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Arte y Libertad

Año X - Número 58

Actualizado a 29/05/2011

Novelas de Blasco Ibánez
por Alberto Requena

Alberto Requena, Santander.

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Portada de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Portada de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Recogemos en este número los tres artículos que nuestro colaborador Alberto Requena ha dedicado a las novelas cuyo tema gira en torno a la 1ª Guerra Mundial y que Blasco Ibáñez escribió entre 1916 y 1919.

 

 

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

Cuando me encargó Paco Carsi, un articulo sobre Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, sentí una gran alegría, ya que esta novela, la primera de Blasco Ibáñez de ambiente no valenciano que había leído,  me causo una gran impresión por su ambiente, tan diferente al de las demás, y por su gran fuerza dramática.

Considero que Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis es la obra mas completa de Blasco Ibáñez en la que describe, con su habitual realismo, las escenas de guerra que vivió personalmente en aquellos momentos, destacando los horrores de la batalla del Marne: “Cuando aun estaban recientes las huellas de este choque gigantesco”.

Poincaré, el presidente de la Republica Francesa, le felicitó por sus escritos a favor de Francia y le pidió que se implicará en la contienda: ”Quiero que vaya usted al frente, pero  no para escribir en los periódicos, eso  pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista, observe, y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa”.

Llama la atención que años antes del inicio del fascismo Blasco  Ibáñez intuyera perfectamente su esencia. En la novela, el primo de Julio Desnoyers, el alemán Von Hartrott, hablando de su nacimiento en Argentina, le dice a Argensola: “Yo soy alemán, nazca donde nazca uno de nosotros, pertenece  siempre a la madre Alemania”. Y más adelante, al hacer referencia a los españoles: ”Ustedes eran celtas miserables, sumidos  en la vileza, una raza inferior y matizados por el latinismo de Roma, lo que hacia aun mas triste su situación. Afortunadamente fueron conquistados por los godos y otros pueblos de nuestra raza, que  les infundieron la dignidad de personas. No olvide usted, joven, que  los vándalos fueron los abuelos de los prusianos actuales”.

El personaje del ruso Tchernoff, el más peculiar de la novela, es el que describe a los cuatro jinetes que justifican el titulo de ella: la peste, la guerra, el  hambre y la muerte; de  estos el segundo es el que mas afecta a la narración: “¡ Surge¡, gritaba el segundo animal removiendo sus mil ojos y del sello roto saltaba un caballo rojizo. Su jinete movía sobre su cabeza una enorme espada. Era la guerra, la tranquilidad huía del mundo ante su galope furioso: Los hombres iban a exterminarse“.

Otro personaje a destacar es el del gaucho Madariaga, abuelo  de Julio, nacido  en España pero completamente integrado en Argentina y sus costumbres. Es un autentico filosofo, rudo, pero con un sentido profundo de la honestidad, por  eso con la familia de su otra hija, casada  con el alemán no hace “buenas migas”.

Aparte de las escenas bélicas, tal vez lo más cruel  de la narración es el relato de las atrocidades de los alemanes hacia la población civil, la  descripción del hambre famélica que sufren, los fusilamientos improcedentes, argumentando que no pueden dejar enemigos a sus espaldas, aunque  no fueran militares y sobre todo las vejaciones que tiene que sufrir Don Marcelo, padre  de Julio.

En cuanto a las dos películas que conocemos sobre esta obra empezare comentando la rodada en 1921, dirigida por Rex Ingram y protagonizada por Rodolfo Valentino y Alice Terry.

El director aludido, lo  es también de la versión de Mare Nostrum de 1926, interpretada por Alice Terry y Ricardo Cortez, que  también hizo el papel de Rafael en El Torrente (basada en la novela Entre Naranjos).

En 1918 la “Metro” encargo a June Mathise, que escribiera un guión sobre Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, la  adaptadora insistía en afirmar que su protegido Rodolfo Valentino, era el actor ideal  para  encarnar a Julio Desnoyers. Finalmente la productora cedió a sus deseos y la película se convirtió en vehículo para el lanzamiento de Rodolfo Valentino.

De la interpretación de Valentino diré que me parece discreta, no  fue un actor que me haya impactado nunca, tal  vez lo mejor que hizo fue su papel en El Hijo del Caid. La actuación de Alice Terry en el papel de Margarita, me parece también discreta.

Para mi la escena de Tchernoff, explicando la rotura de los sellos y la aparición de los Jinetes, es impresionante, no solo por la interpretación del actor – cuyo nombre no recuerdo-, sino por la presentación de su figura en  un primer plano con los Jinetes cabalgando al fondo, como  si de una visión se tratara, también  las escenas de guerra están muy logradas. En resumen, la película es interesante y respeta bastante bien el espíritu de la novela.

