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Número 56
6 de Julio de 2009

Portada

Un americano en la tierra de Blasco Ibáñez

Presentación conferencia Christopher L. Anderson

Conferencia: Un acercamiento personal a la novelística de Blasco Ibáñez

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Año X - Número 56

Actualizado a 29/05/2011

Christopher L. Anderson: Un acercamiento personal a la novelística de Blasco Ibáñez

Christopher L. Anderson

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Prof. Christopher L. Anderson. Foto: Paco Carsí

Prof. Christopher L. Anderson. Foto: Paco Carsí

Conferencia impartida en la Casa-Museo Blasco Ibáñez, Valencia 27 mayo 2009.

I. Introducción

En diciembre del año pasado, la Universidad de Tulsa me ascendió a Full Professor, más o menos como Catedrático en España, creo. Pero esto, ¿qué tiene que ver con nuestra reunión? Bueno, de la misma manera que, al recibir la buena noticia en Tulsa, fui visitando a todos los que habían apoyado mi candidatura para agradecérselo, de la misma manera en que pasado mañana salgo para El Rocío para agradecerle a la Virgen del Rocío mi buena salud, quería agradecerles a Paco Carsí, Amparo Ferraro y a todo el personal de Arte y Libertad el haberme ayudado a cumplir con el requisito de tener renombre nacional o internacional.

También, he venido a Valencia porque el Congreso Internacional Blasco Ibáñez de 1998, organizado por Joan Oleza y Javier Lluch, fue toda una inspiración para seguir escribiendo sobre Blasco. Al pasar los años, L’any Blasco Ibáñez parece cada vez más impresionante, casi mítico en su alcance y sus éxitos.

Además, estoy aquí porque mi ídolo profesional (y ahora amigo) Juan Alborg, valenciano, genio, gran admirador de Blasco, hizo comentarios halagadores sobre mi tesis doctoral que me dieron confianza para seguir por la senda de don Vicente. Juan lamenta mucho no estar aquí con nosotros, porque, si fuera un poquitín más joven (cumple 95 años en junio), habría hecho el viaje, y habría estado aquí esta tarde. De todos modos, Juan les manda saludos a todos, y a mí me ha pedido que suba al Miguelete, de su parte.

También estoy en Valencia para ver a mi amigo Facundo Tomás, cuyos estudios sobre La voluntad de vivir y La maja desnuda son modelos de una profundidad intelectual que francamente nunca seré capaz de conseguir.

En fin, estoy aquí porque tantos valencianos me han tratado tan bien a lo largo de los años, que no venir a Valencia en este momento de felicidad profesional habría sido una falta de educación. 

Pero sobre todo, estoy en Valencia para darle la mano (metafóricamente, claro) al huracán humano cuyas obras me han dado mucho terreno fértil para investigar, don Vicente Blasco Ibáñez.

II. El atractivo de las novelas de Blasco Ibáñez 

¿Qué hay en las obras de Blasco que las hizo atractivas para un hijo del campo que había pasado gran parte de su juventud sobre un tractor? Probablemente lo mismo que para millones de lectores de todas partes. En su famosa carta a Julio Cejador y Frauca, el mismo Blasco explica su popularidad con el público lector: “las novelas que son novelas, que hacen vibrar una cuerda de la vida y proporcionan unas horas de ilusión, serán amadas por miles y miles de seres, aunque la crítica se empeñe en demostrar que no merecen aprecio.” Tales obras, escribe Blasco, serán populares por los mismos motivos por los que no les gustan a los críticos: “La crítica habla a la razón y la obra de arte habla al sentimiento, a todo lo que en nosotros forma el mundo de lo inconsciente, el mundo de la sensibilidad, el mundo más extenso y misterioso que llevamos en nosotros, pues nadie reconoce sus límites ni remotamente, mientras que la razón es limitada” (Gascó Contell, Genio 114). Victoria Vera habla en nombre de muchísimos lectores cuando dice que Blasco los conmueve con “sentimientos que son universales.” Eso es, la universalidad, la universalidad de textos que hablan incluso a los que ni siquiera habíamos pensado en la existencia de una Albufera, o una huerta valenciana, por ejemplo.

