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Número 57
15 de Septiembre de 2009

Oro Viejo

Comienza la aventura…

Blasco Ibáñez y el Paraguay

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Año X - Número 57

Actualizado a 29/05/2011

Blasco Ibáñez y el Paraguay

José Vicente Peiró Barco. UNED – Departamento de Literatura Española

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Blasco Ibáñez a bordo del Cap Vilano. 1909.

Blasco Ibáñez a bordo del Cap Vilano. 1909.

De toda la aventura sudamericana de Vicente Blasco Ibáñez, se conocen escasos detalles acerca de su estancia en el Paraguay. Aunque este acontecimiento ocupe un lugar secundario dentro de su periplo americano, conviene revisarlo y descubrir algunas huellas del conocimiento de la cultura paraguaya que se advierten en su obra. Estos aspectos se resumen en tres apartados que vamos a examinar: 1) su visita como conferenciante, y su recepción vista a través de la prensa de la época; 2) la aparición del Paraguay en su obra; y 3) la visión que ofrece del país en sus comentarios del escritor italiano Gilberto Beccari, autor de la novela Vida Virgen, inspirada en sus viajes por la región del Chaco.

Blasco Ibáñez en Paraguay

Comenzando por los aspectos biográficos del viaje al país guaraní, la llegada de Blasco Ibáñez a Asunción, su capital, se produjo el 25 de agosto de 1909, y permaneció en él durante una semana, hasta el 31 del mismo. La expectación que había despertado su presencia en el Cono Sur americano desde que llegara a Buenos Aires 1, había invadido incluso esa isla rodeada de tierra que es el Paraguay, como lo definió nuestra compatriota Josefina Pla. De hecho, Blasco se había convertido en un fenómeno de moda, como lo demuestra el que entre el 29 de julio y el 27 de octubre de 1909, se publicara por entregas La catedral en el periódico El Diario de Asunción, en un país donde se editaban escasas novelas por aquellos años, fuera en periódicos o en la prensa.

Nuestro autor se encontraba en Corrientes cuando recibió la propuesta de pronunciar una conferencia en Paraguay por parte de Viriato Díaz-Pérez, un catedrático de letras español que residía en este país 2. Este profesor conocía el éxito que Blasco Ibáñez había alcanzado en Buenos Aires como conferenciante. La oficialidad cultural sudamericana lo había situado en el mismo plano de importancia que a escritores franceses que también habían viajado a sus ciudades, como Anatole France, porque su oratoria ofrecía un extraordinario poder de seducción. Por ello, Díaz-Pérez no dudó en invitarlo y darle el mismo trato que a un jerarca extranjero en su visita. A principios de agosto, Blasco recibió la invitación para ofrecer dos conferencias en Asunción, y la aceptó, ávido de conocer el mayor número posible de regiones de la zona.

El autor de El intruso, como le denominó la prensa local, halló uno de los momentos históricos del Paraguay más fecundos culturalmente pero más inciertos en la política. Era el Paraguay de la explotación en los hierbales que describió Rafael Barrett en sus escritos. La inestabilidad y el carácter efímero de los gobiernos eran la tónica de la época: los presidentes se sucedían en el poder cada poco tiempo. Durante los mandatos de Cecilio Báez y Benigno Ferreira, a partir de 1905 aproximadamente, se inició una época de tolerancia y de apoyo a la cultura, que puso fin Albino Jara en 1912 con un golpe de estado que derribó cualquier posibilidad de normalización democrática del país. En 1908 llegó a la presidencia Emiliano González Navero. Él fue quien gobernaba cuando Blasco visitó el país. Aunque encabezaba el sector radical del liberalismo, incentivó el desarrollo de las ideas y del pensamiento. Su período de gobierno fue agitado y difícil, con numerosas persecuciones políticas incluso entre miembros del mismo bando. Este Paraguay inestable y confuso políticamente será el que contemple Blasco Ibáñez.

