Año X - Número 58
Actualizado a 29/05/2011
Alberto Requena. Santander, agosto'09
Blasco Ibáñez, como es sabido, fue un gran admirador de Richard Wagner y en varias de sus novelas se refiere a él, con gran entusiasmo, ponderándole con mucho énfasis.
En anteriores artículos sobre sus novelas he destacado párrafos sobre Wagner y sus operas, pero en esta ocasión, y para no repetirlos, me dedicare solo a la novela “Entre naranjos”, por ser en la que mas menciones hace, especialmente de “La Walquiria”.
La acción se desarrolla en Alcira y los personajes principales son:
Leonora (diva de opera) y Rafael (Hijo de un rico terrateniente, muy influyente en la ciudad y su política).Blasco que conocía profundamente la obra de Wagner, comenta de Leonora:
“Contemplaba sus retratos en las diversas operas por ella cantadas: La Elisabeta pálida y mística del Tannhauser había sido retratada en Milán; La Elsa ideal y romántica de Lohengrin era de Munich; había una Eva cándida y burguesa de los maestros cantores, fotografiada en Viena, y una Brunilda soberbia, arrogante, de mirada hostil y centelladora que llevaba al pie el sello de San Petersburgo”.
Manifiesta sobre: ”Hans Keller, el gran director de orquesta, el discípulo y confidente de Wagner, su testamentario artístico, encargado de velar por la gloria del maestro, aquel Hans Keller del que hablaba Leonora a cada instante con cariño de mujer y admiración de artista, sin perjuicio de añadir a continuación que era un bárbaro”.
Y continua: ”Y la cantante, enternecida por el recuerdo, contemplaba con ojos lacrimosos la ancha boina de terciopelo negro (típica de él, que figura en muchos de sus retratos), un mechón de cabellos grises, dos plumas de acero gastadas y corroídas, todos los recuerdos del maestro guardados piadosamente en una vitrina por Hans Keller”.
“Tu que lo conociste, dime como vivía. Cuéntamelo todo: Háblame del poeta…, del héroe”.
“Y el músico no menos conmovido, evocaba sus recuerdos sobre Wagner, lo describía tal como lo había visto en su época de salud, pequeño, estrechamente envuelto en su paletó; de fuerte y pesada osamenta a pesar de su delgadez, inquieto como una mujer nerviosa, vibrante como un paquete de resortes y con una sonrisa amarga contrayendo sus labios sutiles y sin color”.
Sigue comentando Leonora: “Rafael, usted no conoce la Walquiria, ¿verdad?, no ha oído el “Canto de la primavera”.
Siglinda se estremece “¿Quién ha entrado? “. Nadie y, sin embargo, un nuevo ser acaba de penetrar en la cabaña, abatiendo la puerta con su invisible rodillazo, y Sigmundo, con la inspiración del amor, adivina quien es el recién llegado.”Es la primavera que ríe en el aire en torno de sus cabellos. Se acabaron las tempestades, termino la oscura soledad. El luminoso mes de mayo, joven guerrero con armadura de flores, se presenta a dar caza al negro invierno, y en medio de la fiesta, la naturaleza, regocijada busca a su amante: “La juventud, esta noche, en que te veo por primera vez, es la noche de bodas infinita de la primavera y la juventud”.
De Wagner sabemos que nació en Leipzig (Sajonia) el 22 de mayo de 1813 (el mismo año que nació Verdi) y que falleció en Venecia el 13 de febrero de 1883 y finalmente enterrado en Bayreuth (Baviera) el 18 de febrero del mismo año.
Esta ciudad esta íntimamente ligada a su vida y a sus éxitos desde que conoció a su mecenas y admirador, Luis II, el cual, aparte de patrocinarle, tanto en la creación de nuevas operas, su montaje y posterior presentación, promovió la construcción del “Festspielhaus” en la ciudad citada, teatro que fue dirigido por los descendientes de Wagner en varias ocasiones.
Se sabe que fue muy mujeriego, primero se caso con Minna Planner y sin contar varias aventuras románticas, acabo sus últimos años con Cosima Liszt (hija del gran compositor y pianista Franz Liszt) de la cual tuvo tres hijos. De su hijo Sigfrido (Llamado lo mismo que el primogénito de Blasco Ibáñez) conocemos que compuso unas 14 operas (hoy desconocidas) y dirigió el teatro durante varios años.
De los hijos de este y nietos de Wagner, Wieland y Wolfgang, conocemos, del primero que fue director escénico y mas tarde dirigió el teatro y el festival, junto con su hermano Wolfgang desde 1951 al 1961 y este mas tarde desde 1966, el sólo.
De su vida privada, se puede decir que fue muy accidentada ya que como decimos anteriormente fue derrochador y en ocasiones tuvo apuros económicos importantes que le obligaron a cambiar de domicilio perseguido por sus acreedores.
También por su condición de republicano tuvo problemas políticos en varios momentos de su vida, motivo por el que su final residía en Venecia.
Sus composiciones operísticas comenzaron en 1832, a los 19 años de edad, con “La boda” o “Las bodas” (de ambas formas parece ser que se puede decir), pero que no llego a terminarla por las presiones de su hermana Rosalía, cantante lírica que le ridiculizaba.
La siguiente opera que compuso (1834) fue “Las hadas” pero que nunca llego a estrenarse en vida, siendo su estreno propiciado por amigos y admiradores en 1888, cinco años después de su muerte.
Las dos siguientes “La Novicia de Palermo” (1836) y Rienzi (1842) no tuvieron mucho éxito, de hecho en la actualidad son poco populares.
Su gran éxito y comienzo de su fama llego con “El Buque Fantasma” o “El Holandés Errante” en 1843. A partir de esta el éxito fue en aumento; Tanhauser (1845), Loengrin (1850), Tristán e Isolda (1854), y Los Maestros cantores (1868), todas ellas de plena actualidad.
Por último con la tetralogía del “Anillo del Nibelungo” de larga gestación (Oro del Rin (1869), La Walquria (1870), Sigfrido (1876) y El ocaso de los dioses (1876)), y sobre todo por su Parsifal (1882), que se consideran las obras más importantes, cerró su ciclo creativo, ya que al año siguiente murió.
Wagner compuso además obras sinfónicas que hoy son muy desconocidas, destacando en mi opinión la sinfonía “Cristóbal Colón”.
Que fue un gran músico y que Blasco Ibáñez tenía buen gusto para la música, no hay duda, criterio que yo comparto plenamente.
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