Año X - Número 55
Actualizado a 29/05/2011
M.Corachán. Valencia, mayo’09
Benedetti, Gorka Lejarcegi, 8-6-2005 (El País)
Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009) ,nos ha dejado físicamente pero nos queda su enorme legado literario. "Hemos perdido y hemos ganado -dijo Saramago tras su muerte- porque están ahí sus libros, que afortunadamente nos sobreviven". Poeta, ensayista, dramaturgo y narrador extraordinario, deja tras de sí cerca de un centenar de obras, algunas traducidas a más de veinte idiomas, en las que el escritor dejo plasmadas sus ideas políticas y sociales lo que hizo que fuera etiquetado de autor comprometido y, tal vez, eso fue aprovechado por algunos para privarle de mayores reconocimientos literarios. Pero, como subrayaba otro poeta, Benjamín Prado, “Benedetti ha logrado el triunfo de conseguir con sus versos justo aquello que quería, que es haber sido leído por toda clase de gente y estar muy cerca de los lectores".
Sus principios como escritor comenzaron en 1945 cuando se integró al equipo de redacción de Marcha, publicación en la que permaneció hasta 1974, año en que el semanario fue clausurado por el gobierno. Su boda con Luz López Alegre, su gran amor y compañera de vida, tuvo lugar en 1946. Dos años después, en 1948, dirige la revista literaria Marginalia y publica el volumen de ensayos Peripecia y novela. Su primera acción de protesta la realiza en 1949 cuando, como miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época, participa activamente en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados unidos.
Fue crítico de teatro y de cine y colaboró como humorista en la revista Peloduro. Realizó continuos viajes al extranjero, especialmente a Cuba y a México, uno de ellos para participar en el Congreso Cultural de La Habana con la ponencia “Sobre las relaciones entre el hombre de acción y el intelectual". En 1968 fundó y dirigió el Centro de Investigaciones literarias de Casa de las Américas. Más adelante, ya en 1971, junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, intervino en la fundación del Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente amplio, alternativa que pocos años después se vio frustrada por la fuerza.
Tras el Golpe de Estado del 27 de junio de 1973 y perseguido por la dictadura militar debido a sus posiciones políticas debe abandonar Uruguay, partiendo al exilio primero a Buenos Aires, posteriormente a Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado, para luego instalarse en Cuba, en el año 1976. Al año siguiente, Benedetti recalaría en España huyendo del clima de Cuba por su humedad –él era asmático- - y por un problema de comunicación con su familia, "si mis padres recibían una carta de Cuba iban presos", explicaba el escritor. Finalmente, en 1983, vuelve a Uruguay iniciando el que él denominado período de desexilio y que fue motivo de muchas de sus obras.
En España Benedetti fue colaborador de El País y, según recuerda Hortensia Campanella en la biografía que sobre el escritor ha publicado hace unos meses en Alfaguara, Mario Benedetti. Un mito discretísimo, estos artículos en los que reflejaba sus ideas y hablaba sobre temas candentes fueron muy populares aunque no contaban con el aprecio de muchos intelectuales españoles, "ciertas elites, no necesariamente de derechas, fruncían su nariz. Así Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa y José Ángel Valente, entre otros, escribieron duras respuestas a lo que planteaba el uruguayo".
Uno de sus primeros poemarios en España fue Poesía trunca que no era. Poesía revolucionaria latinoamericana. Benedetti ha sido uno de los poetas que más ha vendido en este país y con más tirón entre los jóvenes a quienes ha llegado a través de las versiones que de sus poemas han hecho diversos cantautores como Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Soledad Bravo. En su último libro de poemas, Testigo de uno mismo, que ha visto la luz en España hace menos de un año, parece que presintiera el final de sus días y se lamentaba de la soledad en la que vivía desde la muerte, en 2006, de su amada esposa: "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo".
Sus últimos años, en los que debido al asma el escritor alternaba su residencia entre España y Uruguay tratando de evitar el frío, están llenos de premios y reconocimientos por su obra literaria. La muerte de su esposa Luz López fue un duro golpe para Benedetti que, según confesó, sobrellevó escribiendo. En uno de sus últimos libros, titulado Canciones del que no canta, alude a su historia personal. "No fue una vida fácil, francamente", ha dicho Benedetti, quien con su pluma marcó a varias generaciones. Para muchos de sus conciudadanos Mario Benedetti representó la lucha y resistencia social de los uruguayos y la poetisa Cristina Peri Rossi lo considera uno de los escritores latinoamericanos más representativos de la generación que se comprometió políticamente con la revolución cubana, señalando que esto le ha supuesto el reconocimiento de la izquierda latinoamericana y que muchos lectores se identifiquen ideológicamente con él y encuentren "algún tipo de complicidad con lo que escribe que les hace quererlo, además de apreciarlo como escritor".
Por su parte, el escritor cubano Miguel Barnet reconocía que Benedetti alcanzó lo que más anhela un escritor: "ser popular" y que "sus poemas de una estética coloquial han servido mucho a las generaciones más jóvenes para enamorar y para la lectura íntima. Pero, sobre todo, fue un gran cuentista", señalando que su libro de cuentos Montevideanos revela "el alma de una ciudad" que se parece mucho a La Habana, que "él captó como nadie".
Y, para acabar, tomo de nuevo prestadas unas palabras de su biógrafa Hortensia Campanella: “Algo que también le agradecieron siempre sus lectores fue la necesidad de llevar su compromiso cívico más allá de los dogmas y de las consignas. Sabía que era obligado tomar postura contra el capitalismo real, igual que contra el socialismo real. Pero lo más importante es que no perdió nunca en los debates políticos su capacidad de sentir. No permitió que las ideas se separaran de la vida, mezcló la poesía amorosa con la conciencia cívica, y supo intentar en sus poemas, lo mismo que en narraciones como La tregua (1960), una épica de los seres comunes. Los ciudadanos normales tienen las mismas ilusiones y las mismas inquietudes que los héroes, porque los héroes no son más que personas normales puestas por la historia en una situación en la que se debe demostrar la dignidad humana. De eso trataban los libros de Mario. Así fue su vida.”
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