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Número 59
18 de Enero de 2010

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“Bous al carrer”

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Año X - Número 59

Actualizado a 29/05/2011

“Bous al carrer”

M. Corachán. Valencia, noviembre’09

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Toros Embolados, Comunidad Valenciana

Toros Embolados, Comunidad Valenciana

Santiago Grisolía, presidente del Consell Valencia de Cultura, afirmaba que “hay que incluir una mayor precisión en la definición de fiesta tradicional, de manera que sólo se permita la realización de “bous al carrer” en aquellas poblaciones que puedan demostrar fehacientemente su realización tradicional”. Y yo me pregunto, ¿todo lo que es tradición es bueno sólo por el hecho de serlo? Se me ocurre, por ejemplo, pensar en la ablación de clítoris ¿deberíamos estar de acuerdo con ella ya que se viene practicando desde hace muchos siglos en distintas comunidades?

Creo que el Consell Valencià de Cultura ha sido poco valiente al hacer un comunicado en contra de los “bous al carrer” en el que recomienda  que la normativa valenciana explicite la necesidad de evitar "el maltrato innecesario de animales participantes en la fiesta" y una "mayor precisión en la definición de fiesta tradicional" para que este tipo de festejos sólo sean realizados "en aquellas poblaciones que puedan demostrar fehacientemente su realización tradicional", tan sólo Manuel Sánchis Guarner emitió un voto particular ya que consideraba que era necesario pedir la prohibición absoluta de los bous al carrer, en lugar de sugerir pequeños cambios en la normativa. Parece mentira que desde tan magna institución aún se contemple la posibilidad de que la “tradición” pueda avalar conductas que atentan contra los derechos de los animales. Claro que peor han sido las declaraciones de Serafín Castellano, el conseller de Gobernación, dejando patente que se continuarán dando permisos a las localidades que lo pidan: “Una de las modalidades que más se celebra es el toro embolado. Y nosotros vamos a seguir apostando por el equilibrio entre evitar el maltrato, cumplir las medidas de seguridad y que se puedan celebrar todas las modalidades previstas en el decreto, entre ellas la del bou embolat”. No entiendo como se puede evitar el maltrato en un festejo al cual el maltrato es inherente, como explica el informe del CVC al decir que "en el caso de la modalidad del bou embolat, resulta manifiesto el hecho de que el animal es sometido a un dolor innecesario y su agonía se prolonga para divertimento del público”. O ¿es que el conseller no sabe que cualquier animal tiene horror al fuego y que el hecho de ponerle unas bolas ardiendo junto a los ojos es ya de por si un maltrato? Lo que no quiere el conseller es perder votos y no le importa lo más mínimo que un animal sufra, ya sea un toro, un pato o una cabra.

El siguiente relato sobre lo que es el toro embolado lo he encontrado en  Internet y me ha parecido oportuno traerlo aquí:

“Después de cenar, en las noches cálidas del verano, en plazas surgidas de la nada, lugares que recuerdan al anfiteatro más pobre de las provincias romanas, horas antes del espectáculo, un camión se tambalea al compás de un ruido tremebundo. Parece como si en su interior una bestia prehistórica pelease por salir. Los golpes se suceden a la vera de una plaza en la que los niños juegan al fútbol. Los adolescentes y jóvenes se emborrachan, mientras el público se aposenta en las precarias gradas. Es así en la Comunidad Valenciana, en el bajo Aragón, y Tarragona. El camión entra en la plaza de Sant Carlos de la Rápita (Tarragona). Los mozos se arremolinan alrededor de una cuerda que enlaza el vehículo con un pilón de madera sujeto al suelo. Y así surge la bestia negra, disparada, excitada, un proyectil de sombras. La cuerda lo sujeta por el cuello. Es lanzado de frente contra el pilón. El animal, de alrededor de 500 kilos, lucha. Los mozos lo inmovilizan con la fuerza del grupo. Le instalan un artilugio metálico (de unos 50 centímetros de largo) en las astas. Gritos, alerta, uno de ellos lo coge por el rabo, el otro prende fuego a las mechas impregnadas de sustancias inflamables, cortan la cuerda… y todos corren. La bestia de fuego ha sido al fin liberada, como en una pesadilla medieval.   Hay emboladores profesionales que van de pueblo en pueblo realizando su macabra tarea. ‘Nosotros somos los principales defensores de las fiestas. Sé que estos animales no padecen ni física ni psicológicamente, el reglamento cambió hace unos años y ahora las bolas no gotean como ocurría antes, puedes comprobarlo, si pasas la mano, no te quemas’, explica el jefe de cuadrilla. El toro es como una antorcha móvil. Un aderezo pirotécnico lo deja confuso al sentir como de golpe la lluvia de chispas surge de sus cuernos. Son segundos de conmoción. Y entonces empiezan las carreras, los juegos, y la provocación. ’En el fondo lo que están haciendo es que un animal no preparado sufra un poderoso impacto piensa que sólo con el impacto en el pilón, colocarle los armazones y encender las bolas le provocan gran sufrimiento”, explica el veterinario José Enrique Zaldívar. Sin embargo, nadie parece que vea este sufrimiento. El toro corre tras los jóvenes. Quema la pantorrilla de los que se suben a las tarimas. Todo dura unos 20 minutos. Hay casos denunciados de astas rotas, de simples vaquillas emboladas, y vídeos en los que se ve como sufre quemaduras. Dependerá siempre de la pericia de los emboladores. Dependerá de la suerte de un animal que como el humano no se adapta al infierno”.

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