Volver a la portada de este número

Número 30
3 de Mayo de 2005

Plató

Million Dollar Baby, Ramón Sanpedro y Terry Schiavo o el derecho a una muerte digna

"Desaparezca aquí", de Nacho Vegas

La Mostra se traslada

Nunc est Bibendum

Oasis y Nick Cave encabezan el FIB 2005

Portada

Nuestra historia y costumbres

Nuestra historia literaria

Oro Viejo

Enterarte

Oro Blanco Publicidad Centro Histórico

Arte y Libertad

Año V - Número 30

Actualizado a 29/05/2011

Million Dollar Baby, Ramón Sanpedro y Terry Schiavo o el derecho a una muerte digna

Montse Fayos

Tenemos, por una parte, a una joven boxeadora cuya única satisfacción en una vida sórdida y pobre es la práctica de este deporte, que le supone enormes esfuerzos físicos y económicos. Un día, la debutante de 31 años compite por un premio nacional y sufre una tremenda caída que la deja postrada para siempre en una silla de ruedas, impedida de manos y piernas.

En otro país, un joven de 25 años se fractura la columna mientras pasa un día en la playa con sus amigos y su novia y queda para siempre tumbado en una cama. No quiere silla de ruedas y desarrolla un ingenioso sistema para pintar y escribir poemas sobre la vida y la muerte, su única obsesión.

Finalmente, una joven permanece durante 15 años en un coma vegetativo a causa de un estricto régimen que le provocó dolencias cerebrales. Se mantiene viva gracias a una máquina, por voluntad de sus padres y en contra de la decisión de su marido. Marido que hace tiempo que rehizo su vida con otra mujer, aunque no están separados legalmente.

La primera de estas historias es una ficción cinematográfica. La segunda también es una ficción del celuloide, pero basada en un caso real. La tercera es una dramática noticia que ha mantenido en vilo durante varias semanas al mundo entero. La realidad supera a la ficción.

Desde que Alejandro Amenábar anunció que llevaría al cine la vida del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, la sociedad española se dividió en dos estados de opinión enfrentados por la eutanasia. Casi se habló más del eterno conflicto moral que de la película en sí, que por cierto resultó excelente sin llegar a tan grandiosa como más tarde se ha dicho. Bardem-Sampedro repite varias veces en la película: Vivir es un derecho, no una obligación y Amenábar logra que parezca absolutamente razonable su suicidio asistido, a pesar del sufrimiento que causa a los familiares, que no logran aceptar la muerte y el vacío que les deja.

Desde que Million Dollar Baby se estrenó, todas las voces se alzaron para elogiar la impecable factura de esta película, que meses después se convertiría en la triunfadora de los Oscars. Clint Eastwood firma una historia estremecedora en la que la tristeza y el sufrimiento van in crescendo, de manera que cuando se proyectan los títulos de crédito finales, en el cine no se escucha nada, si acaso algún suspiro de dolor, porque los espectadores quedan noqueados por las brutales escenas que acaban de pasar ante sus ojos.

Nadie ha cuestionado la defensa de la eutanasia que Eastwood realiza, quizá porque su relato es infinitamente menos tendencioso que el de Amenábar y el caso que se describe es mucho más extremo que el del gallego. La boxeadora protagonista se dirige en un momento del film a su entrenador con estas palabras: Tengo 31 años, una madre que pesa más de 100 kilos, una hermana que hace ver que su bebé ha muerto para cobrar más dinero del Estado y un trabajo de camarera. Si usted me dice que soy demasiado mayor para boxear, entonces ya no tengo nada en esta vida. Parece lógica (aunque no por ello menos dramática) la resolución final de la película e Eastwood (ultraconservador reconocido) consigue justificar con coherencia y honradez este otro suicidio asistido.

¿Y qué hacemos con Terry Schiavo? Terry Schiavo era una joven que por culpa de una dieta quedó prácticamente en estado vegetal, sin capacidad de decisión sobre su vida, truncada para siempre desde los 31 años. Decía Joan Manuel Serrat en una de sus canciones que la realidad nunca es triste, pero no tiene remedio. La vida real tampoco. Lo malo de la vida real es que no hay directores de cine que manden cortar la escena o que puedan montar la película para que resulte más bonita o trepidante. Al mismo tiempo, esto es lo bueno de la vida real, que no están Clint Eastwood o Alejandro Amenábar para decidir el final de ningún personaje.

¿O resulta que sí están? En la vida de Terry Schiavo se han colado unos directores de escena (llámense George Bush, grupos de presión americanos o el marido de Terry) para decidir si la joven debía, o no, dejar de vivir, o mejor dicho, desconectarse de la máquina que le permitía respirar. Quizás el hecho de que sus padres no quisieran perderla no es suficiente para mantener las constantes vitales de un ser que ha perdido todo signo de humanidad. No obstante, si Terry Schiavo hubiera podido decidir sobre su vida (no olvidemos que Ramón Sampedro y tantos otros conservaban intacta su lucidez mental) seguramente no habría querido morir de inanición, sin ingerir alimento alguno durante 15 agónicos días.

Decía Ramón Sampedro que vivir no es una obligación y por tanto, morir es un derecho. Pero, queridos directores de la vida real, morir dignamente no es un derecho, es una obligación.

Enviar a un amigo Imprimir