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Número 58
5 de Noviembre de 2009

La dos

Editorial Nº58

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Año X - Número 58

Actualizado a 29/05/2011

Se nos va otro icono: la bombilla

Caliope. Valencia, septiembre’09

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Escaparate de una pequeña lampistería de Valencia. Foto: Paco Carsí

Escaparate de una pequeña lampistería de Valencia. Foto: Paco Carsí

Al igual que sentimos la desaparición de ídolos que han tenido un significado en nuestro mundo y en nuestras vidas, la pérdida de objetos que, como una insignificante bombilla, han sido un icono que ha presidido nuestra existencia nos produce pesar. ¿Seguirán los dibujantes usándola para expresar que sus personajes han tenido una idea?

La historia de la bombilla eléctrica data de principios del siglo XIX cuando en 1801, un químico llamado Humphry Davy descubrió que al hacer pasar una corriente eléctrica por filamentos de platino, estos brillaban por algunos minutos. Aunque, generalmente el invento de la lámpara incandescente se atribuye a Thomas Alva Edison, que fue quien contribuyó a su desarrollo produciendo, el 21 de octubre de 1879, una lámpara práctica y viable, que lució durante 48 horas ininterrumpidamente. Pero es interesante saber que en Gran Bretaña se le atribuye el invento a Joseph Wilson Swan y que, como con muchos otros inventos, hubo todo una serie de disputas con respecto a las patentes, pero finalmente se le reconoció a Edison su invención. Así que, aunque muchos discrepan aún acerca de esto, Edison fue el primero en proponer una alternativa económicamente viable de bombilla eléctrica ya que el 1 de octubre de 1880 abrió una fábrica en las afuera de Menlo Park, Nueva Jersey. Swan abrió la suya en las afueras de Newcastle a comienzos de 1881. En 1883, tras algunas peleas por la patente de la bombilla (que ganó Edison) y por el método mejorado de extraer el aire (que ganó Swan), ambos inventores unieron sus fuerzas y crearon la Edison and Swan Electric Company para fabricar lámparas en Gran Bretaña.

Antes de la invención de la bombilla eléctrica los únicos medios de iluminación eran el fuego, las velas, las lámparas de aceite o el alumbrado a gas pero todos tenían problemas (poca iluminación, poca seguridad, necesitan mucho repuesto, etc.), así que el invento de la bombilla fue acogido con entusiasmo.

Ahora, los expertos en política energética dicen que son ya una tecnología caduca  y la autoridad comunitaria cree que destinar al olvido las viejas bombillas va a permitir a la UE dejar de emitir 15 millones de toneladas de CO2 y ahorrar 5.000 millones de euros al año. Los ecologistas comparten satisfacción por el fin de la bombilla clásica al considerarlo un gran paso hacia el ahorro energético y la lucha contra el cambio climático. Por su parte, la crisis energética y el cambio climático obligan a desterrar la derrochadora lámpara incandescente poniendo de acuerdo a las administraciones, los ecologistas y los técnicos, aunque aún no sepan cuál es la mejor opción para reemplazarla.

Por ello y en aplicación de una Directiva de la Comisión Europea destinada a sacar del mercado aparatos de alto consumo y escasa eficiencia energética, empiezan a retirarse las bombillas de más de 100 W a las que seguirán, escalonadamente, el resto. Por si les interesa sepan que las de 60 W, estarán disponibles hasta septiembre de 2011 y las de 40 W y 25 W hasta septiembre de 2012.

Muchos han sido los intentos para mejorar a la tradicional bombilla. En la actualidad se barajan tres opciones que podrían sustituirla: la lámpara halógena,  la bombilla de bajo consumo y últimamente los LED (Light Emiting Diode o en español diodo emisor de luz), de una increíble eficiencia y economía (vean sino como han mejorado los semáforos que ya las usan). Pero todas las opciones tienen algún inconveniente. El primer factor es el precio. Las tres alternativas son más económicas a la larga porque consumen menos y duran más, pero el precio es superior. Si una lámpara incandescente de 100 vatios valía unos 60 céntimos de euro, la de bajo consumo sale por 8-9 euros, la lámpara halógena por 7-8 euros y una de diodos LED entre 40 y 50 euros. Aún así, la Comisión Europea estima que cada hogar ahorrará entre 20 y 50 euros al año en iluminación al dejar de emplear las viejas bombillas y eso incluyendo el coste mayor que tiene adquirir las nuevas.

De momento, la lámpara de bajo consumo que usa una tecnología heredad de las lámparas fluorescentes es la opción triunfante. El Ministerio de Industria apuesta por ellas y ha lanzado una campaña en la que ha repartido cuatro millones de unidades de forma gratuita (bueno es un decir ya que todo el dinero que gasta el gobierno proviene de nuestros impuestos). Por cierto, ¿ya han retirado la suya? Pero recuerden que, al contener en su interior un gas con una pequeña porción de mercurio que la convierte en un residuo peligroso, deben ser entregadas en puntos especiales para su reciclaje.

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