Volver a la portada de este número
Arte y Libertad

Año V - Número 30

Actualizado a 29/05/2011

Algo más sobre "El Intruso"

Alberto Requena

Quisiera en esta ocasión comentar algo sobre El intruso y destacar matices que personas más doctas que yo en esta materia no han manifestado.

Conocí el País Vasco, por primera vez cuando tenía cinco años, recién acabada la Guerra Civil, más tarde y en mi juventud, fui durante tres años de vacaciones para más tarde, y por motivos laborales residir durante trece años en San Sebastián. Independientemente de esto también conozco Bilbao, ciudad que he visitado muchas veces y donde incluso debido a mi profesión he residido esporádicamente durante temporadas.

Concretamente y refiriéndome al capítulo noveno, los pueblos que cito, Azpeitia y Azcoitia y por supuesto el Santuario de Loyola, son lugares que he visitado en varias ocasiones. Todo esto viene a cuento, para justificar que mi opinión (acertada o no) tiene suficiente base para mi osadía.

Parece imposible que nuestro Blasco, en solo una semana, captase con tanta fidelidad todos los matices socio-políticos, folclóricos y lúdicos de esta región, dado que a mí me ha costado años, llegar al convencimiento que a él le costó sólo esos siete días.

Doy fe que los personajes que describe son tan reales, hoy en día, como cuando los creó hace un siglo. Aresti es totalmente actual, hoy existen personas como él, que luchan por la verdad y la justicia, sin fanatismos y con total respeto a las personas, aunque no sean vascos, desgraciadamente también existen personas, que piensan y obran fanáticamente con sentimientos totalmente tribales, ambos tipos existían también hace un siglo.

De todo el libro sigo quedándome con el capítulo citado anteriormente, cuando describe los deportes típicos vascos y la pasión del pueblo por las apuestas. Yo he vivido estas manifestaciones en varias ocasiones y puedo asegurar que son exactas y verídicas.

Otro matiz que él detectó es el tema del idioma, cuando comenta que solo lo hablaba el pueblo llano, ya que la burguesía y las clases acomodadas se abstenían de hacerlo (aunque algunos lo hablaban perfectamente) por considerar que era vejatorio, ya que lo consideraban dialecto de aldeanos, todavía en algunos sectores existe esa opinión, sobre todo en Bilbao, encuentras muchas personas que desconocen el eusquera o fingen desconocerlo y muchos lo aprenden a regañadientes y por imposición.

Como colofón quiero insistir en la calidad de esta novela y en la consabida honradez de Blasco en la descripción de su argumento. Yo siempre he opinado que más que novelista era un fotógrafo que no necesitaba de cámara fotográfica para hacernos ver con toda nitidez lo que él veía directamente.

Enviar a un amigo Imprimir