Volver a la portada de este número

Número 59
18 de Enero de 2010

Literatura

El Camino Hernandiano: 1ª Etapa

El Camino Hernandiano: 2ª Etapa

El Camino Hernandiano: 3ª Etapa

Opinión

Sociedad

Actividades

Entrevista

Nuestra historia y costumbres

Plató

Música

Oro Viejo

Enterarte

ARCOmadrid 2010

EnterArte International

Fotografía Publicidad Centro Histórico

Arte y Libertad

Año X - Número 59

Actualizado a 23/08/2010

Un camino entre versos

Rubén López Morán.

1 2 3

Indicaciones (*). Fotos: Rubén López Morán.

Indicaciones (*). Fotos: Rubén López Morán.

Una senda de 68 kilómetros atraviesa los paisajes, rincones y ciudades inmersos en la vida y obra del escritor alicantino Miguel Hernández. Este 2010 se cumple un centenario de su nacimiento. A buen seguro un año muy especial para los amigos del poeta que la recorren en su memoria desde 1998.

Desde su nacimiento hasta su muerte. Desde Orihuela hasta Alicante. Un espacio temporal contenido entre el 30 de octubre de 1910 y el 28 de marzo de 1942. Un espacio físico que cada último fin de semana de marzo es recorrido  por los amigos del poeta. Empezando en su casa natalicia y terminando en su tumba. Un camino que a día de hoy ha sido declarado GR-125 por el Comité de Senderos de la Federación Territorial Valencia de Montañismo, y que ha entrado a formar parte del Catálogo Nacional e Internacional de Grandes Rutas de Senderismo.

El Camino Hernandiano está dividido en tres etapas. Tramos que bien podrían asociarse al curso alto, medio y bajo del río de la vida del poeta oriolano. No en vano Miguel Hernández viene a morir muy cerca del mar. Sin embargo, con el permiso de ustedes lectores, un servidor emprenderá la Senda del poeta a la inversa. Esto es,  volverá sobre los pasos de ese peregrinar que se sucede de forma ininterrumpida desde 1998. Una decisión motivada quizá, porque a este caminante siempre le pareció de mayor poder de evocación remontar que descender. Al fin y al cabo, de eso trata este camino, de traer a la memoria, al presente de cada cual, los versos de un poeta que inició el suyo propio hace cien años.

Comencemos entonces en el cementerio de Alicante. Dejando a nuestra espalda la tumba donde reposan sus huesos junto a los de su mujer y su hijo. Y descendemos por el paseo central de este ‘patio de vecindad menos vecino’, como dejó escrito el poeta. Miguel Hernández muere a los 32 años de edad a consecuencia de una tuberculosis contraída en la prisión. Deja mujer y un hijo de cuatro años: Josefina Manresa y Manuel Miguel. Y tres libros de poemas y cuatro obras teatrales. Amén de un hatillo de cuartillas garabateadas a lápiz. “No quiero perder estos originales que son fruto casi de dos años de trabajo y el pan vuestro de mañana”, le traslada a su esposa desde la cárcel. Serán su futuro Cancionero y Romancero de Ausencias. Punto final de su vida y obra.

Fue una muerte a destiempo, trágica. Y lo que Miguel escribe tras la inopinada muerte de Federico García Lorca, bien valdría para la suya, ‘muere un poeta y la creación se siente/ herida y moribunda en las entrañas’. Tristemente la vida le mostró a menudo su cara más amarga, y el mismo Miguel se pregunta por qué: ‘¿Qué hice para que pusieran / a mi vida tanta cárcel?’. Esa ‘fábrica del llanto/donde la libertad se da contra las piedras/ donde el hambre hace memoria de la luz de la tierra/ donde sueña con las aguas del mar’. Por tanto, dejemos atrás los muros del cementerio y dispongámonos a contemplar los paisajes del almendro, del palmeral y de la huerta oriolana, las tierras que tanto sazonaron su poesía, y la que nos ha impelido hasta aquí, emocionados, para ponernos en marcha. 

 

 

1ª Etapa: Alicante-Rebolledo-Elche

Según la Topoguía del Camino Hernandiano en esta etapa recorreremos el paisaje dominado por el almendro.  Aunque a decir verdad esta circunstancia, en nuestro caso particular, se dará unos kilómetros más arriba, a partir de la población alicantina de Rebolledo. El comienzo, muy al contrario, opone a la mirada una estampa desoladora. El caminante se da de bruces con una orografía árida y pedregosa. Hostil incluso. Las afueras de Alicante no invitan precisamente a la contemplación onírica. Más bien incitan a poner pies en polvorosa. Sobre todo cuando se circunda la valla metálica que rodea el Reciento Penitenciario sito en la sierra de Fontcalent. Aun así, servidor de ustedes se empeñará en encontrar visos de la poesía de Hernández allí por donde pase.