Además, desde el principio de mis lecturas de libros de Blasco, me ha llamado la atención la ética de trabajo que le importa tanto. El que trabaja tiene su honor, el que trabaja vale de por sí, se defiende, defiende a su familia contra todo y todos, como Batiste en La Barraca. Blasco respeta a los que trabajan, y castiga a los que no, que suelen pagar sus pecados en este mundo. El que abandona el trabajo por ganancias fáciles, como Juanito en Arroz y tartana, paga su error, hasta con la vida. No hay que explotar al trabajador, tal como lo hace don Salvador en La barraca, ya que, después de haber hecho sufrir al tío Barret porque sí, porque puede, don Salvador sufre lo que puede ser la muerte más sangrienta de la novelística de Blasco. Y si la muerte de Pimentó en La barraca no se entiende inmediatamente, ya que éste había apoyado y ayudado al tío Barret, hay que tener en cuenta que desde las primeras páginas se nota que es un vago, mientras que su mujer anémica trabaja desde antes de que salga el sol.

Me fascinaba cada vez más el hecho de que hay tantos Blascos que considerar, como se ve, por ejemplo, en los catálogos de L’any Blasco Ibáñez, “Vicente Blasco Ibáñez: y el periodismo se hizo combativo,” “Vicente Blasco Ibáñez y el novelista universal,” “Vicente Blasco Ibáñez, viajero,” “Blasco Ibáñez, político.” Además, digo, Blasco Ibáñez cineasta, Blasco Ibáñez editor, Blasco Ibáñez colonizador, Blasco Ibáñez conferenciante, Blasco Ibáñez patriota, Blasco Ibáñez educador del pueblo, Blasco Ibáñez defensor de los pobres y débiles . . . ¿Y cuántos Blascos más hay que no aparecen en esta lista?

Al leer todas las novelas de Blasco años más tarde cuando yo preparaba la tesis doctoral, “Vicente Blasco Ibáñez: The Evolution of a Novelist in His Imagery,” otros rasgos me impresionaron—su sentido de la justicia, sus creencias progresistas, su rebeldía o desconformidad, sus actitudes igualitarias y republicanas, y siempre su amor por Valencia. También Blasco me interesaba precisamente porque durante muchos años, su nombre era anatema dentro de España, y era víctima de una crítica subjetiva y/o adversa, además de lo que Richard Cardwell ha llamado “una conjuración de silencio.”

III. Blasco y la crítica

Paul Smith ha explicado la falta de apoyo crítico en:  (1) el hecho de que Blasco era un escritor popular; (2) el contenido social de muchas de sus novelas; (3) sus creencias anticlericales, antimonarquistas, y pro-republicanas; (4) la envidia ocasionada por su éxito; (5) el tener una vida llena de actividades no asociadas con el mundo literario, lo cual sembraba dudas de que tomara en serio su profesión como escritor; y (6) el hecho de que no era madrileño.

Dentro de España, con El costumbrismo regional en la obra de Blasco Ibáñez, de Eduardo Betoret-París (Valencia 1958) y El tradicionalismo de un republicano, de Martín Domínguez Barberá (Sevilla 1961-1962), el balance crítico comienza a equilibrarse, una actitud objetiva está presente cada vez más, y Blasco atrae más atención dentro del mundo académico. Mientras tanto, en Estados Unidos, los estudios perspicaces de Sherman Eoff (1961), Eduard Gramberg (1962), y Paul Smith--quien inicia en 1964 su larga serie de contribuciones con su tesis doctoral—están en la vanguardia de la recuperación crítica de Blasco. Poco después, en 1967, el centenario del nacimiento de Blasco resulta decisivo, ya que salieron muchos estudios de primera categoría, entre ellos la biografía fundamental escrita por otro valenciano querido, José Luis León Roca, a quien tuve el honor de conocer durante el Congreso Internacional de 1998.

Hacia el final del régimen de Franco y durante el primer lustro después de su muerte, hay una explosíon de interés crítico en Blasco que produce unos veinte libros, monografías o colecciones de estudios sobre su vida y su obra. Luego, hay un bajón notable en los 80, cuando se publican solamente ocho estudios de esta categoría. Pero según WorldCat, salen más de treinta a lo largo de los 90.