Las conferencias de Blasco se titularon “El arte del siglo XIX” y “El alma española a través de los siglos”, y fueron pronunciadas el 26 y el 29 de agosto respectivamente. Como se observa, trató unos temas recurrentes en buena parte de sus conferencias sudamericanas. Por ello, examinaremos la recepción de la presencia de Blasco en Paraguay a través de la prensa de la época, sobre todo en El Diario, el más oficialista de entonces 3. Curioso es que la mayor parte de las noticias de nuestro autor aparezcan en la sección de Sociales, lo que quizá demuestre que su presencia tuviera más importancia social, la llegada de una personalidad española de relieve, que literaria. De hecho, la intelectualidad paraguaya necesitaba figuras que dieran carta de existencia a la vida cultural del país o que actuaran como referente intelectual.

A lo largo del mes de agosto fueron apareciendo noticias sobre Blasco Ibáñez que ensalzaban la importancia de su visita. Se le concedió categoría de estadista. El día 5 apareció en El Diario el artículo En honor de Blasco Ibáñez. El discurso de Carlos Antonio Bunge 4. Se hace referencia a la conferencia en Buenos Aires, en la que estuvo presente José Ingenieros. El 19 se publicó un anuncio de la comisión nacional receptora “del eminente literario Blasco Ibáñez”, donde se informa que ha recibido hoy un telegrama suyo que anuncia la salida de Corrientes para Asunción en el primer vapor. El 21 se incluyó la noticia de la formación de la “Comisión Blasco Ibáñez” para recibirlo en Villeta, localidad próxima a Asunción, con participación del Instituto Paraguayo, y que se celebrará un baile en el Centro Español 5.

El 24, el día anterior a la llegada de Blasco a Asunción, Viriato Díaz-Pérez publicó un artículo titulado "Vicente Blasco Ibáñez", donde alaba la obra y la figura del escritor, que posiblemente sea de lo más relevante en relación con su visita. Además de elogiarlo, Díaz-Pérez advertía, con un sentido prohispánico, de la separación entre España y las naciones hispanoamericanas, para subrayar la importancia de la visita al Paraguay de un autor español reconocido. Situaba a Blasco como novelista de fama en toda Europa, y traducido en Francia 6, con obras del mismo valor que las de Anatole France, Loti y D’Annunzio, lo que para los paraguayos era garantía de relevancia literaria, teniendo en cuenta el peso que la cultura francesa tenía en la América Hispana de principio de siglo. Para apoyar la singularidad de la visita, citaba a continuación autores que valoraban positivamente su obra: Rubén Darío, José León Pagano, el argentino Carlos Antonio Bunge, quien remarcaba su interés social, y el iconoclasta Max Nordau.

Posteriormente, en su empeño halagador, Díaz-Pérez subrayaba la dificultad de clasificar la obra de Blasco Ibáñez por su heterogeneidad:

Lo esencial es que atrae sin ser romántica, porque es demasiado moderna, sin ser realista, porque el autor es un verdadero amante del arte y se deja arrebatar por él -y hace bien- y por último sin ser naturalista. Podría creerse que era obra de mestizaje, pero valdría mas conocer que era personal y que en esto estribaba su mérito. Nadie, en efecto, podría señalarme en qué literatura ni actual ni pasada pueden haber sido entrevistas las obras regionales y algunas no regionales que como Los muertos mandan son y serán admirables creaciones que justificaran en lo futuro las frases de intensas admiración de Max Nordau. Como se sabe que el autor de Sangre y Arena admiraba a Zola, se le ha clasificado en el naturalismo. Pero no pertenece la novela de Blasco Ibáñez a ese arte naturalista que tiene el reposo, la serenidad, la grandeza monolítica, trabajo el suyo de artista y de creyente no nos merecería simpatía alguna si hubiera tendido a la frialdad del naturalismo abstracto que es dogmático en cualquiera que no sea Flaubert. En Blasco hay arrebato y pasión. No pertenece su técnica al otro naturalismo de los autores de Soeur Filomène. Un latido de pasión, de alegría y de luz propia, anima tan intensamente el arte de Blasco Ibáñez que nos lo presenta con derecho a título aparte. La razón esta seguramente en algo atávico de donde fluye todo el carácter de la obra. Blasco Ibáñez es meridional y su literatura lo es asimismo. Es de un país medio árabe por la raza y por paradisiaco: por su naturaleza. En él, palmeras, mujeres, flores, cielo azul y un mar digno de Grecia, si no predisponen a la filosofía y al método, arrastran hacia la poesía y el arte. En él nacieron Sorolla y Benlliure 7.

