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Arte y Libertad

Año X - Número 58

Actualizado a 18/07/2010

Joan A. Toledo

Manuela García. Valencia, noviembre’09

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Galería Rosalía sender. Hasta el 5 de diciembre.

Tal vez alguno de los muchos visitantes que han pasado por la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento, para ver la exposición que allí se hizo de Toledo, haya sentido la necesidad de tener en su casa alguna de las obras de este artista valenciano. Por eso es doblemente interesante la muestra que la Galería Rosalía Sender  nos ofrece porque al tiempo de admirar su trabajo podemos llevarnos alguna de las 26 obras expuestas, entre las que hay seis lienzos, doce trabajos sobre papel de mediano y gran formato y otros ocho de formato menor. Entre ellos una cuidada selección de dibujos jamás expuestos hasta ahora de los años setenta y ochenta. Esto hace que estemos ante una excelente exposición que nos acercará un poco más al conocimiento de la que, según Juan Manuel Bonet, fue una de las figuras más representativas de la vida artística e intelectual valenciana de la segunda mitad del siglo XX.

Ángel Garrido, el responsable de la Galería, dice de Toledo que fue un “pintor, dibujante, ilustrador, decorador de teatro, serígrafo, ensayista e intelectual de primer orden, siempre atento a los problemas de la sociedad y analista certero de la realidad cultural. Pero lo que mejor recordamos de él quienes tuvimos la suerte de tratarle es, tanto su profunda cultura visual, como su acertado criterio en todo lo concerniente al arte. Gran dialogador, contertulio de lujo en debates culturales y polemista brillante, capaz de realizar un análisis pausadamente, diseccionando el objeto analizado hasta en los mínimos detalles, con ironía casi siempre, y concluyendo con frases breves pero contundentes, semejantes a dardos que acertaran el centro de la diana”.

Sigue contando como el pintor gustaba de plasmar en sus dibujos a personajes tomados muchas veces de las revista y a los que él con veladuras o directamente borrando el rostro trataba de hacer anónimos. “No eran bocetos o dibujos preparatorios de un cuadro mayor, sino obras finales, únicas, acabadas, que encierran en sí tanto su afán por investigar el mundo de las formas como la plasmación de toda la sabiduría adquirida por sus lecturas y su propia experiencia vital”.

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