Año X - Número 59
Actualizado a 29/05/2011
Emilio J. Pérez. Valencia, diciembre'09
Paul Naschy
Temo crear un aura maldita en torno a mi firma puesto que es sólo en los momentos de amargura cuando más se inspira mi ingenio. Tras el adiós a Mario Benedetti, toca ahora despedirse de otra gran figura de nuestro tiempo, si bien él anduvo siempre a cinco o seis leguas de ventaja con respecto a la rancia patria. Nos ha dejado Jacinto Molina. Quizás este nombre tan poco augusto sea para el lector desconocido, pero su alter ego anglófono, Paul Naschy, significó mucho para la industria cinematográfica en la España setentera.
Insultante. No es otro el adjetivo para definir el trato que intelectualoides, pseudoprogres y postmesiánicos del séptimo arte han prestado a nuestro artista hasta el último de sus días. Un hombre (lobo) que ha sido mundialmente reconocido y aclamado por astros que van de Quentin Tarantino a Steven Spielberg fue, en su propia tierra, tachado de mefítico, maldito. Necios, todos aquellos. Estoy completamente de acuerdo con Jose Luís Alemán, director de la obra póstuma de Naschy, cuando afirma “El público fue siempre la medicina que Paul necesitaba”.
Sólo la férrea voluntad de un campeón de halterofilia reconvertido a director, guionista, productor y actor pudo cargar con más de 40 años de dedicación completa al cine. Docenas de películas y series de televisión dan buena cuenta de su trabajo, unas veces bueno y otras no tanto, pero indiscutiblemente cargado de pasión, talento y compromiso.
Es curioso, pero el día que Jacinto Molina falleció había luna llena. Me pregunto si sobre el lecho descansaba un homínido o un licántropo.
Redacción, administración y publicidad
Guillem de Castro 121, 2ª - 46008 Valencia
Tel. y Fax: 96 338 11 33 - Movil: 686 91 46 44
E-Mail: arteylibertad · hacemosciudad