La versión de 1962, dirigida por Vincent Minnelli, creo que es mucho mejor que la primera, pese  a estar ambientada en la Segunda Guerra Mundial y no en la Primera, también la trama se aleja algo de la novela, pero aun así el espíritu de la misma subsiste y en conjunto me parece una gran película.

Las escenas que trascurren en Argentina están muy bien conseguidas, no tanto las bélicas, que lógicamente por el cambio de ambiente difieren de la novela, aunque no por eso dejan de ser interesantes,

El final me parece brillante, sobre todo por el estupor del primo alemán de Julio, cuando ve que el final de su vida ha llegado y por tanto su derrota, mientras que Julio a pesar de morir con el, refleja en su postura digna al vencedor. ¡Es el triunfo del bien sobre el mal¡

De los actores destaco la intervención de Glenn Ford en el rol de Julio, impresionante, una de las mejores actuaciones de su carrera, siempre  le he admirado y en este ocasión una vez más.

Otra gran actuación es la de Lee J. Cobb como el gaucho Madariaga, ha sido uno de los actores de carácter que mas me han gustado, y aquí esta insuperable.

En el rol de Don Marcelo (padre de Julio) el gran Charles Boyer, uno  de los mejores de esta película, da el papel perfectamente, tanto física como artísticamente, lógico dada la categoría de este actor.

Ingrid Thulin en el papel de Margarita, discreta (Me parece una actriz, fría, que nunca ha realizado ningún papel excepcional).

Sobre todos los demás actores, bien en conjunto y finalmente decir que la película es muy buena, como D. Vicente Blasco Ibáñez se merece. Ambas películas son dignas de verse y sobre todo la novela de leerse, os las recomiendo.

 

 

MARE NOSTRUM

Esta novela de Blasco Ibáñez, escrita en el año 1917, fue concebida durante la primera guerra mundial y, como las otras dos que forman parte de este grupo, ambientada en escenas de la misma.

En la filmografía referente a ella (que yo sepa) existen dos películas; la primera de 1926, dirigida por Rex Ingram (el mismo director de Los 4 jinetes del Apocalipsis), interpretada por Alice Ferry y Antonio Moreno, que también intervinieron en otras filmaciones de sus obras.

La otra versión data de 1948 y está dirigida por Rafael Gil e interpretada por Maria Félix y Fernando Rey.

La trama de la novela es una apología del “Mare Nostrum” y el inmenso amor que el autor tenia del mismo, narra la vida de Ulises Ferragut, personaje profundamente mediterráneo: “Los pueblos mediterráneos, eran para Ferragut, la aristocracia de la humanidad, el clima poderoso había templado al hombre como en ninguna otra parte del planeta ,dándole una fuerza seca y resistente, curtidos y bronceados por una absorción del sol y de la energía del ambiente, sus navegantes pasaban al estado del metal”

Comienza la novela con la niñez de Ferragut y su despertar a la vida y el deseo de ser marino, siguiendo la profesión de su abuelo. Este primer capitulo es una lección de mitología grecorromana sumamente interesante En ella se narra, entre otras, la leyenda del “Peje Nicolao”. En las horas nocturnas pasadas ante los barquitos del abuelo, Ulises le oyó hablar del “Peje Nicolao”, un hombre-pez del estrecho de Mesina, citado por Cervantes y otros autores, que vivía en el agua manteniéndose de las limosnas de los buques. Su tío debía ser pariente del “Peje Nicolao”.

También es interesante la descripción que hace de la comida de su tío, el Doctor apodado “El triton”: ”La olla burbujeaba, espesando su caldo con la grasa suculenta de la” escorpa”, cantaba el aceite en la sartén, cubriendo la piel rosada de los salmonetes; chirriaban bajo el cuchillo los erizos y las almejas, derramando sus pulpas todavía vivas en el hervor de la cazuela”.

A partir de aquí la trama gana en interés. Ferragut se hace hombre y marino. Viaja por el mundo varios años, hasta que compra un vapor al que pone el nombre de “Mare Nostrum”, lógicamente.

En uno de sus viajes, visita Pompeya donde conoce a “Freya”, personaje que a partir de entonces ocupa toda la narración, de la que se enamora y cuyo amor es fatal para él. Del relato de esta visita, interesantísimo por cierto, quiero destacar una escena que yo en su día viví y que me impacto profundamente: ”En la puerta herculana, el guardián del pequeño museo dejo que Ferragut examinase en paz los vaciados de los cadáveres  seculares; varios pompeyanos de yeso en la actitud de terror en que los había sorprendido la muerte”. Puedo asegurarles que la visión es tremebunda.

