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Arte y Libertad

Año X - Número 56

Actualizado a 29/05/2011

Doce artistas en el Museo del Prado

Nela Vert. Valencia, julio’09.

Centro Cultural Bancaja. Hasta 30 agosto.

La Fundación Amigos del Museo del Prado ha editado “Doce artistas en el Museo del Prado”, una colección adquirida por Bancaja formada por 24 obras realizadas por 12 artistas españolas contemporáneas. La exposición muestra estas obras que tienen la pinacoteca nacional como fuente de inspiración. Las doce artistas que recorren el Museo del Prado en busca de su particular inspiración son: Isabel Baquedano, Carmen Calvo, Naia del Castillo, Cristina García Rodero, Cristina Iglesias, Carmen Laffón, Ouka Leele, Eva Lootz, Blanca Muñoz, Isabel Quintanilla, Soledad Sevilla y Susana Solano.

Isabel Baquedano formada en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, se ha fijado, por ejemplo, en Fra Angelico, al que ha despojado de todo brillo y prolijidad, quedándose sólo con lo esencial. En el caso de La Anunciación son un par de siluetas, encuadradas por una  escenografía arquitectónica reducida al mínimo y una simple sugerencia de paisaje. En el caso de Adán y Eva, son tres figuras: la de los avergonzados desnudos de los primeros padres y la medio figura del ángel que los arroja al mundo. 

Carmen Calvo ha sabido revalidar su acendrada personalidad artística en el diálogo con los históricos artistas del Museo del Prado. Su elección ha sido la de dos obras de Goya. La maja y los embozados, donde su propuesta es una manipulada fotografía en negativo, a la que ha adherido ojos de cristal, y en la que reflexiona sobre el mirar en sí; en El albañil herido la artista ha trabajado mediante dibujo y collage.

Naia del Castillo es una escultora vasca que en la obra titulada Santa Bárbara se ha inspirado en la pintura homónima del pintor flamenco Robert Campin. En La Mesa de los pecados capitales, de El Bosco, trata de la relación entre vida y destino, entre individuo y sociedad.

Cristina García Rodero recurre en las composiciones fotográficas realizadas en el Museo del Prado al cuadro Ofrenda a Flora, de Van der Hamen,  y a la obra Sagrada Familia, de Rafael. En ambas ha sobreimpresionado en las imágenes elegidas el haz y el envés luminoso de dos visitantes del Museo que se integran como un elemento más de estas composiciones históricas.

Cristina Iglesias ha seleccionado a Velázquez como su interlocutor y se ha decantado por un paisaje, el de la Villa Médicis, situando sobre un tapiz una celosía de esparto que ha sido fotografiada como base para la serigrafía final.

Carmen Laffón se ha decantado por un par de fragmentos de El sueño del patricio Juan, de Bartolomé Esteban recreando dos exquisitos bodegones e introduciendo su particular toque entre los enseres a los que su paisano les dio un refinado resplandor pictórico.

Ouka Leele se sitúa frente a Las meninas, de Velázquez, y El juicio de Paris, de Rubens y utiliza el recurso narrativo de la animación del cuadro con la actuación de una bailarina.

Eva Lootz, artista vienesa afincada en España desde 1967, se sirve de un par de imágenes fotográficas de impresión digitalizada, que representan una pareja de aves de corral, reavivando la temática del tradicional género del bodegón. Tras ellas se percibe la denominación de la cepa del virus de la temida gripe aviar, con lo que trata de repercutir en las conciencias respecto a la creciente degradación del medio ambiente.

Blanca Muñoz se para en las gorgueras que se pudieron de moda a finales del siglo XVI y en el XVII.  En Gorguera I cada una de sus lengüetas forman un collar curvo, sobre el cual vibra un haz de radios metálicos parabólicos, que destilan fugaces brillos cono si fueran hilos acuáticos de una fuente. Gorguera II es como una rosquilla de bucles, cuyo perfil reticular, como de diminutas hojas entrecruzadas, se hace constantemente visible, burlando las leyes de la perspectiva clásica.

Isabel Quintanilla entabla un diálogo que se ha traducido en la creación de dos grabados. La menina, donde a una niña pequeña actual, aislada de todo oropel y compañía, aunque tenga como referente el de la infante Margarita, se le ofrece un vaso de vidrio, relleno de agua, sobre un platillo. En Bodegón, sin filiación concreta tan clara, aunque muy zurbaranesco, el mismo vaso con agua y platillo sirven de modesto recipiente de dos rosas, estando flanqueado este improvisado florero por unas cabezas de ajos y un reloj de bolsillo abierto.                                       

Soledad Sevilla parte de la elección del cuadro Hipomenes y Atalanta, de Guido Reni, con su representación de la furiosa carrera a muerte en la que se desafían los contendientes. La artista ha visto la atlética movilidad de estos héroes legendarios sobreimpresionada por el lance taurino de una verónica con una sorprendente coincidencia formal entre sus respectivas posturas.

Susana Solano ha realizado unos grabados de nítidas formas que apuntan a una vibrante y bien temperada armonía de formas y colores. La propuesta de la artista remite espectralmente a la quintaesencia de una sabiduría en el manejo del espacio, amasada durante siglos por antiguos maestros.

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