El estudio individual que definitivamente ha reivindicado a Blasco como autor de primera categoría es de Juan Alborg, quien ganó en 1999 el premio Lluis Guarner por sus seiscientas páginas que ofrecen una evaluación comprensiva y entusiasta de la prosa de Blasco, y señala su originalidad e importancia. Y en 2000, se publican dos tomos de ponencias del Congreso Internacional Blasco Ibáñez de Oleza y Lluch, Vicente Blasco Ibáñez: 1898-1998. La vuelta al siglo de un novelista, que constituyen una fuente inestimable para estudiar la vida y obra de Blasco.

Después de que la década de los 90 nos dio tantos libros y colecciones de estudios de calidad sobre Blasco, el nuevo milenio ha sufrido en comparación, con unos once, aunque la cantidad de nuevas ediciones de las novelas y traducciones es impresionante, lo cual parece indicar que continúa su popularidad con el público lector.

Así es que, desde el principio de los años sesenta, se han escrito unas tres generaciones de estudios sobre Blasco, muchos de los cuales han ayudado a colocarlo en su puesto merecido dentro de la historia de la novela española. A causa de los trabajos de Paul Smith, Jeremy Medina, Juan Alborg, Facundo Tomás, Santiago Renard, Joan Oleza, y muchos más, ya no hay que recuperar a Blasco el novelista del olvido o de manos de malintencionados. Además, lectores de todas clases podemos acercarnos abiertamente a las novelas de Blasco, resaltar sus muchos valores y hablar de sus imperfecciones sin ser acusados de ser parciales, y podemos leer estudios críticos recientes sin preocuparnos por la existencia de motivos extraliterarios.

Pero, ahora nos toca apoyar y animar una nueva generación de académicos dedicados a Blasco, además de seguir estudiando y escribiendo sobre sus obras para que sus méritos queden cada vez más claros.

IV. Haciendo publicidad, y actos públicos

De la misma manera en que creo que es mi responsabilidad hacer publicidad por mi universidad y reclutar a los mejores alumnos porque creo en ella, me importan el presente y el futuro de los estudios académicos de Blasco. Cada dos o tres años, preparo listas de tomos sobre Blasco que no tenemos en la biblioteca de la Universidad de Tulsa. Aunque todavía hay huecos en la colección, son cada vez más pequeños.

Los días 20 y 21 de septiembre de 2007, celebramos en Tulsa “Días valencianos,” con el Dr. Paul Smith como invitado de honor. Paul se reunió con mis alumnos para hablar de novelas y cuentos valencianos de Blasco, y ante unos 45 alumnos y profesores entusiasmados, habló de “Vicente Blasco Ibáñez: Spain’s Other Novelist to the World.” Por la tarde, unas treinta personas vieron la película Blood and Sand, versión de 1922 de Sangre y arena, en la plaza de la Casa de Lenguas (Language House). También montamos allí una pequeña exposición, “Vicente Blasco Ibáñez, Joaquín Sorolla, y Vistas de Valencia,” con las ediciones y los libros de crítica dedicados a Blasco y sus obras que tenemos en la biblioteca universitaria, además de copias en miniatura de cuadros de Sorolla (si pueden ustedes imaginar los lienzos grandes de Sorolla en tamaño de folios), y escenas de Valencia. Por un lado, fue educativo y divertido, pero ya que en Tulsa no tenemos programas de maestría o doctorado, y muy pocos especialistas en español estudian literatura española en las escuelas graduadas, esta exposición muy modesta no va a producir académicos dedicados a Blasco.

En cambio, en octubre del año pasado, tuve el inmenso placer de visitar a la University of Alabama, pronunciar un par de discursos sobre Blasco, y reunirme con las nueve alumnas graduadas del profesor Michael Schnepf, quienes escribían informes sobre las novelas de Blasco. Me aproveché de estas oportunidades para motivarlas a escribir sobre Blasco su tesis doctoral, informándoles de que, a pesar de todos los estudios excelentes que se han escrito en el último medio siglo, las obras de Blasco siguen ofreciéndonos una cantera de posibilidades críticas.

Y cuando termine la crisis económica, y las universidades tengan suficientes fondos para sufragar los gastos de viaje de profesores y otros invitados especiales, espero montar un congreso e invitar a Tulsa a varios de los dedicados a escribir sobre Blasco.

Una cosa más: tengo el privilegio de dar clases sobre Blasco cada dos años, es decir, para cada nueva generación de especialistas en español. Y me encanta decirles a ustedes que los alumnos, los jóvenes de hoy, disfrutan, aprenden, y aprecian cada novela, cada cuento.

