Año X - Número 55
Actualizado a 29/05/2011
Emilio J. Pérez. Valencia, may'09.
Mario Benedetti
Comentaba Mario Benedetti en una entrevista para el diario EL PAÍS: “A veces el alma se descuida y te deja un pedacito de alegría”. Sentencia esta frase los 88 años que encierran toda una vida dedicada al arte de las palabras, la música de los versos y el paradigma de las musas. Son “sólo” 88 fructíferos, que han dado más de 80 publicaciones entre ensayo, literatura y poesía. Quién diría que Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, aquel muchacho que un 14 de Septiembre, 340 años después que Quevedo, llegaba al mundo en Paso de los Toros (Uruguay), se convertiría en una de las figuras más importantes de la Lengua Castellana.
Falleció un 17 de Mayo de 2009. Se dice que el olvido es una entelequia masiva, que el mero hecho de pensar en olvidar ya nos hace recordar. Él no pensaba igual. “Aunque nos olvidemos de olvidar, seguro que el recuerdo nos olvida”. Benedetti sufrió a lo largo de su historia las desavenencias que su espíritu, pleno y enérgico, provocó, condenándose al exilio y el rechazo de muchos por su compromiso con la cultura, con la vida. Su único refugio eran las letras, bueno, y Luz López Alegre, la que sería su compañera sentimental durante seis décadas hasta que ella faltó en 2006. Algunos le ven como el último romántico sobre la tierra, otros como un activista nostálgico tecleando balas detrás de una Underwood Five de segunda mano, quizás uno de los muchos luceros carne de merchandising y poco más. Lo único cierto es que todos tienen razón, y todos se equivocan. No hay palabras que vivan lo suficiente como para volcarse en Mario, pues todas ellas mueren al poco de nacer por simple desgaste o apatía.
Pero, como todo lo pasado, sucedió. Morfeo llegó, como relata Ovidio, con alas de mariposa y ramas de dormidera, para curar el insomnio al poeta y dejarle descansar todo lo que la ira le impidió. Y nosotros nos quedamos aquí, en Gea, llorando su pérdida con el único consuelo que nos dan los Inventarios. Mientras, en el Olimpo de los Excelsos están de celebración: hoy habrá plenilunio por Benedetti.
Al único que se echó de menos fue a José Zorrilla, resucitado de la tumba para de nuevo cantar a la muerte de un hidalgo.
Y ahora el silencio. Descanse en paz.
“[…] demasiado silencio en el crepúsculo
ni siquiera los árboles se quejan
con un silencio así no hay aventura
ni absolución del día ni clemencia.
El silencio conspira contra algo
Y ese algo lo llevo aquí en el pecho.”
Mario Benedetti (1920-2009)
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