Como es habitual en Blasco Ibáñez hace mención a su admirado Wagner, cuando conoce a Freya: ”Llameme Freya, es un nombre de Wagner, significa la tierra y al mismo tiempo la libertad…¿Le gusta a usted Wagner ?.”

Otra mención es: ”Iban a Amalfi y se alojaron por la noche en la cumbre alpestre de Ravello, ciudad medieval donde había pasado Wagner los últimos días de su vida antes de morir en Venecia”.

Un capitulo importante es en el que relata su visita al acuario de Nápoles. Blasco Ibáñez, hace en él un curso de oceanografía, cómo siempre y con su clásico estilo “fotográfico” nos muestra el fondo marino en un paseo impresionante, describiendo la fauna marina y su entorno con un profundo realismo que te engancha enseguida.

Sin embargo es la parte que trata sobre los pulpos la que mas me gusta, a parte de lo narrativo, la escena en que Freya se identifica con ellos y abraza a Ferragut : “Este se estremeció, sintiendo que se había enroscado a su cuerpo un anillo de temblona presión. Los actos de aquella desequilibrada, habían acabado por excitar sus nervios.

Creyó que un monstruo de la misma clase que los del estanque, pero mucho mayor, un pulpo gigante de los fondos oceánicos, se había deslizado traidoramente a sus espaldas, echándole de pronto uno de sus tentáculos, sentía la presión de esta garra en su cintura, cada vez mas apretada, más feroz“.

A partir de aquí la novela cobra otro cariz, pasa de ser como una presentación, a plantear  el fondo del tema de la misma. Ferragut y Freya consolidan su vida amorosa y ésta le explica su verdadera condición de espía alemana, pidiéndole su colaboración en la guerra, ayudando a los submarinos alemanes, a lo cual accede y comienzan las escenas bélicas.

Describe en el mar la situación de los submarinos y sus terribles resultados, como la muerte de su hijo en el torpedeamiento del barco en el que viajaba, por un submarino alemán.

Este hecho le hace cambiar sus ideas y pasa de ser colaborador a luchar contra ellos, por lo que es denunciado: “He jurado-dijo- finalmente dedicar mi buque y mi vida a causar todo el daño que pueda a los asesinos de mi hijo. Este hombre me denuncia para vengarse, reconozco que mí ceguera amorosa me arrastro a un delito que no olvidare nunca. Bastante castigado estoy con la muerte de mi hijo...”.

El drama se consuma con la muerte de Freya por fusilamiento y la de Ferragut ahogado en el torpedeamiento del “Mare Nostrum” y el final sumamente poético cuando en el delirio último, parece reconocer a la diosa Anfitrite, esposa de Poseidón.

Creo que es una de las mejores novelas que escribió, no solo por la narración en si, sino por las múltiples descripciones culturales e históricas y merece la pena leerla.

 

 

LOS ENEMIGOS DE LA MUJER

Blasco Ibáñez terminó esta novela en 1919, al final de la 1ª guerra mundial y es junto a Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Mare Nostrum una de las tres obras que escribió sobre la misma, si bien no tiene la intensidad ni dramatismo en cuanto a las escenas bélicas, que las otras dos.

Los relatos se refieren al paso de trenes hacia los frentes de batalla y a los heridos que convalecen en Montecarlo, que es donde se desarrolla la mayor parte de la acción.

En cuanto a la  filmografía, solo existe (que yo sepa) una película que con el mismo título se rodó en 1923 en  Estados Unidos dirigida por Alan Crosland, director de la primera película sonora: “El cantor de jazz”. Aprovechando la ocasión y dirigiéndome, por supuesto a los que no lo conocen, les diré que aunque se dice, como si fuera un tópico, que es la primera película hablada eso no es cierto ya que es muda y con letreros, lo que se oyen son las canciones de Al Jhonson. La primera película “hablada” es “Luces de Nueva York” de 1928.

El autor comenta al principio, con referencia a los personajes, la popularidad que tuvo en Montecarlo cuando se publicó: “Muchos  de los que frecuentan el casino de Montecarlo señalan a un gran señor de origen ruso y afirman que es el principe Lubimoff de “Los enemigos de la mujer”. En un cementerio que existen junto al camino de Montecarlo a la Turbie, muestran la tumba de la duquesa “Alicia”.

