Año X - Número 58
Actualizado a 18/07/2010
Manuela García. Valencia, noviembre’09
IVAM. Hasta el 3 de enero
Ni buscado adrede se podría haber encontrado un momento más adecuado para presentar esta exposición. Y es que hace un año el autor de las 41 “fotografías denuncia” que nos presenta, el fotoperiodista freelance José Cendón, después de haber realizado un reportaje sobre piratería para The Sunday Telegraph –o ¿tal vez por eso?- permaneció, junto al periodista inglés Colin Freeman, 38 días secuestrado en la región somalí de Putlandia, por piratas somalíes “primos hermanos” de los que acaban de secuestrar al Alakrana. Además recientemente ha publicado un libro, Billete de ida, en el que cuenta la historia de su secuestro, pero con el que sobre todo espera que la gente comprenda un poco mejor lo que sucede en aquel país tan desconocido para los españoles. Que se haga la fotografía de Somalia. Que no vean a los piratas como los malos y nosotros los buenos, que es lo que los medios han mostrado durante el secuestro. Que comprendan que la gente se comporta cómo lo hace por el contexto en el que vive. Y que se preocupen por lo que sucede en aquella lejana nación.
La exposición es un documento que llega de forma muy directa al espectador que busca herirlo, y lo consigue, porque dice Cendón que le parece increíble que se le preste tan poca atención a un lugar donde han sucedido y suceden las cosas más terribles del planeta. El reportaje está realizado en hospitales psiquiátricos de Ruanda, Burundi y RDCongo, o sea, la región de los Grandes Lagos y retrata la locura de un territorio que ha vivido algunas de las peores tragedias de la historia moderna, aunque, como él dice, a nadie le importe demasiado. Debemos recordar que, por ejemplo, en Ruanda hubo un genocidio durante el que en 100 días se mató a una media de 333 personas a la hora, y en Burundi ha habido más de 300.000 asesinatos desde el 1993.
En unas notas de presentación de la exposición José Cendón termina diciendo: “A pesar de los sombríos récords que ostenta la Región de los Grandes Lagos, apenas existen estimaciones sobre el número de personas que pueden haberse visto afectadas mentalmente como consecuencia de estos conflictos, ni organizaciones que trabajen en este campo. Tan sólo una congregación católica belga, los “Hermanos de la Caridad”, se dedica a tratar regularmente a enfermos mentales en Ruanda, Burundi y la República Democrática de Congo. En sus hospitales se pueden encontrar antiguos soldados y rebeldes, y hombres, mujeres y niños víctimas de la guerra. Por ello elegí estos centros para llevar a cabo un trabajo fotográfico: como metáfora de la locura colectiva que ha asolado a esta región durante las últimas décadas, reflejada en los ojos de los pacientes. Y a pesar de haber tomado estas fotografías en 2006, a día de hoy todavía puedo oler el olor infecto, fétido, irrespirable.”
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