Año V - Número 30
Actualizado a 29/05/2011
Elvira Tortosa
Muchos han sido los nombres que ha tenido esta plaza desde que Salvador Escrig la concibiera en 1840: Plaza Nueva, Plaza de la Regencia, Plaza del Cid, El Clot
, pero la voz popular siempre ha hecho que un nombre prevaleciera sobre los demás, quizás el más lógico y obvio: La Plaça Redona.
Ya en el siglo XVII, este lugar estaba dedicado al comercio: la venta de pescado y carne, no es de extrañar que justo al lado se encontrara el antiguo matadero de la ciudad. Con el tiempo, esos terrenos quedaron abandonados, pues el matadero fue demolido y trasladado extramuros, así que si no se intervenía pronto en ellos, corría el riesgo de que se convirtieran en una especie de basurero del barrio. El Ayuntamiento encargó la construcción de una nueva plaza al arquitecto Don Salvador Escrig el 10 de abril de 1839, el cual concibió la idea de una plaza circular, de forma que se obtenía un mayor aprovechamiento del espacio y se dotaba a la ciudad de un enclave pintoresco y original.
En 1840 quedó acabada la plaza, que si bien en un primer momento fue conocida como la Plaza Nueva o Redonda, pronto la regencia política de Baldomero Espartero (1841-1843) hizo que fuera bautizada como Plaza de la Regencia, y tan sólo tres años más tarde, tras la renuncia del regente, pasó a denominarse Plaza del Cid.
La estructura arquitectónica seguía y sigue siendo la misma; completamente circular y cerrada, de dimensiones relativamente reducidas. Los edificios que la componen son de tres plantas, presentan una doble fachada continuo y simétrica (una al interior de la plaza y otra al exterior). Los dos primeros pisos tienen balcones corridos con barandillas, y las plantas bajas fueron inicialmente concebidas para su función comercial.
A mediados del siglo XIX se instala una fuente central, lo que le otorga un carácter todavía más pintoresco gracias al número de palomas que acuden allí a refrescarse.
Hacia 1916, alrededor de la plaza se montó una cubierta y puestos de venta que duplicaban su capacidad comercial, pues se complementaban con los instalados en las plantas bajas. Durante el periodo de construcción del Mercado Central (1928) estos puestos acogerían la venta del pescado, tal y como ocurría unos cientos de años antes. Es curioso destacar que este mercadillo
ubicado bajo la cubierta, hasta no hace mucho era transportable, es decir, eran puestos que cada día se montaban y desmontaban en una especie de carromatos.
El hilo conductor a través de la historia de esta Plaza ha sido siempre el comercio, pero no siempre han sido los mismos productos los que se vendían, si bien fue importante en su origen la venta de pescado ( no en vano, una de las calles principales por las que se accede a ella directa desde la calle San Vicente es la calle de la Pescadería), ha sido muy típica también la venta de aves de corral y turrones en Navidad, la venta de pájaros, palomos, y sobre todo los objetos domésticos como la cerámica, botijos, cazuelas, tinajas, etc..., sin olvidar las típicas chocolaterías y horchaterías valencianas. En la actualidad, pese a haber cambiado de aspecto, todavía desarrolla su función comercial en los bajos, pero es sobre todo el domingo por la mañana cuando la Plaza cobra vida propia, un bullicio de gente organiza un mercado espontáneo o zoco
donde se puede comprar y vender todo tipo de objetos usados o nuevos: cuadros, libros, plantas, animales, música, relojes, y sobre todo un punto de encuentro de niños y adultos con una pasión común: el intercambio de cromos.
Sin duda alguna, la Plaça Redona, sigue siendo uno de los puntos más emblemáticos de nuestra ciudad, y uno de los más visitados por los miles de turistas que nos visitan cada año.
Redacción, administración y publicidad
Guillem de Castro 121, 2ª - 46008 Valencia
Tel. y Fax: 96 338 11 33 - Movil: 686 91 46 44
E-Mail: arteylibertad · hacemosciudad