Año X - Número 58
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, noviembre’09
Después de que ya sean cuatro las obras de Munch de las que los “cacos” se han apropiado, parece que la policía noruega tiene la certeza de que existe una grupo especializado en robar obras de este famoso artista. Hace ya cinco años dio comienzo esta historia que tiene casi visos de thriller americano. Corría agosto de 2004 cuando dos enmascarados, en pleno día y a punta de pistola, se llevaron dos cuadros de incalculable valor, El grito (1893), su obra más famosa, y La Madonna (1894), del Museo Munch. Dos años más tarde, aunque con rasguños y otros daños prácticamente irreparables, la policía logró recuperarlos. Pero anteriormente, en 1994, el Museo Nacional de Oslo ya había sufrido el robo de una versión de El Grito, que afortunadamente fue devuelta tres meses después.
Ahora los ladrones han sustraído de la galería Nyborg Kunst una litografía del pintor, La Historia, una pieza única coloreada a mano por el creador noruego y valorada en unos 355.000 dólares. En este caso los ladrones entraron por una ventana a la galería y escaparon en una camioneta. Según cree la policía fue un robo por encargo ya que es una pieza difícil de vender.
Pero, a raíz de este robo se supo que en junio de la prestigiosa Galería de Arte Berntsen Kaare, situada en el centro de Oslo, fue sustraída la litografía Separación II, aunque el robo no fue descubierto hasta que la galería se trasladó a un nuevo local. El cuadro muestra a una pareja dándose la espalda, con una playa al fondo, y está valorado en unos 450.000 dólares.
Munch, nacido en Loeiten, Noruega, el 12 de diciembre de 1863, comenzó a pintar cuando tenía 17 años. Tras una primera influencia de la pintura impresionista y postimpresionista, derivó hacia un estilo mucho más personal, apegado de modo obsesivo a la representación de imágenes relacionadas con la enfermedad y la muerte. Toda su obra muestra tristes y angustiosas representaciones basadas en sus obsesiones y frustraciones personales que abrieron el camino al desarrollo del expresionismo. Algunas reflejan el trauma sufrido por Munch en su niñez al morir su madre y su hermana víctimas de la tuberculosis. Pinta también tristes y melancólicas escenas con figuras lánguidas, de rasgos y rostros indefinidos. El reflejo de sus ansiedades sexuales puede verse en sus múltiples retratos de mujeres, representadas alternativamente, como frágiles e inocentes víctimas o como vampiresas devoradoras de vida.
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