Año X - Número 60
Actualizado a 18/07/2010
Nela Vert. Valencia, febrero’10
Una novela de Robert Bloch, Psicosis (1959), inspirada de pasada en los crímenes del asesino en serie Ed Gein, dio pie a la que con el tiempo se convertiría en el paradigma del cine de suspense, considerada hoy como una de las mejores películas de Hitchcock, y elogiada como una obra de arte cinematográfica por la crítica internacional. En ella cada escena es casi legendaria, y muchas han sido copiadas o parodiadas. La escena cumbre, sin duda, es la de la ducha de la que el propio Hitchcock declaraba que “el rodaje de la escena de la ducha duró siete días y tuvimos que realizar setenta posiciones de cámara distintas para obtener cuarenta y cinco segundos de película… De Janet Leight no se ve más que la cara, los hombros y las manos. No se ve ninguna parte tabú del cuerpo, filmamos al ralentí ciertos planos para evitar recoger la imagen de los senos... Es la escena más violenta del film y fue lo único que realmente me interesó de la novela. El recuerdo sólo de esa escena, basta para hacer angustiosos los momentos posteriores del film en los que la violencia decrece...” La intensa, imaginativa e innovadora banda sonora con su chirriar de violines, violas y violonchelos fue creada por el compositor Bernard Herrmann. En un principio Hitchcock quería que en esa secuencia (y en todas las escenas del motel) se prescindiera de la música; pero Herrmann le suplicó que lo intentara con la música que había compuesto. Otra curiosidad es la de que la sangre en la escena es jarabe de chocolate, ya que da más verismo en películas en blanco y negro que la sangra misma. El sonido del cuchillo entrando en la carne fue creado hundiendo un cuchillo en una casaba (tipo de sandía amarilla).
Hilton Green, asistente de dirección en la película y uno de los pocos supervivientes del equipo de realización, explicaba al diario Los Angeles Times que en la escena de la ducha no fue el velado desnudo de la protagonista, ni su sangre corriendo por el desagüe lo que provocó problemas con la censura, sino el hecho de que saliera el inodoro en pantalla, algo que en aquel entonces era una aberración.
Realizar la película no fue fácil ya que la Paramount no quería producirla por considerar que el libro era "demasiado repugnante" e "imposible para una película", que no le gustaba "nada en absoluto". Así que le negó a Hitchcock su presupuesto habitual y tuvo que ser financiada a través de Shamley Productions (que había producido Alfred Hitchcock Presenta). Para mantener los costos bajos y porque era más cómodo para él, Hitchcock trabajo con muchos de sus colaboradores de su serie de televisión "Alfred Hitchcock Presenta". En total, contratar a todos los trabajadores le costó 62.000 dólares. Janet Leigh cobró sólo 25.000 dólares y Anthony Perkins 40.000. Y no solo eso, sino que Hitchcock renunció a su salario como director por hacer el filme, 250.000 dólares, a cambio de tener un 60% de los derechos.
La película contaba con una serie de innovaciones arriesgadas para la época. Para empezar la protagonista, inmoral y ladrona, muere casi al principio y en las primeras escenas se ve a los dos amantes en ropa interior (algo insólito en la época). Así mismo, el giro final de la película, desvelando la auténtica identidad de la madre de Norman Bates, también suponía una revolución dentro de la narrativa cinematográfica. Afortunadamente para su director a pesar de todo el film fue acogido desde un primer momento muy bien por la crítica y por los espectadores, convirtiéndose en una obra maestra que cambió el concepto de cine de terror y dio una de las secuencias más famosas de la historia del cine.
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