Año V - Número 30
Actualizado a 29/05/2011
Los cautivos de Argel-Una fuga que fracasa-La compra de una fragata-Denia a la vista-Con trompetas y atabales. La librería de Timoneda-Una canastilla de Flores-Quema de libros--La historia de Juan Garín-Dos Lápidas y un monumento.
Vicente Vidal Corella. La Valencia de otros tiempos. Las Provincias 23 de abril de 1967

El día 23 de Abril se conmemora la muerte ?en 1616- del genial escritor Don Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo de las letras españolas tuvo siempre para Valencia destacado recuerdo, que citaría con elogio en diversas de sus obras.
Su relación con los valencianos tuvo especial contacto durante su triste cautiverio en Argel, al ser apresado en la galera Sol
, durante el viaje de Nápoles a España, en 1575. En Argel tuvo Cervantes por compañero de cautiverio al caballero valenciano Antonio Marco, escribano, quien le puso en antecedentes para una posible fuga, que fracasó. Otro compañero de cautiverio de Cervantes fue el padre Jorge del olivar, comendador de la Orden de la Merced de Valencia, quien había ofrecido su cautiverio a cambio de la redención de 112 libertados, entre ellos el canónigo valenciano don Miguel de Villanueva. También fue compañero de cautiverio de Cervantes otro valenciano, fray Miguel de Aranda, caballero de la Orden de Montesa, cuya martirio relataría el genial escritor en su obra El trato de Argel
.
Cervantes entabló relación con el mercader valenciano Onofre de Exarch, quien solicitó ayuda para escapar de su cautiverio con otros compañeros. Pero el proyecto fue descubierto y el mercader tuvo el tiempo justo para ponerse a salvo y, con su fragata, regresar a Valencia. Fue, tiempo después otro mercader valenciano Hernando de Torres, amigo de Onofre de Exarch, quien se encargó de albergar el dinero necesario, y de llevar a cabo negociaciones pertinentes para rescatar a Miguel de Cervantes. Y las gestiones, muy laboriosas, tuvieron éxito, logrando, por la aportación del mercader valenciano, más nuevos caudales, la libertad de Cervantes y un grupo de compañeros de cautiverio, saliendo por fin de Argel el día 24 de octubre de 1580.
El nuevo amanecer recibió a los rescatados cautivos en las costas valencianas. Y Denia, con su sonriente paisaje le acogió. Besaron las arenas doradas y calientes, con la emocionada ilusión del retorno. Y con devoto fervor marcharon a la iglesia para rendir homenaje de gratitud a los pies de la Virgen?Días después llegaban a Valencia, para participar en la procesión con que se celebraba la redención de los cautivos. La solemne entrada de los redimidos en Valencia, era solicitada previamente al virrey y obtenida la licencia, los religiosos de la Orden redentora reunían a todos aquellos y se organizaba la procesión, en la cual, precedidos de trompetas y atabales, iban los cautivos con la cabeza descubierta y en el pecho el escapulario de la Orden que le había redimido por la calle del Mar, hasta la iglesia mayor, donde oían misa y sermón.
Miguel de Cervantes permaneció en Valencia mes y medio, siendo atendido gratamente por sus amigos, los comerciantes Onofre de Echars, los hermanos Baltasar y Hernando de Torres, con el cuñado de ambos Juan Fortuny, que también le había tratado en Argel, quienes le ayudaron a negociar cierto número de mercaderías que la familia de Cervantes, con no pocos sacrificios, había reunido y el oportuno cobro de cierto antiguo crédito, con lo que el excautivo podía liquidar las cuentas pendientes por su rescate.
Durante su estancia en Valencia Cervantes frecuentó la librería que Juan de Timoneda tenía instalada en la plaza dels Alls
-cercana a la actual plaza de la Merced, donde estuvo situado antiguamente el convento de esta Orden, frente a cuya puerta se acostumbraba la venta de ajos-, en cuyo establecimiento, Timoneda, famoso editor y poeta, tenía espléndida colección de libros de preclaros ingenios. Allí se reunían, al decir de los cronistas, destacadas figuras de la época, y allí conoció Cervantes obras y autores como Andrés Rey de Artienda, Cristóbal de Virués, Gaspar Aguilar, Francisco Tárrega, Gaspar Gil Polo y, principalmente a Guillem de Castro, con quien mantuvo siempre cordial amistad, siendo el famoso escritor valenciano quien llevaría a la escena obras tan magníficas como El curioso impertinente
y Don Quijote de la Mancha
.