La novela como su nombre indica se refiere a un grupo de misóginos que opinan: “La gran sabiduría del hombre, es no necesitar a la mujer”, y se reúnen habitualmente en “Villa Serena” propiedad del príncipe Lubimoff, principal protagonista, junto con la duquesa Alicia y que mantienen un romance bastante “pintoresco”, pese a la misoginia del primero.

La novela en el fondo es una critica contra la ludopatía y sus consecuencias; una nota curiosa es la opinión de uno de los personajes, poseedor de una especie de amuleto que denomina “El rosario de Satán” que usa para jugar en el casino y que se trata de un rosario como todos, pero de cuentas rojas y con los dieces negros. Lo más importante era el grupo de objetos que colgaban en el lugar de la ausente cruz: Un elefante de marfil, una moneda auténtica del emperador Constantino encontrada en unas excavaciones en Anatolia, y un falo de oro con un resorte engendrador de viles contorsiones. Este opina: “Porque usted debe saber, indudablemente, que el español es la lengua usual del diablo, después del latín. En español están escritos los más poderosos conjuros. ¡¡Oh los nigromantes de Toledo!!, ¡¡Los sabios brujos de Salamanca!!.

Sobre las escenas que describe el autor, referentes al juego y sus consecuencias negativas, voy a destacar algunas que considero interesantes y muy elocuentes: “El príncipe se acordó del famoso “Banco de los suicidas” en los jardines del casino. Una leyenda para periódicos. No existía. Cuando se mataban varios en un mismo banco la administración lo hacia cambiar de sitio inmediatamente”, dice uno de los perdedores: “Creyó por un momento que el suelo escapaba bajo sus pies; se sintió flotar, rodeado de fuerzas misteriosas que rompían y ablandaban su voluntad.” Pasó una mano por su frente, como si quisiera repeler muy lejos esta flaqueza momentánea. ¡Ah perra!, exclamó mentalmente, insultando a la fortuna, seguro otra vez de que iba a esclavizarla, y continuó jugando”.

También me gustaría transcribir algunos párrafos que por su belleza literaria, me parecen encantadores, por su descripción de paisajes: “A un lado avanzaba el “Cap Martin” repeliendo el asalto de las olas, círculo de corderos blancos que se sucedían incesantemente surgiendo de las praderas azules; más allá, la costa de Italia, sonrosada por la melancolía de la tarde; y en el extremo opuesto, el Cap d’Ail y el Cap Ferrat, sobre cuyos lomos abullonados de verde por la arboledas y moteados de blanco por las villas, empezaba a extenderse el sudario de oro que debía envolver la muerte del sol, ¡Hermoso¡, ¡Muy hermoso!.”

Y por ultimo esta especie de colofón del final de la guerra:  “Pero el invierno de la guerra ha terminado; ya llega la primavera de la paz. Y la misma mano verde que pone florecillas y mariposas sobre la tumba anónima cuelga olorosas guirnaldas de los muros ennegrecidos por el incendio, tapiza con el terciopelo vegetal las pendientes abiertas por las explosiones, hace gorjear los pájaros y rebullir los insectos sobre la sepulturas, guía la serpenteante enredadera por el leño negro de las cruces, como si quisiera convertirlos en tirsos... ¡Ay! la tierra ignora los dolores.”

No quisiera terminar este artículo sin hacer mención especial a los comentarios que hace Blasco Ibáñez, (como siempre), al tema de la música, y esta vez no a Wagner:

“Allí, en la entrada de las terrazas que bordean el mediterráneo, se yerguen los dos únicos monumentos de la ciudad, dedicados a la gloria de dos músicos franceses por el simple hecho de que algunas de sus obras fueron estrenadas en el teatro del casino. Labrados en mármol, Berlioz (La condenación de Fausto), y Massenet (Don Quijote, Amadís y El Juglar de Nuestra Señora), saludan vagamente con sus ojos sin pupila a las muchedumbres cosmopolitas que van llegando a la casa de juego “Son croupiers honorarios”, decía Castro.

Massenet, lo acepto – Pensó Miguel -, fue feliz, tuvo dinero, conoció la gloria de la vida. ¡Pero Berlioz, que pasó sus años luchando con la propia pobreza y el desvío del publico, haciendo guardia después de muerto a los millones del casino!.”

Como siempre os recomiendo la lectura de esta obra, que si bien no supera a las otras dos aludidas al principio de este articulo, sí, es a mi juicio la mejor de las que escribió sobre la costa azul (El fantasma de las alas de oro y Novelas de la costa azul).

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