V. Mis investigaciones

Además de interesarme por la trama, los personajes, o los sentimientos universales de las obras de Blasco, me acerco a éstas con la confianza de encontrar allí aciertos artísticos, ya que, como ha escrito Francisco Caudet, Blasco nos ha legado “una literatura popular artística” que representa “una tercera vía, distante tanto del folletín como de la escritura exclusivamente artística.” Varias veces en mis investigaciones ha sido una frase o una sola palabra la que ha abierto una novela a un estudio de un aspecto de su arte. Por ejemplo, la descripción del barquero viejo en el primer capítulo de Cañas y barro me llevó a descubrir un subtexto mítico que añade mucho al aprecio que tengo por la novela. Y la selección de la palabra “bigardo” para describir a Sangonereta me llevó a descubrir también en Cañas y barro la importancia de la novela picaresca, en particular del Lazarillo de Tormes. Así es que unas pocas palabras de un texto de Blasco, al parecer de poca monta, pueden llevarnos a descubrir fenómenos artísticos de impacto mayor.

Teniendo en cuenta estos precedentes, al leer el primer capítulo de Los Argonautas y ver que al personaje principal Fernando de Ojeda le encanta la campana del convento de las Trinitarias, hasta el punto de nombrarlo “la campana de Cervantes” por ser éste el sitio en Madrid donde está enterrado el padrastro de don Quijote, comencé a pensar en la posibilidad de que este homenaje no se limitara a una campana, ni a un solo capítulo. Y ya que, en lecturas anteriores, Blasco me había enseñado a tomarlo muy en serio en todo momento, yo debía estar atento a cada detalle, a cada palabra, y si su personaje principal Fernando de Ojeda pensaba mucho en Cervantes mientras que paseaba por las calles del barrio de los poetas, yo debía hacer lo mismo al dar mi paseo por las páginas de su novela. De momento, el resultado de este paseo es un estudio de unas quince páginas.

¿Qué formas toman estas alusiones a Cervantes? En varios casos, Ojeda o Isidro Maltrana lo nombran directamente. En otros, se refiere a momentos, episodios o personajes del Quijote. Más sutiles son los momentos en que una o dos palabras nos llaman la atención. Por ejemplo, en el capítulo I, Ojeda escribe que Maltrana “quiere ser mi secretario, o más bien mi escudero, en esta aventura estupenda que acabo de emprender” (508). Con esta frase, Blasco establece dos conexiones más con Cervantes, primero, a través de la palabra “escudero,” y segundo, con la definición del viaje al Nuevo Mundo como “esta estupenda aventura.”

Pero esta tarde, quisiera pasar por alto la mayoría de las alusiones más obvias al Quijote y considerar en un párrafo, un párrafo breve, siete semejanzas de estructura, trama, y técnica narrativa que surgen porque aquellas alusiones no existen en solitario en la superficie del texto, sino que nos guían hacia lo profundo: 1. Al principio del Quijote y Los argonautas, el protagonista de cada novela no tiene escudero, pero cada uno lo adquiere pronto, Sancho Panza para don Quijote, e Isidro Maltrana para Fernando de Ojeda; 2. A partir de ese momento, protagonista y escudero juntos dominan el escenario narrativo durante la primera mitad de su texto; 3. A la mitad del Quijote I, en el Capítulo XXVI, el caballero andante y Sancho se separan en la Sierra Morena cuando sale éste para entregarle un mensaje a Dulcinea (250), y lo mismo ocurre en Los argonautas en el sexto de sus doce capítulos, cuando Ojeda charla con Mina Eichelberger, mientras que Maltrana habla con el Dr. Zurita; 4. En ambos textos, después de la primera separación, los protagonistas comparten más frecuentemente el foco narrativo con otros personajes que narran sus propias historias, siendo los primeros en el Quijote Marcela, Cardenio, y Dorotea, y en Los argonautas la argentina doña Zobeida, la prostituta Marcela, y el cura don José; 5. Mientras que estos personajes secundarios cuentan sus historias, los protagonistas son menos activos, hasta pasivos, y pueden desaparecer de la visión narrativa, por lo cual su influencia e importancia disminuyen momentáneamente; 6. En cada novela, la tristeza, el desengaño, y la muerte están presentes como sentimientos o temas de conversación en varios capítulos; y 7. al final de sus obras respectivas, los protagonistas recuperan su voz narrativa y vuelven al centro del texto.

