Año X - Número 56
Actualizado a 18/07/2010
Manuela García. Valencia, junio’09
Llega un tiempo, el del verano, lleno de posibilidades para hacer todo aquello que durante los meses anteriores el trabajo diario no nos ha permitido realizar. Y una de las cosas más sencillas, fáciles y baratas con las que, no matar, sino entretener el tiempo libre es la lectura de un buen libro.
Desde hace algunos años he decidido no comprar demasiados libros, ya que, como les pasara a muchos de ustedes, me falta espacio para colocarlos. Así que mis dos fuentes de lectura son por una parte mis propios fondos. Releer esas novelas que nos dejaron una grata huella es como volver a ver una foto antigua con la que siempre disfrutamos y en la que siempre encontramos ángulos nuevos que nos dan una perspectiva que en su momento nos pasó desapercibido. La otra es la de acudir a cualquiera de las muchas bibliotecas públicas que desde hace algún tiempo han aparecido en nuestros barrios. En ellas encontraremos, casi con seguridad, todo lo que buscamos ya sea un clásico de la literatura universal, ya sea cualquiera de las últimas novedades aparecidas en las librerías que, normalmente con prontitud, llegan a sus estantes.
Me van a permitir ahora hacerles algunas recomendaciones sobre lecturas posibles para este verano. Y las voy a hacer acercándome sólo a un escritor del que su prolija y variada obra creo puede satisfacer las inquietudes literarias de un amplio espectro de futuros lectores. Para muchos será muy conocido, y a esos les animo a releer su obra, pero me quiero dirigir especialmente a los que sólo conocen sus libros por el cine o por referencias para animarles a empezar a degustarlos.
Les hablo, desde estas páginas no podía ser de otra manera, ni más ni menos que de Don Vicente Blasco Ibáñez, aunque no de una forma exhaustiva sino simplemente dando una rápida mirada a su dilatada producción literaria. En primer lugar nos detendremos en una serie de novelas dedicadas a Valencia y a su entorno que harán las delicias de los que quieran saber más de una época tan apasionante como fue la que se desarrolló a caballo entre dos siglos, el XIX y el XX. Así, Arroz y tartana nos introduce en el mundo urbano de la ciudad; Flor de mayo es un acercamiento al quehacer marinero de la playa de la Malvarrosa; La barraca al drama de la huerta y, la última, Cañas y barro está ambientada en la Albufera.
Pasando de tema nos encontramos con el Blasco preocupado e interesado por la Historia de su patria y como alguien ha dicho el escritor se rebela contra la leyenda negra que algunos han forjado sobre nuestro país y proclama su admiración por figuras que él considera excepcionales. Así nacen La reina Calafia, En busca del Gran Kan, El Caballero de la Virgen, El Papa del Mar, Sónica la Cortesana o A los pies de Venus, relatos en los que impera una nueva fórmula literaria y donde el protagonismo de lo histórico va a ser fundamental permitiéndonos especular sobre los distintos materiales que tuvo de manejar un escritor que nunca se detenía en la mera reconstrucción arqueológica del pasado, sino que lo enjuiciaba y valoraba subjetivamente a través de sus personajes. Dentro de este capítulo podríamos también incluir las novelas que tuvieron como tema la Gran Guerra Los cuatro jinetes de la Apocalipsis, Mare nostrum y Los enemigos de la mujer. Y, por aproximación podríamos hacer referencia a un grupo dedicado simplemente a contar aventuras como El paraíso de las mujeres o El fantasma de las alas de oro.
Sus novelas sociales están ambientadas en diferentes ciudades españolas para poder tratar temas específicos en cada una. La catedral tiene como marco Toledo; El intruso se desarrolla en Bilbao; los hechos de La bodega suceden en Jerez y La Horda tiene como fondo la ciudad de Madrid.
Un apartado que va muy bien con este tiempo de vacaciones es el de los libros de viajes y los escarceos de Blasco Ibáñez con ellos fueron frecuentes y siempre basados en sus experiencias personales. El más conocido es La vuelta al mundo de un novelista, pero también están En el país del arte, Oriente o La Argentina y sus grandezas.
La música es un tema trasversal que Blasco aborda en muchos de sus libros como buen amante de ella, sobre todo de la ópera y de uno de sus grandes compositores: Wagner. Pero en El adiós de Schubert y en Entre naranjos, la referencia es mucho más concreta. Los taurinos, entre los que no me encuentro, supongo que podrán disfrutaran con Sangre y arena, aunque tal vez las palabras finales, que no voy a desvelar, no sean de su agrado.
Un tema al que Blasco tuvo gran apego fue el de los cuentos de los que escribiría tal cantidad que enumerarlos alargaría demasiado este breve resumen de lo que es la obra de uno de nuestros valencianos más ilustres e internacionales ya que sus libros, no sólo se han llevado al cine, sino que se han traducido a innumerables idiomas.
Espero que mi intención al escribir estas líneas se vea recompensada por la respuestas que ustedes, como lectores, les den. Y como en nuestra versión para Internet hay un apartado final en el que cualquiera puede escribir lo que piensa, les animo a que lo hagan diciéndonos que es lo que más les gusta de la obra de Blasco y por qué la recomendarían.
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