Valora a Blasco Ibáñez como el menos local de los escritores españoles, a pesar de ser autor de algunas novelas valencianas, es, y por ello es el más universal. Es, según él, “el heredero de Galdós”, y lo situaba entre los escritores del realismo español:

No tendrán [sus obras] para los españoles del futuro, el valor historial de ese estupendo monumento sin precedentes en literatura alguna que levantara Galdós, pero sí, tanto o más interés que éste. No alcanzarán la fama gramatical de las obras de aquel último purista que se llamó Valera, pero serán mucho más leídas. Regionales como las del admirable montañés Pereda serán superiores a éstas por no ser reaccionarias. Llenas algunas de ese suave idealismo que caracteriza a Palacio Valdés y caldeadas como las del autor de La Fe por el deseo de enseñarnos algo, nos lo enseñarán de manera más moderna. La razón de todo esto está en el azar. Cuestión de fecha. Blasco Ibáñez adviene a la literatura española en mejores tiempos que sus predecesores, a quienes los modernos empero tenemos que amar 8.

Recuerda, además, su actividad política hasta que el cansancio le condujo a abandonarla, así como su capacidad oratoria y su vida en distintos países. En suma, Díaz-Pérez creó un artículo propagandístico destinado a ensalzar la visita de un compatriota para prepararle un recibimiento memorable. Así, el 25 se anunció en El Diario su llegada, y que la recepción y actividades estaban previstas, en los siguientes términos: "Llegada del señor Blasco Ibáñez. Su recepción. Esta mañana a las 5 partió en el Teniente Herreros la comisión designada para salir al encuentro del vapor Corumbá que traía al señor Vicente Blasco Ibáñez". Se anuncia que el intelectual paraguayo Juansilvano Godoy pronunciará a su llegada un discurso, y que se leerá un telegrama enviado desde Concepción por admiradores del escritor. Se detalla que "esta noche el señor Ibáñez será obsequiado con una comida en el Hotel Saint Pierre por el Comité Nacional de Recepción. Mañana seguramente se dará un banquete de honor en el Centro Español. Proyéctase también en honor del huésped otro tanto en el Club Nacional, un paseo nocturno a Villa Hayes y una excursión a San Bernardino" (p. 4). Es decir, todo tipo de agasajos destinados a complacerle.

Las actividades que Blasco Ibáñez desarrolló en el Paraguay fueron semejantes a las de cualquiera de sus estancias en otras regiones sudamericanas: pronunciar conferencias, viajar por algunos lugares del país, y asistir a fiestas y recepciones en su honor 9. El Diario daba cuenta de ellas cada día. A su llegada, el 25 de agosto, le recibieron en el puerto de Asunción los integrantes de la Comisión. Después, le acompañaron por las calles Colón y Palma hasta el Hotel Hispanoamericano, donde se alojó. Efectuaba sus paseos por la ciudad en el coche del Presidente de la República, quien lo había cedido para este fin.

El 26, día de su primera conferencia, y mientras también se informaba de los preparativos del centenario argentino, se indicaba que “en honor del señor Blasco Ibáñez” se había celebrado una comida ayer organizada por la Comisión de Recepción en el Hotel Saint Pierre con la pléyade de la intelectualidad paraguaya: Juansilvano Godoy, Fulgencio R. Moreno, Viriato Díaz-Pérez, Gualberto Cardús Huerta, Modesto Guggiari, Cecilio Báez, y Eduardo Schaerer (los dos últimos fueron presidentes del Paraguay). Se anunciaba que Blasco partiría "el domingo próximo" (p. 4).

El 27, en la misma sección de “Sociales”, aparecía la noticia “El baile de mañana” en los siguientes términos: “Promete resultar un acontecimiento social el baile que dará mañana el Centro Español en honor a Blasco Ibáñez. Los salones han sido primorosamente arreglados para dar un golpe de vista formidable" (p. 5). Al mismo tiempo se reseñaba “La conferencia de anoche” como literalmente reproducimos: “Blasco Ibáñez ante nuestro publico. Magnífica de todo punto de vista resultó la reunión de anoche en el Teatro Nacional, con motivo de la conferencia que se anunció, de don Vicente Blasco Ibáñez. El conferencista habló sobre el arte, y se refirió a Víctor Hugo, Balzac, Vigny, Chateaubriand. Habló con entusiasmo de su padre Zola. No os asombréis. Zola es el padre de Blasco Ibáñez". Lo habían presentado Cecilio Báez y Juansilvano Godoy (p. 4).