De momento, quiero seguir situando Los argonautas dentro de la trayectoria o evolución de la novelística de Blasco, ya que cuando volví a leer sus 26 novelas reconocidas durante un sabático, me di cuenta de que las novelas anteriores a Los argonautas eran distintas a las posteriores en muchos aspectos, como veremos dentro de poco.

VI. Dos conceptos claves: la variedad y la evolución.

Ahora, quisiera hablar de dos conceptos esenciales en la novelística de Blasco: la variedad y la evolución.

Como ustedes sabrán, las obras valencianas se consideran como la mejor serie que Blasco escribió. Lo que puede extrañarles a los que piensan que Blasco no varió,  que “se quedó en el naturalismo,” como se ha escrito varias veces, es la variedad de acercamientos estéticos que exhiben estos seis textos. Aunque Arroz y tartana (1894) se ha descrito como su obra más zolesca (o naturalista), en realidad es su obra más galdosiana (o realista), Flor de mayo (1895) y La barraca (1898) son naturalistas, mientras que Entre naranjos (1900) es romántica, modernista, y naturalista. Sónnica la cortesana (1901) es naturalista con un tesoro de elementos modernistas, y Cañas y barro (1902) es naturalista, pero su naturalismo tiene varios límites importantes que nos hacen recordar el aprendizaje de Blasco con el folletinista Manuel Fernández y González.

Las novelas sociales o de tesis La catedral (1903), El intruso (1904), y La bodega (1905) son constantes en cuanto a su naturalismo, pero La horda (1905) tiene venas románticas, ya que trata el amor que Maltrana pierde porque se niega a hacer, o porque no puede hacer trabajo manual.

Las llamadas novelas psicológicas contienen una obra de tendencias impresionistas, La maja desnuda (1905), mientras que La voluntad de vivir (1907) es un chillido de pasión intensa y desequilibrio psicológico que merece bien la atención que Facundo Tomás le ha otorgado. Si ustedes no han leído esta novela, se la recomiendo como una obra única dentro de la novelística de Blasco. En cambio, Sangre y arena (1908) es una novela de amor y traición cuyas descripciones de aspectos de la corrida de toros muchas veces son despiadadas y nauseabundas, y Los muertos mandan (1909) presenta una lucha entre fuerzas deterministas (es decir, lo que el pasado le ha legado, y el presente le ha impuesto: sobre todo, prejuicios) y la voluntad individual, una lucha que gana el individuo enamorado a expensas de los prejuicios y el determinismo naturalista.

Al volver Blasco de su aventura colonizadora en Argentina, su próxima novela, Los argonautas (1914), es singular porque en ella se inaugura lo que es para él el nuevo concepto de la novela evocativa de índole impresionista, que reaparece en su forma más cabal una década más tarde en El papa de mar (1925) y A los pies de Venus (1926). Y ya que mis investigaciones actuales tienen que ver con Los argonautas, y nos urge el tiempo esta tarde, pongo fin a esta descripción con la observación de que a través de la variedad estética, Blasco expresa su individualismo artístico y su libertad.

El segundo concepto vital de que hablamos hoy es la evolución, que se nota en todos los aspectos de las obras de Blasco. Para ilustrar esto, me refiero a Los argonautas. Aunque es una de las novelas de Blasco menos estudiadas y apreciadas, es una obra clave que ilustra muy bien su evolución como novelista.