La amistad y trato de tan ilustres literatos contribuyó a que la estancia de Cervantes en Valencia fuera grata. Un biógrafo del genial escritor- Don Francisco Navarro y Ledesma, a quien facilitaron interesantes noticias eruditos cervantistas- dice que fue Valencia la ciudad de la que Cervantes conservó siempre un recuerdo exento de amargura; el lugar donde primero vio ante sus ojos la inmensa esperanza verde del Mediterráneo; la ventana por donde se asomó a las mayores hermosuras del mundo; la canastilla de flores vivas en que una y otra y todas las mujeres le parecían bellas y, en fin, el grato asilo en cuya suavidad y dulzura, gozó los primeros y más sabrosos días de libertad, tras el triste cautiverio
.
No era, por cierto según el citado biógrafo, la primera vez que Cervantes estaba en Valencia. Dice que, en 1569, cuando contaba veintidós años de edad, había llegado de paso, desde Madrid con el séquito del cardenal Julio Aquaviva, en viaje por Castellón de la Plana y Barcelona, camino de Italia.
El recuerdo de Valencia se mantuvo siempre en Cervantes, y en diversidad de sus obras describe lugares y personajes destacados, que cita siempre con elogio. Así en su Viaje al Parnaso
, en La Galatea
, en Los trabajos de Persiles y Segismundo
, entre otras, prodiga alabanzas a los escritores valencianos, cuyas obras, por cierto, son de las pocas que se salvan en la famosa quema de libros que en casa de El Hidalgo Don Quijote de la Mancha
mientras éste duerme, realizan el barbero maese Nicolás, el cura licenciado Pere Pérez y la sobrina del hidalgo manchego?El genial escritor así lo hace constar en su famoso Don Quijote
, cuando relata la elección de los buenos libros: Por tomar muchos juntos, se le cayo uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quien era, y vio que decía: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco
, ¡Válgame Dios!, dijo el cura dando una gran voz. ¡Qué aquí esté Tirante el Blanco! Dadme acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempo?Dignos verdad, señor compadre, que por su estilo es éste el mejor libro del mundo. Llevad a casa y leedle y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho.
Al cumplido del famoso Tirant lo Blanch
que escribiera el caballero valenciano Joanot Martorell, sigue el libro La Diana enamorada
, de Gaspar Gil Polo, de cuya obra se hace notar en el famoso escrutinio de los libros de Don Quijote ser mejor que la de igual tema, de Jorge Montemayor. Cervantes, por boca del cura condena la de este escritor y aconseja acreciente el número de las condenadas al corral; y la de Gil Polo se guarda como si fuera del mismo Apolo
. Encomio que repite Cervantes en su novela La Galatea
, citando, además de Gaspar Gil Polo, a otros ilustres valencianos como son Juan Coloma, Luis Garcerán, Alonso Rebolledo, el doctor Falcón, Micer Rey de Artieda y Cristóbal de Virués. De este último, distinguido como bravo soldado ?capitán en la batalla de Lepanto- y esclarecido poeta, hace Cervantes en El Quijote
, alabanza de la obra El Monserrate
, dónde Cristóbal de Virués hace historia del famoso Juan Garín y su penitencia y fundación del santuario de Montserrat en el siglo noveno en Cataluña. Cervantes dice de este libro en su elogio, que es uno de los mejores en verso heróico en lengua castellana están escritos.
En otras obras suyas, Cervantes repite los elogios a los escritores, tanta los ya mencionados como Guillem de Castro, Juan de Timoneda, El canónigo Terrena, Gaspar Aguilar y otros ingenios valencianos de la época, de los que alaba su estilo y su obra.
No falta, claro está, en las obras de Miguel de Cervantes, elogio fervoroso de la tierra valenciana, que tan gratamente acogió al genial escritor después del triste cautiverio en Argel. Cervantes enaltece la grandeza de su sitio, la excelencia de sus moradores, la amenidad de sus contornos, y finalmente, todo aquello que la hace hermosa y rica sobre todas las ciudades, no sólo de España sino de toda Europa; y principalmente la hermosura de las mujeres, y su extremada limpieza y graciosa lengua, con quien sólo la portuguesa puede competir en ser dulce y agradable
.
Valencia, agradecida al ilustre escritor que tuvo tantos elogios para ella, rotuló con su nombre una de sus calles, cuya lápida, con la de la calle de San Vicente ?indica el lugar donde estuvo la imprenta de Patrico Mey, donde en 1617 se realizó la impresión en Valencia de El Quijote
-, el grupo escolar que lleva el nombre de Cervantes, y el monumento realizado por Mariano Benlliure, son memoria y homenaje al genial hidalgo de las letras españolas, que tan grato mantuvo siempre el recuerdo de Valencia.
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