Ese mismo día 27, Blasco visitó la ciudad más turística del Paraguay, San Bernardino, colonia fundada por alemanes junto al mítico Lago de Ypacaraí. La prensa del día siguiente anunciaba que el viaje se había ofrecido en honor de su presencia en el país: “a las siete p.m. llegó ayer el tren en que regresaron de San Bernardino el señor Vicente Blasco Ibáñez y los caballeros que organizaron en su honor una excursión a San Bernardino" (p. 4). Aparecen breves comentarios sobre "El baile del Centro" y "El paseo de anoche"; paseo nocturno a Puerto Sajonia, divisando la ciudad iluminada desde el río, donde participaron "bellas damas", citadas en listas distintas como "señoras" y "señoritas". Entre las señoritas figura Teresa Lamas, la distinguida escritora paraguaya, que dos meses más tarde, en octubre, contraería matrimonio con José Rodríguez Alcalá. Blasco navegó en un barco distinto al de los invitados.

El sábado 28 visitó al Presidente, el Museo de Bellas Artes e Histórico, y la Biblioteca Americana. Por la noche, el Centro Español organizó un baile en cuyo salón se colocaron escudos de las cuarenta y nueve provincias españolas, con sus nombres en oro y también el de uno de sus hijos famosos. Se conserva una tarjeta postal fechada en ese día 28 de agosto, remitida a Libertad Blasco, en la que saluda desde Asunción. Su padre había fallecido el día anterior, el 27, hecho que desconocía, y la noticia le llegó telegráficamente el 29, según nos informó el investigador paraguayo Raúl Amaral. Se había comprometido a dictar la conferencia ese mismo día, y Blasco la pronunció cumpliendo con su promesa, a pesar de las circunstancias 10. En ella ponía como ejemplo de cultura a Buenos Aires, con pocos caracteres que, según él, poco la diferencian de cualquier ciudad europea 11.

Sobre esta conferencia aparece el siguiente artículo en El Diario el día 30:

"La segunda conferencia de Blasco Ibáñez. Dio anoche, accediendo a reiterados pedidos, su segunda y ultima conferencia el distinguido huésped (...). Momentos antes de la hora designada para que el distinguido artista nos deleitara con su voz simpática y su verbo fácil, recibió la triste, la dolorosa, la horrible noticia de que su padre, el ser que con mas títulos en el mundo merece nuestros cariños y nuestro amor, había muerto. No conocía los detalles, no sabía la causa. Eso aumentaba su negra pesadumbre... No hubiera hablado... Pero, que hacer? (sic) Los artistas no se pertenecen. Los artistas no tienen derecho a ser muy humanos... Hablo del alma española, de antes y de ahora. Hermoso capitulo de filosofía de la historia cuyo velo no ha sido descorrido aún. Bella pagina de filosofía retrospectiva que habría deleitado a nuestro publico, de finas tendencias, de buen gusto instintivo. La España medieval, la España moderna, la España contemporánea, pasaron ante nosotros, en vaga marcha melancólica" (p. 4).

El 31 de agosto viajó por el Chaco. A continuación embarcó en el vapor Iguazú en Asunción hacia Resistencia, capital de la provincia argentina del mismo nombre, bajando el río Paraguay, para abandonar ya definitivamente el país.

En Paraguay, como señala Ana María Martínez con respecto a Argentina 12, “Blasco Ibáñez fue reconocido como un representante genuino de la España moderna, apóstol de la libertad y la justicia, cuyas novelas y artículos eran leídos con notable interés por los intelectuales y gente aficionada a la literatura española” (p. 62). Su visita fue un notable acontecimiento en un país que se encontraba aislado culturalmente, y Blasco gozó de una hospitalidad inolvidable para él.

El Paraguay en la obra de Blasco Ibáñez.

El Paraguay ocupa un lugar insignificante en la obra de Blasco, a diferencia de la Argentina . Una de las novelas que ideó pero que nunca escribió, Murmullos de la selva se iba a localizar en Corrientes, Misiones y el sur de Paraguay. Su argumento iba a tratar la colonización jesuítica. Del contacto de Blasco con el folklore del Paraguay y de la región argentina limítrofe de Corrientes surgió el cuento, “Las plumas del caburé”, recogido en El préstamo de la difunta; se trata de su única narración localizada en parte en el país guaraní 13.

