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Arte y Libertad

Año X - Número 59

Actualizado a 29/05/2011

Alfonso de la Ossa
Dibujos y esculturas

Manuela García. Valencia, diciembre’09

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Alfonso de la Ossa y la escultura Mujer Sola. Foto: Paco Carsí

Alfonso de la Ossa y la escultura Mujer Sola. Foto: Paco Carsí

Casa Museo Benlliure. Hasta febrero 2010.

A Alfonso de la Ossa se le nota que ha sido profesor y además un buen profesor al que le gustaba enseñar y sigue haciéndolo con cualquiera que se acerque a charlar con él. Tras una conversación que mantuvimos, teniendo como fondo su exposición, yo aprendí muchas cosas de él y de su  obra y además pude comprobar con que amabilidad explicaba también lo que significaban sus esculturas a los que se acercaban a visitar la muestra.

Jubilado este mismo año confiesa que tiene sentimientos encontrados ya que por una parte añora el estar con sus alumnos y por otra está encantado porque puede dedicarse a lo que más le gusta, la creación artística.

Nada más empezar la entrevista, y como contestación a mi pregunta sobre que significaba la biónica aplicada al diseño (asignatura que él ha enseñado estos últimos años)  me decía que “somos copiones de la naturaleza”. Y, para los que como a mi me sucedía desconozcan que es exactamente la biónica, les diré que es la ciencia que busca entre los seres vivos, animales y vegetales, modelos de funcionamiento para adaptarlos a nuestras realizaciones técnicas. Se podrían sacar de la historia del arte y de las técnicas una serie de ejemplos que atestiguan este interés del hombre por los modelos naturales desde la más remota antigüedad.

Pero volvamos a la exposición. De la Ossa trabaja con series que deja y retoma en distintos momentos y que con el tiempo evolucionan. Las obras expuestas son una parte del trabajo realizado en estos diez últimos años y en ellas hay dos constantes: el movimiento y un acabado especial que consigue que la luz no se refleje sino que sea absorbida  por la materia empleada, ya sea bronce, mármol o madera. Otra característica de su obra es que no hace ni mujeres ni hombres, “sólo que algunas de sus figuras tienen pito”. Como la ambivalencia es una característica de todo su trabajo, lo que lo hace intemporal y único, los cuerpos están al mismo tiempo vestidos y desnudos gracias a ese movimiento que él sabe darles. Y, como buen discípulo del escultor Octavio Vicent, su obra cumple con los requisitos universales de la estatuaria clásica.

Aunque se declara “ciudadano del mundo”, no en vano ha viajado por gran parte de Europa y ha vivido en distintas ciudades españolas, su obra tiene el sello de “mediterránea” y sus raíces están aquí en Valencia donde estudió, trabajó y vive desde hace muchos años.

Los dibujos que completan la muestra realizados todos en un claroscuro difuminado, como en una nebulosa, son seres alados, “pegados a la tierra” no ángeles como al verlos se podría pensar. Casi todos son dibujos preparatorios para posteriores trabajos en forja, aunque algunos los hace simplemente porque le gusta. Como anécdota les contaré que me dijo que él tendría un Picasso o un Miró “sólo por la firma”.

Se queja de la falta de interés de la prensa especializada. Pero yo añadiría que parte de la culpa de eso la tiene el Ayuntamiento por  lo mal que promociona sus propias exposiciones.

Desde aquí les animo a acercarse a ver esta muestra con la certeza de que no saldrán defraudados, sobre todo si tienen la suerte de que Alfonso de la Ossa les acompañe en el recorrido, cosa que seguro hará con gusto si está allí.

(*) Foto: Paco Carsí

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