambio, si la obra carece de personalidad, sobra el tiempo que está expuesta”.

A su vuelta de Italia, Pinazo residió en Valencia, en el número 5 de la plaza de Cisneros, una temporada. Pero en 1884 la ciudad se vio asolada por una epidemia de cólera lo que produjo gran inquietud en el pintor ya que esa enfermedad había acabado con la vida de sus padres. Surge así el ofrecimiento de su amigo y cliente el banquero José Jaumandreu que le propone trasladarse con su familia a la finca llamada Villa María,  que el banquero tenía en Bétera, donde el riesgo de contagiarse de la enfermedad era mucho menor. Pinazo acepta y durante aproximadamente un año esa sería su residencia. Un tiempo productivo ya que junto a lienzos y tablillas de gran calidad, realizaría una serie de retratos llamada Las cuatro estaciones para las que posaría la familia del banquero. María Jaumandreu, la hija posó para la Primavera; su madre, María Gautier, sirvió de modelo para el Verano; el propio banquero daría vida al Otoño y su socio, Manuel Comas fue el Invierno.  

El crítico Aguilera Cerni nos explica como “el artista, que estaba ya abocado a la pintura sumaria y repentizadora, vivió una de sus mayores paradojas. El Pinazo que marcaría su propia libertad expresiva en la galería de sus autorretratos y en la búsqueda creciente de la substancia de una realidad fugaz que había que captar instantáneamente, se ve obligado a “acabar” con intransigente minuciosidad (por la tenaz insistencia de Jaumandreu) la Primavera de Las cuatro estaciones. El resultado de aquella apoteosis del detalle, de aquella invasión del matiz, del acaramelamiento cercano a la cursilería, en manos de Pinazo se convierte en una obra maestra, como volvería a ocurrir más tarde con algunos otros retratos magistrales, donde el realismo más absoluto aglutinaba la sobriedad del concepto mediante insuperables demostraciones de técnica.”

Pasada esta experiencia, el pintor emplea sus ahorros en comprar una casa en Godella (en la que entonces se llamaba calle del Pi y que ahora lleva su nombre) que se convertiría en su hogar verdadero, en un lugar de trabajo que pasaría a ser indisociable de su existencia y de su arte que nunca, salvo episódicas ausencias, abandonaría  a pesar de las constantes llamadas que le hacían sus amigos. Emilio Sala, en 1891 le escribía desde París: “¿Qué haces en Valencia? ¿Vegetar, comer, dormir y pintar alguna cosa para engañarte un poco?... Tienes un talento como pocos...Nadie como tú, el único que sigue representando la sobriedad y el trazo enérgico después de Rosales, en nuestra España, tiene derecho a ser mucho, y no permanecer en ese rincón”. Cantos de sirena de los que él no hizo caso.

Godella fue el lugar de su voluntario retiro de los convencionalismos del mundo del arte de su época, con los que nunca estuvo de acuerdo como ha quedado patente en numerosos de sus escritos y, sobre todo, en el contenido de su discurso de ingreso en la Academia de San Carlos (1896), cuyo título, De la ignorancia en el arte,  ya es de por si revelador de su talante contestatario.

A partir de aquí su interés se centra en la vida del pueblo, en sus gentes, sus paisajes y sus fiestas populares plasmadas en una obra pequeña que, tal vez por ello, durante mucho tiempo no ha sido apreciada por la crítica. Como él decía: “Poco sabe el que no sabe agrandar lo pequeño y disminuir lo grande. ¡Qué poco se necesita para decir mucho! Y cuanto se habla para no decir nada. No es cuestión de tamaño. Hay cosas pequeñas que son admirablemente grandiosas en su ampliación y otras grandes que son mejor en su disminución. Tanto es lo de más como lo de menos. Yo siempre llego pronto y no consigo nada, porque me ocurre lo que en el juego al que hace 32. Es preferible quedarse que pasarse”. De esta forma, cada vez más aislado e inmerso en un torbellino de dudas y preguntas sobre el sentido y la trascendencia del trabajo del artista, experimentaría con esa modernidad que radica no sólo en los toques de espátula, el inacabado, los perfiles en negro o esos rayados tan característicos, sino, también, en los temas escogidos, en la manera de abordar lo cotidiano, los pequeños detalles de la vida que le rodea, o en la factura abocetada y manchada, en la que algunos ven un claro homenaje a Goya. De nuevo una frase suya me ayuda: “Costumbres de los pueblos y las personas. Somos informadores gráficos y buscamos con los colores la luz; y en la forma, el alma, lo interno. Somos complementarios del poeta y el literato”.

Resulta interesante recordar lo que, en su discurso de ingreso a la Academia de San Fernando, de él escribió Sorolla: “Pinazo  fue un filósofo que basaba sus razonamientos en la observación constante de la naturaleza”. “En nuestra juventud sustituí la labor educadora de Pinazo a la de Domingo. Si en alguna cosa salimos perdiendo, ganamos, en cambio, en muchas otras: olvidamos la pastosidad, pero ganamos en amor a la línea, viviendo más en contacto con la vida bulliciosa de Valencia; no había fiesta a la que no fuésemos con nuestras cajas, siguiendo el ejemplo del maestro, para sorprender los espectáculos públicos en su máximo apogeo. Realmente, en este sentido la juventud de entonces le debe mucho. Pinazo estaba en todas partes sin abandonar nunca su caja de apuntes; se le veía en las fiestas, en los mercados de la playa, descubriendo y persiguiendo los encantos del arte popular, y puede ser fue el maestro  que en ese sentido trabajó más de todos los de su época; fue un incitador de las energías artísticas regionales...”.

La Casa Museo es un lugar idóneo para descubrir todas las facetas del pintor. En sus paredes tenemos una relación completa de toda su obra, muchas veces enmarcada por el propio Pinazo. Retratos de sus hijos, José e Ignacio, de su mujer, Teresa, algunos de sus autorretratos, bocetos que luego utilizaría para decorar los techos del palacio de Benicarló o para sus cuadros de historia, vistas de la ciudad de Valencia, de Godella y de sus alrededores… Como afirmaba el profesor Garín, en uno de sus escritos, es difícil cuadrar a Pinazo dentro del discurso plástico: “Lo que está claro es que no conoce en absoluto su obra quien intenta clasificarlo como retratista, como pintor de historia o como simple pintor de tablas fortunyescas, por separado. Es eso y mucho más. Su vida ni fue rutina, ni amaneramiento”.

Aunque el IVAM tiene una sala dedicada a la obra de Pinazo y durante los últimos años ha hecho una serie de exposiciones que tocaban parcelas de su obra, de sus temas y de sus técnicas, está pendiente una gran exposición, a la manera de lo que se ha hecho con Sorolla, que no sólo se vea en Valencia sino que recorra toda España para difundir su obra. Dentro de seis años se conmemorará el centenario de su muerte, esa podría ser una buena fecha para saldar la deuda que tenemos con su obra. Mientras tanto, no pierdan la ocasión de visitar su Casa Museo en Godella.

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www.arteylibertad.org/articulo-2902/ignacio-pinazo-ivam#1

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