Blasco Ibáñez captó en este cuento la distinta idiosincrasia y la heterogeneidad de los pueblos norteños argentinos y de las regiones atlánticas, especialmente la Buenos Aires europeizada. Halló también las concomitancias entre Corrientes y el Paraguay, de las que destaca el empleo frecuente y mayoritario, sobre todo en el ámbito rural, de la lengua guaraní. En este párrafo se encuentran estos aspectos:

La gente de Buenos Aires apenas prestaba atención a estas hazañas y revueltas en la lejanísima provincia. ¡La Argentina es tan grande! Además, todo esto ocurría en un extremo del país, en una tierra que es argentina políticamente, pero por la raza es más bien paraguaya, y cuyos habitantes hablan generalmente el guaraní.

Los motivos correntinos fueron la fuente de algunas de sus narraciones; aspectos folklóricos de raíz guaraní, sobre todo, tomados en sus notas de viaje, como el tema de la invulnerabilidad a las picaduras de serpiente, curadas con secreto de chamán, el de la serpiente que mama y el higuerón, entre otros.

El argumento de “Las plumas del caburé” nos sitúa a dos amigos, Morales y Jaramillo, “mestizos guaraníes” (p. 1554) que luchan en el bando de los revolucionarios colorados frente al gobierno del partido blanco 14. Después del fracaso de un ataque, comienza el verdadero centro del relato: la obsesión por poseer un amuleto de plumas de caburé 15, que otorga a su poseedor de invulnerabilidad frente al mal. De las tres partes, del relato, la primera es una introducción donde se configuran los personajes y las situaciones posteriores que girarán alrededor del amuleto de plumas, y se ubica en Corrientes. La segunda narra el logro de las anheladas plumas y el destino de Jaramillo en Asunción. La tercera introduce la historia final de Morales a partir de la posesión del amuleto, de nuevo en Corrientes, una vez los colorados han conseguido el poder. Sin embargo, no existe desconexión los espacios correntino y paraguayo por tratarse de diferentes países, porque en realidad poseen las mismas tradiciones folklóricas y sus habitantes parecida idiosincrasia.

Las referencias a la situación sociopolítica de principios del siglo XX en Paraguay y en el norte argentino son constantes y se mezclan hasta la confusión. Blasco refleja el exilio correntino al Paraguay “por aventuras políticas o de amor” (p. 1552) 16. Morales y Jaramillo trabajan en distintas labores muy propias de aquel Paraguay, como obreros de las explotaciones de yerba mate y en las talas de árboles, o correntinas, como los trabajos en el ferrocarril en manos extranjeras; mientras los peones son nativos, los capataces proceden de Europa, con lo que Blasco pone en entredicho los estereotipos de la civilización europea con la frase “¿Y aún dicen que los indios son perezosos?” (p. 1554), y advierte, aunque sea de forma comedida, sobre el imperialismo capitalista en la zona.

A pesar de la brevedad del cuento, son frecuentes las referencias históricas para facilitar al lector la comprensión de costumbres y hábitos paraguayos, ajustadas a las estrategias compositivas del realismo. Al explicar que Jaramillo y Morales trabajaron en los hierbales donde se cosecha el mate, Blasco aclara a continuación que se trata del té del país que pusieron de moda los jesuitas en el pasado 17. Blasco introduce también impresiones del folklore guaraní. La más importante por formar el núcleo de la narración es la del caburé, animal que es descrito con crudeza naturalista 18.

El personaje de Jaramillo, descendiente de chamán ancestral, advierte al principio del relato que el poseedor del amuleto adquiere un payé de gran poder. Posteriormente, se completará la explicación del mito: Jaramillo roba las plumas de la cola de un caburé que posee un naturalista alemán residente en Asunción, alusión a tantos europeos que viajaban a Paraguay a estudiar su naturaleza. Si a esta alusión se le suma la amistad de Morales con al escocés Macpherson, Blasco reflejará la realidad de la emigración al Cono Sur desde finales del siglo XIX, y su importancia, a pesar del desprecio que los naturales sentían hacia los extranjeros, que, como el escocés, se dedicaron a distintos trabajos y negocios, y, en Paraguay, en concreto, como vendedor de hierba mate.

