Año X - Número 60
Actualizado a 29/05/2011
José Luis León Roca. Valencia.
Blasco Ibáñez con los labradores valencianos
Artículo editado en la edición nº 1 de Arte y Libertad, de 3 de mayo de 2000.
De Shakespeare dijeron que era un bárbaro y un hombre de malos instintos. Y, sin embargo, el mundo entero ha reconocido su genio y aplaudido su obra. De Blasco Ibáñez la leyenda negra se despachó a su gusto y fue cercenando todo lo que de bueno tenía su obra. Y, sin embargo, triunfó en el mundo entero y se le considera el primer novelista del inundo en su tiempo.
La maledicencia, que no es otra cosa en la que se inspira el espíritu de ciertas personas, no tiene base suficiente para que prenda en la personalidad del denostado. Hace falta, sin duda, un punto de verdad para que la insidia, la mentira y la leyenda prendan en la imagen del censurado.
Lanzar mentiras, cuando el hombre es correcto en su actuación, es un ataque vergonzoso que se vuelve ruin contra el que lo lanzó.
Por odio, por rabia, con cualquier otra opinión, menos con indiferencia, se puede manchar a un hombre, a un artista, con el sambenito de la iniquidad. Es cosa muy corriente de los espíritus pusilánimes y rastreros que tratan de desprestigiar aquello que son incapaces de realizar.
Obsérvese que lodos los que obran mal, los que levantan esas leyendas que manchan y que solamente el tiempo se encarga de limpiar, son resentidos por un gesto, por una palabra, por un acto que consideraron punible. En realidad son recomidos por la envidia, envidia cochina y sucia que corroe sus entrañas palpitantes.
De Blasco Ibáñez dijeron pestes cuando vivía en Valencia; arrastraron su nombre cuando le invitaron las autoridades de allá que se hiciera colonizador. Cuando anunció su proyecto de colonización, el ABC de Madrid lo denunció como agente a comisión, que iba a llevar a la Argentina labriegos valencianos pura que trabajasen la tierra, dando a entender que Blasco Ibáñez promovía el empleo de futuros esclavos.
Blasco Ibáñez tuvo la dignidad y la altura de miras de contestar a ese comentario indignante en el que se afirmaba con energía que no se trataba de una empresa de negrero, sino una misión de cordialidad humana en la que él ponía los medios para dotar a los colonos de una propiedad rica e independiente.
La desidia del comentarista opio la callada por respuesta y así quedó para quien no había leído la carta de Blasco Ibáñez.
Ahora se sabe que la empresa fracasó porque las autoridades no cumplieron y el Banco de Vidal, en el que Blasco había ingresado los 600.000 pesos que tenia, quebró sin remisión debido a una crisis general.
De no haber estado rodeado de incompetentes y enemigos que no deseaban que triunfara, como el que fue director de la Correspondencia Militar, Sr. Arias, con quien se batió en duelo en Diciembre de 1900, que apareció repentinamente en Buenos Aires, como sombra negra para vigilar lo que hacía Blasco, este hubiese triunfado en su empresa.
Ahora se saben muchas cosas que justifican plenamente la actitud del novelista en 1913, cuando dio como terminada la colonización. Por ejemplo, ahora se sabe que Blasco Ibáñez estaba dispuesto a pagar el viaje de retomo al que quisiera volver a Valencia.
El comentario es de la hija de un hombre que allá fue con Blasco Ibáñez, trabajó y decidió quedarse cuando Blasco se marchó. Ahora sabemos que Blasco no abandonó a nadie. No engañó a nadie. No estafó a nadie. Vivió los sinsabores de una quiebra. Y andando los años, la Justicia tuvo que reconocer que la mejora introducida en el terreno que cultivó, merecía el premio de 200.000 pesos. Premio que Blasco Ibáñez jamás recogió.
Las sombras de la leyenda negra, se van disipando con el tiempo y la buena voluntad. Al fin de las décadas vendrá la justicia que en verdad le corresponde, pues hombre que escribió lo que escribió, fue incapaz de cometer un crimen, un desfalco, o tan solo un simple robo. Su grandeza espiritual no le permita ser mezquino.
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