En parte, la evolución temática y estética puede resumirse de la forma siguiente: 1. La cantidad más grande y más frecuente de alusiones al arte o a imágenes basadas en el arte, lo cual refleja una preocupación más profunda por la relación de arte y vida; 2. La primera escaramuza en lo que llegaría a ser una batalla larga sobre la cuestión de la literatura y la vida; 3. El primer debate entre la historia y la ficción; 4. El primer intento de separar o sacar la literatura (leyendas) de la vida; 5. El primer acercamiento al efecto de la literatura en la historia; 6. El primer ejemplo de un personaje que vive en la sombra de su participación en una novela previa y que sabe que tiene precedentes literarios; 7. La incorporación de la alusión más cínica al mundo de las artes, cuando Ojeda recurre a los nombres de Wagner y Víctor Hugo para aprovecharse sexualmente de una triste mujer casada; 8. La primera referencia a rodar películas; 9. La primera vez que Blasco se burla de un duelo; 10. La primera parodia larga que tiene que ver con mitos, figuras mitológicas, y un homenaje a lo grotesco y lo carnavalesco; 11. El primer ejemplo de un personaje (Maltrana) que inventa una historia con una imaginación llena de literatura (el hombre misterioso); 12. Los primeros resúmenes de mitos, como pruebas de que Blasco está enseñándole cosas a su público, y no compartiéndolas con ellos; 13. La primera defensa de la historia de España en el Nuevo Mundo; 14. El aumento de la cantidad de variantes que influyen la incorporación de imágenes basadas en animales; 15. La influencia más fuerte del ambiente sobre el comportamiento humano; y 16. En general, más énfasis que nunca sobre cuestiones abstractas o académicas.

Y en “La evolución de la mirada legendaria, mítica y heroica a España de Vicente Blasco Ibáñez,” mi conclusión se inicia con la pregunta, “¿Hay una evolución en la mirada heroica a España de Vicente Blasco Ibáñez?” Y la respuesta es que sí:

De heroicos campesinos primitivos con una fuerte ética de trabajo [por ejemplo, Batiste, de La barraca], Blasco pasa a figuras progresistas que atacan injusticias de varias clases y aspiran a rehacer no sólo el país sino a la humanidad [por ejemplo, Gabriel Luna, de La catedral], a héroes de acción y aventureros del pasado que viajan al Nuevo Mundo [por ejemplo, Alonso de Ojeda y Diego Méndez, de Los argonautas], entre los cuales hay que incluir miembros del clero que se convierten en héroes a causa de su voluntad de morir por su causa, a héroes militares progresistas y actuales que lo pierden todo en defensa de sus ideales [Antonio Martínez, de Los enemigos de la mujer], y a maduros ciudadanos del mundo [Ricardo Balboa, de La reina Calafia]. [Así que,] el héroe trabaja mucho, ataca las injusticias actuales y bien arraigadas de España, sirve de conquistador o colonizador, y luego como militar iluminado lucha por el presente y el futuro, no por el pasado.

Como se ve en estos dos estudios breves, uno sobre una novela, el otro sobre varias, para Blasco Ibáñez la evolución es un constante, es la norma, en su concepto de la novela, su estilo, y los temas que trata.

VII. Conclusión: En fin, así ha sido mi historia personal y profesional con Blasco Ibáñez, una historia que tendrá más episodios, si Dios y don Vicente me lo permiten. Bueno, no es toda la historia. Digo esto porque tengo una larga, larguísima historia de sucesos positivos y muy, muy negativos que me han pasado los días 27-29 de enero, las fechas de fallecimiento y nacimiento de Blasco. Esta casualidad me hace preguntarme si yo elegí a Blasco y sus novelas, o si Blasco vino a Indiana en sus novelas para reclutarme a mí.

El resto de la conclusión de esta ponencia no es una conclusión. Más bien, es un comentario sobre Valencia y su relación con Blasco, desde el punto de vista de un extranjero. Durante el Congreso Internacional BI de 1998, ocurrieron muchas cosas inolvidables. Pero el suceso que no olvidaré nunca pasó cuando llegó el momento de la ponencia de Paul Smith. Los aplausos que el público le dio, de pie, aplausos largos y entusiastas, y el respeto, el amor, el agradecimiento que expresaron, bueno, nunca he visto nada parecido en un contexto académico. Fue en ese momento que me di cuenta de la fortaleza de los vínculos que existen no solamente entre el Dr. Smith y Valencia, pero también entre Valencia y Blasco. ¡Qué impresionante! Y muchas gracias a todos por haberme permitido ser testigo de esa pasión, de ese amor, antaño y hoy.

 (*) De izquierda a derecha:  Paco Carsí, Christopher L. Anderson y Rosa Maria Rodriguez Magda. Foto: Amparo Montoro Baldoví.

(**) A la derecha: Mª Ángeles Gonzalez Gudino, entre Christopher L. Anderson y Paco Carsí. Foto: Amparo Montoro Baldoví.

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