El mito del caburé no es la única referencia teogónica guaraní. Jaramillo revela la curación de la mordedura de la víbora por el chamán. Sobre el jaguar, el narrador lo describe como animal exótico y le atribuye el que los indios guaraníes lo consideran el señor. El yacaré, el caimán amo de las aguas, posee cualidades peculiares: el que mata a Jaramillo es centenario, y posiblemente viera a los conquistadores españoles llegar hace cuatrocientos años. De esta forma, se completa el carácter mítico-fantástico del relato, cuando no es cualquier caimán el que mata a Jaramillo, sino el más ancestral.

La descripción de la selva refleja su carácter mitológico en la mentalidad paraguaya. El narrador especifica que allí, al morir la tarde, despierta la vida, y los animales que la pueblan reanudan cada noche sus aventuras. El carácter descriptivo de parte del relato también se aprecia en el tratamiento de la lengua guaraní. A la víbora hay que dirigirse en esta lengua porque no entiende el español, “lengua de Buenos Aires” (p. 1556). Los únicos localismos lingüísticos del relato son los términos yacaré, tatita y payé.

Resumiendo estos párrafos, en “Las plumas del caburé”, Blasco recoge un aspecto mítico del folklore paraguayo, y crea una historia plena de crudeza sobre el destino del hombre. El cuento es una defensa de la desconfianza en la magia y en la superstición: el hombre no puede someterse a la autoestima que otorga la magia del amuleto de plumas de caburé.

El Paraguay en el comentario de Gilberto Beccari.

Nuestro autor admiró al escritor italiano Gilberto Beccari, e influyó para que la Editorial Prometeo publicara en 1923 su novela Vida virgen (La novela del Gran Chaco). Se trata de una narración basada en la experiencia de en sus viajes por la zona paraguayo-argentina. Blasco recordaría con esta novela aquella atracción que sintió por esta tierra árida y selvática, y sus experiencias en la misma.

El prólogo a la edición de Prometeo escrito en Menton 19, figura también en Estudios Literarios como artículo, fechado en 1923 20. Según ilustra en el escrito, la exploración del Chaco, por su carácter misterioso y temible, y su aspecto grandioso, áspero y selvático, recuerda los tiempos de la conquista española. Beccari había emprendido el viaje a América del Sur en 1898. Blasco refleja que no estuvo en Buenos Aires porque no había ido a América a ver grandes ciudades, sino a sentir la atracción de lugares peligrosos, y la vida rural y de la selva. El país más moderno que tenía cerca, según nuestro autor, era Paraguay, del que opina: “algunos le llamaban por su belleza el Paraíso de la América del Sur, pero los hombres se encargan de hacer poco apetecible este paraíso con sus continuas revoluciones” (p. 1590), en referencia a la situación política del país y a los sucesos que vinieron acaeciendo desde el final de la Guerra de la Triple Alianza en 1870. Blasco repite en este prólogo algunos tópicos de la historiografía oficial paraguaya, que se pueden poner en entredicho, y que conoció en su visita al país: el más singular es el de la muerte de tres cuartas partes de la población masculina paraguaya en esta contienda 21, la repoblación posterior gracias a la permisividad de la poligamia, y que aún entonces era mayor el número de mujeres que el de hombres. Cita que en 1904, ya de vuelta en Florencia, Beccari imprimió un Diccionario guaraní de uso moderno (Lengua popular del Paraguay), producto de su viaje, obra que no es muy recordada en el Paraguay actual. También habla de su amistad con las colonias italianas del país y su relación con el propio presidente Egusquiza.

En suma, en el prólogo a la novela de Beccari se advierte que Blasco había reconocido en esta obra las tierras por las que él viajó, pero también aquellas a las que no pudo llegar seguramente, comprobando las fechas de sus viajes; tierras sin duda más inhóspitas que las que visitó. El paisaje de una naturaleza tan salvaje y virgen impresionó a Blasco profundamente, por lo que una década después de su estancia le rindió un pequeño tributo de homenaje, con su intermediación en el prólogo de la novela de Beccari, en recuerdo de aquellos años viajeros por el corazón del interior sudamericano.