El estampado vegetal de la sierra apenas alcanza el medio metro de altura. Por supuesto, los árboles, esa ‘defensa umbría’, ese ‘abogado fornido del frescor’, han desaparecido. Atravesamos territorio comanche, donde el aire, raso, sólo levanta nubes de polvo o rachas afinadas por ‘los espadones áridos de las pitas’. La senda que ribetea la falda de la montaña salva sus marcados pliegues mediante puentes de canalización de agua. Y la tierra, de un amarillo anémico, se desespera bajo un sol inclemente. Se nota que aquí el cielo se ausenta sine die. Y cuando vuelve se precipita con tanta fuerza y violencia que no hay bancal ni camino que se le resista. En la Comunidad Valenciana en general nunca supo llover; en la provincia de Alicante en particular mucho menos. 

La senda se humaniza una vez dejada atrás la sombra inexistente de la sierra. Que aún en su orfandad se muestra orgullosa e imponente. Algún algarrobo rezagado comienza a arropar la serenata de nuestros pasos. Este tramo coincide con el Camino de Santiago del Sureste. A excepción hecha del plafón cerámico de ‘Aquí finaliza esta ruta en recuerdo de Miguel Hernández’, en el cementerio de Alicante, y de una señalización expresa de la misma a la entrada de la urbanización la Serreta, en Fontcalent, no existen más indicaciones durante la etapa que las marcas blancas y rojas del GR-125. Esto dificulta su seguimiento, porque cuando uno se aproxima a un núcleo urbano su rastro se pierde con facilidad. Como sucede a las afueras de la localidad de Rebolledo.

Aquí el caminante extravío sus pasos y se fue recto a Santiago. Menos mal que se cruzó con un alma como caída del cielo, quien le acompañó a la senda correcta. En este caso concreto, al Camino de Santa Ana, que debía llevarle expedito al final de su primera caminata: la ciudad de Elche. Un dolor de muelas fue lo que propició el encuentro, porque fue ese malestar el que obligó al paisano a abandonar sus tareas en una finca próxima. “¿Voy bien por aquí camino de Elche?”, preguntó el peregrino accidental. Y como ustedes supondrán, no todos los caminos conducen a Roma aunque se asegure, y mucho menos a la ciudad del Palmeral y el Misteri, declarados Patrimonio de la Humanidad en 2000 y 2001 respectivamente.

Una vez resueltas las dudas y bien encaminados, uno ya pude entregarse a su vena poética sin miedo a que se le haga de noche por el camino. Sobre todo por el que desciende de la sierra Grossa, donde los campos de almendros, olivos y frutales escalonan toda su geografía. La poesía de Miguel está salpicada de alusiones a la flor del almendro, ese ‘testimonio temprano del abril’. No obstante, el caminante pasó por aquí en otoño, cuando muchos árboles comienzan a descubrir su esqueleto vegetal, ‘su sistema: anatomía/ de donde han de brotar cuerpos más jóvenes’. En fin, que ese ‘propósito de espuma’; ese ‘parpado de nieve que esquilará la helada por su mano’; esa flor que de ‘tan susceptible un soplo mata/ y una mirada ofende’, le quedaban todavía unos meses por emanciparse.

Como le quedaban aún unos cuantos kilómetros por recorrer a este viajero de tres al cuarto. En verdad, sólo le faltaban tres o cuatro para completar la etapa cuando sus fuerzas le dijeron hasta aquí hemos llegado, compañero, y exhausto se dejó caer al borde de la carretera. Afortunadamente para él, otra alma generosa del camino se apiadó de su suerte. Más si cabe cuando ésta llegó al volante de una furgoneta. Adónde se dirige le preguntó. “Vengo andando desde Alicante y me dirijo a Elche”, contestó. Y acto seguido, el paisano le invitó a subir.

Ante su expresión inquisitiva servidor le confesó lo que se traía entre manos, porque con los pies ya no podía dar ni un paso. Vicente, como se llamaba aquel hombre, le escuchó con interés. Una vez acabada la explicación le comentó que él se dirigía al mercado, donde regentaba un puesto de verduras y hortalizas. Además, le contó que tenía una hija y que estaba muy orgulloso de ella. Con gran esfuerzo habían logrado darle una carrera universitaria y un master en Comunicación. “Ahora trabaja en Madrid como periodista en un diario económico”, añadió. Casualidades de la vida. Quizá por eso congeniaron tanto en tan poco. Se despidieron con un apretón de manos, y se desearon un buena suerte sincero, lo que el caminante agradeció mucho porque a buen seguro la iba a necesitar camino de Albatera. Pero esta circunstancia no pertenece a otra historia, tan sólo a la siguiente etapa.

(*) Indicaciones de la Senda y del Camino de Santiago a la entreda de la urbanización de la Serreta.

(**) Tumba donde reposan los huesos del poeta Miguel Hernández, esposa e hijo.

(***) La Senda del poeta dejando atrás el perfil de la Sierra de Fontcalent, Alicante.

Fotos: Rubén López Morán.

Lea más:

www.miguelhernandezvirtual.com/xml/sections/el_poeta/senda_del_poeta/

www.arteylibertad.org/articulo-2761/el-camino-hernandiano-2-etapa-

Ver comentarios Enviar a un amigo Imprimir