Año X - Número 58
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, jul’09.
Portada de la nueva edición
La editorial Nortesur acaba de sacar a la venta una nueva edición de este libro, publicado por primera vez en 1927 por la editorial Prometeo, que fue el último que su autor, Blasco Ibáñez, publicó en vida. Un libro del que Domingo Rodríguez Romero en un postfacio dice que “sin ser un testamento sí constituye una singular síntesis de temas y motivos caros al autor” al que fascinaba la idea de que “el amor es como la muerte... y cuando se experimenta en la propia persona, adquiere las proporciones inauditas de uno de esos acontecimientos que deben influir en la suerte del mundo”. Ambos, el amor y la muerte, son la base de las historias que componen este volumen. La agitada vida que había llevado el escritor valenciano, que quería “que la más interesante de sus obras fuera su propia vida”, le permitía tocar toda clase de temas y hablar de ellos con conocimiento de causa ya que muchas de las aventuras narradas en sus libros, seguramente, las había vivido en primera persona o les habían sucedido a gentes próximas a él. Como declaraba en el prólogo de El paraíso de las mujeres “escribía con caracteres extraídos de la realidad, observaciones psicológicas y una fábula que mantiene despierto al mismo tiempo el interés del lector”. O como le decía en una famosa carta a Julio Cejador en 1918 “Entre la realidad y la obra que reproduce esa realidad existe un prisma luminoso que desfigura las cosas, concentrando su esencia, su alma y agrandándolas: el temperamento del autor”.
Blasco se dirige a los lectores del libro y les explica su contenido desde una especie de prólogo, Al lector, en el que, entre otras consideraciones, cuenta que: “De las seis novelas que forman el presente volumen, cinco son recientes, pues las he escrito en el curso del año último. La sexta, El despertar del Buda, tiene más de treinta años de vida, pero creo que muy pocos de mis lectores la conocen”.
El secreto de la baronesa es la que abre la serie. La acción se sitúa en una pequeña capital de provincia y su tema, estilo y algunos personajes me recordaron mucho a La Regenta, de Leopoldo Alas, tal vez porque yo había acabado su relectura tan sólo unos días antes de empezar con la de Blasco. La siguiente, Piedra de luna, se sitúa en las antípodas ya que nos cuenta la historia de una actriz en un Hollywood recién nacido, un ambiente que él debía conocer bien. No podía faltar la referencia a otro de sus países preferidos, la Argentina, y en El rey Lear, impresor traslada a Buenos Aires una tragedia de desamor y muerte basada en la conocida obra de Shakespeare. El casino de Montecarlo, lugar próximo a la residencia que el escritor tenía en Mentón y en la que vivía al escribir el libro, sirve de escenario principal a las desgracias de la Balabanova, una bailarina rusa venida a menos, en La devoradora. La música, una de las pasiones de Blasco Ibáñez, esta presente en el cuento que lleva por título El réprobo en el que se cuentan los trágicos amores entre una novicia y el organista del convento. Cierra la serie una historia que tiene como escenario el exotismo de las leyendas orientales, El despertar de Buda, y en la que un príncipe, que lo tiene todo, descubre un día “que en el mundo el dolor es lo eterno y lo cierto, y la dicha lo casual, lo inesperado”.
Para finalizar hemos de felicitar a la editorial por haber recuperado este libro de lectura fácil, como casi todos los de su autor, que viene muy bien para ser leído en la playa, junto a la piscina o en el campo a la sombra de un buen árbol.
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