 

NOTAS

1 Recordemos que, según Ana Mª Martínez de Sánchez (1994) se produjo el 6 de junio de 1909, aunque Juan Bautista Codina (1998), sitúa su llegada el día 8.

2 Viriato Díaz-Pérez (Madrid, 1875 – Asunción, 1958), fue ensayista, historiador, filólogo y crítico literario. Su vinculación con las letras paraguayas es más profunda que con las españolas. Llegó a Asunción en 1906, donde se estableció hasta su muerte. Catedrático de literatura durante muchos años en Paraguay, fundó en 1907 la entidad literaria La Colmena, que unió a distintos autores bajo el signo del Modernismo poético, y dirigió La revista del Paraguay, creada en 1913, órgano de expresión de los intelectuales paraguayos de la época. Es autor de numerosas obras, entre las que destacan La Revolución Comunera del Paraguay y sus antecedentes hispánicos (1930), Literatura del Paraguay (publicado póstumamente en 1980), Sobre la anacrónica virtud de la modestia (1926), y Los eróticos de la antigüedad (Barcelona, Mundo Galante, 1904). Teorizó sobre diversos aspectos de la literatura. Sobre su teoría poética puede examinarse el artículo de María Pilar Celma Valero (1990): "Modernismo y Modernidad en la Teoría Rítmica de Viriato Díaz Pérez". Zaragoza, Tropelías, nº. 1, pp. 25-32.

3 En ocasiones falta el número de página en los ejemplares consultados, no sabemos si debido a la mala impresión, o simplemente a que en ocasiones no se numeraban las páginas del periódico. En el caso de que no exista número de página en un texto de los que citamos, se indicará oportunamente.

4 No hay aparece numerada la página de este artículo en el ejemplar consultado.

5 Figuraban en la comisión lo más sublime de la intelectualidad paraguaya: Eligio y Eusebio Ayala, ambos futuros presidentes de la nación, Viriato Díaz Pérez, Alejandro Guanes, Arsenio López Decoud, y el autor de Ignacia, la primera novela larga paraguaya publicada, José Rodríguez Alcalá.

6 Díaz-Pérez cita los títulos en francés de las obras de Blasco Ibáñez: Arenes sanglantes, La Horde, Terres Maudites, Fleur de Mai, Boue et roseaux, Contes espagnols, y Dans l'ombre de la Cathedrale. “Vicente Blasco Ibáñez”, Asunción, El Diario, 24 de agosto de 1909, pp. 4-5.

7 Íbid., p. 4.

8 Íbid., p. 4.

9 Se puede comparar en la citada obra de Ana María Martínez de Sánchez, Blasco Ibáñez y la Argentina.

10 Es un hecho que se recuerda con admiración en el ámbito intelectual paraguayo incluso en la actualidad.

11 Algunos detalles de la estancia en Paraguay figuran perfectamente explicados en la obra citada de Ana María Martínez de Sánchez, pp. 61-63.

12 Entre sus obras de ficción, recordemos que en su nota biobibliográfica incluyó un grupo denominado “Novelas americanas” formado por Los argonautas (1914), sobre la emigración; y La tierra de todos (1922) sobre la colonización. Además, de inspiración americana, sobre todo argentina, son los cuentos de El préstamo de la difunta (1921). Entre sus libros de viajes figura La Argentina y sus grandezas (1910). En, Obras completas, Madrid, Editorial Aguilar, tomo 1, 1958 (8ª edición, 1972), p. 13.

13 Vicente BLASCO IBÁÑEZ: “Las plumas del caburé”, en El préstamo de la difunta. Obras completas, Madrid, Aguilar, tomo II, 1958 (8ª edición, 1972), p. 1555.

14 Nuestro autor descuida la veracidad histórica y mezcla en el cuento la situación política de principios de siglo de varias regiones del Cono Sur. Su alusión a la pugna histórica correntina entre autonomistas y liberales se confunde con la de dos bandos políticos, colorados y blancos, que se corresponden con los tradicionales partidos uruguayos ?tanto los bandos correntinos como los paraguayos se identifican con los colores rojo y azul?, así como las luchas revolucionarias entre ambas facciones parecen más inspiradas en las revueltas políticas paraguayas de principios de siglo.

15 El caburé es un tipo de ave parecida al búho. Existe una variedad menor, llamada cabure-í, cuyas plumas dan suerte en el amor. Guido Rodríguez Alcalá nos informó que hay una canción popular paraguaya cuya letra dice:

Cabure-í rague, no vayas a fallar,

vos que sos payé para enamorar.

Según el folklorista paraguayo Dionisio M. González Torres, para ahuyentar y combatir tristezas y contrariedades es preciso llevar en una cadena colgada al cuello, una pluma o cabeza disecada de cabure’í. Todos los lunes, miércoles y domingos, entre las 10 y las 11 de la noche, se ha de recitar un conjuro para conseguir augurios de felicidad. Las plumas del caburé, la variedad más grande de este tipo de ave, posee unas plumas más grandes que, en correspondencia, otorgan mayor invulnerabilidad, como Blasco refleja en el cuento. Folklore del Paraguay, Asunción, Editora Litocolor, 1995, pp. 123-124.

16 La provincia de Corrientes y el Paraguay están separados por el río Paraná. El trasvase de exiliados entre ambos ha sido una constante en su historia. En otros períodos, como después de la Guerra Civil del 47 y la dictadura de Stroessner (1954-1989), buena parte de los exiliados políticos paraguayos se refugiaron en Corrientes.

17 “Cuando gobernaban la República teocrática de las Misiones, fundada por ellos entre el Brasil, el Paraguay y la Argentina” (p. 1555).

18 “Tenía por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor templado, y una infernal mala intención. Allí donde clavaba su arma abría orificio, y el golpe iba dirigido siempre a la cabeza del adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No abría cráneo que pudiera resistir a sus perseverantes picotazos, iguales a golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caimán blindado de planchas duras como un navío de guerra. Este volátil pequeño y de malicia diabólica era el caburé” (p. 1553).

19 Gilberto BECCARI (1923): Vida virgen (La novela del Gran Chaco). Valencia, Prometeo, prólogo en pp. 5-15.

20 “Gilberto Beccari”, op. cit., tomo III, pp. 1588-1591.

21 Mar Langa, en su ponencia “Paraguay: narrativa e historia de una isla sin mar”, leída en fecha 27 de marzo de 1998, y cedida gentilmente por la autora, anota que el censo de Paraguay en 1857 era de entre 800.000 y 1.300.000 personas. Vera Blinn Reber, en su obra “The Demographics of Paraguay”, concluye que la población de Paraguay antes de la guerra no superaba las 318.144 personas, y que el censo de 1857 fue falsificado para disuadir a posibles invasores. Similares son los datos de Diego Abente (“The War of the Triple Alliance: Three Explanatory Models”, Latin American Research Review, 1982, nº 2, p. 56), quien afirma que Paraguay tendría al comienzo de la guerra unos 400.000 habitantes, mientras la de Brasil, Argentina y Uruguay superaba los 11 millones. En Historia de América Latina (Barcelona, Crítica, 1985, VI, p. 312), se afirma que el Paraguay perdió la mitad de su población, que descendió a las 406.646 personas que había en 1864, a las 231.000 de 1872. Por tanto, cabe poner en duda cualquier dato oficial de esta época, aunque sí es cierto que buena parte de la población masculina murió víctima de la contienda o de la represión del propio Francisco Solano López, presidente paraguayo que declaró la guerra a los países gigantes sudamericanos.

 

BIBLIOGRAFÍA

-BECCARI, Gilberto (1923): Vida virgen (La novela del Gran Chaco). Valencia, Prometeo.

-BLASCO IBÁÑEZ (1958): El préstamo de la difunta. Madrid, Obras completas, Aguilar, tomo II, 1958 (8ª edición, 1972), p. 1555.

-CODINA, Juan Bautista (1998): Blasco Ibáñez viajero. Valencia, Excma. Diputación.

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-LANGA PIZARRO, Mar (1998): “Paraguay: narrativa e historia de una isla sin mar”. Ponencia inédita leída en fecha 27 de marzo de 1998 en el congreso “La isla posible” de la Asociación de Estudios Literarios Hispanoamericanos, Tabarca (Alicante).

-MARTÍNEZ DE SÁNCHEZ, Ana María (1994): Blasco Ibáñez en la Argentina. Valencia, Excmo. Ayuntamiento.

-VV.AA. (Julio-octubre 1909): Ejemplares de El Diario. Asunción (Paraguay).

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