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Arte y Libertad

Año X - Número 56

Actualizado a 23/08/2010

Blasco Ibáñez y Sorolla: ¿influencias o coincidencias?

Paco Carsí. Valencia, marzo´09.

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Otra Margarita, Joaquín Sorolla, 1892

Otra Margarita, Joaquín Sorolla, 1892

Publicado en la Revista Contrastes, nº 54. Primavera'09.

A pesar de los años, pues ya se cumplen más de cien desde que la amistad y las relaciones  Blasco-Sorolla alcanzaran sus momentos más álgidos, éstas siguen suscitando el interés de los amantes del arte y la literatura en general y de todos los valencianos en particular.

Sorolla y Blasco Ibáñez son las dos grandes figuras artísticas que representan un tercio de la vida valenciana entre finales del siglo XIX y principios del XX y que proyectan su sombra hasta nuestros días. Ellos son los triunfadores, los valencianos gloriosos que han llevado el nombre de su ciudad, Valencia, más allá de nuestras fronteras.

Hablar de estos dos grandes mitos universales equivale a remover viejos tópicos valencianos que no por ello dejan de ser realidad todavía.

El naturalismo del escritor y la luz del pintor han dejado profunda huella en la retina de los valencianos, como dijo el profesor Felipe Garín en una conferencia de la que tomé prestado el titulo para una exposición en el X aniversario de la inauguración de la Casa-Museo Blasco Ibáñez (12-julio-2007), “Blasco y Sorolla inventaron la Malvarrosa”, y nos la inventaron resplandeciente, bella y luminosa como la conocemos hoy en día. Blasco y Sorolla crearon el germen de una Valencia idílica que fue creciendo en el subconsciente colectivo de los valencianos. La bella huerta, la luminosa playa donde se bañan y juegan alegres niños desnudos y señoras de bien pasean con grandes pamelas y  vaporosos vestidos blancos por las orillas de nuestro Mare Nostrum, vendiéndonos la imagen de una Valencia resplandeciente y feliz. 

Y  ahí es donde se esconde la verdadera trampa, porque si de verdad se lo creen es porque realmente no han leído bien a Blasco Ibáñez o no recuerdan los dramas, tragedias y sinsabores que padecen las gentes de la huerta o del mar en sus vidas cotidianas, y este es el nudo de la cuestión, de la pregunta ¿hubo realmente influencias entre Blasco y Sorolla? o ¿más bien coincidencias de lugares y fechas?.

Sorolla y Blasco Ibáñez gozaron en vida de una gran y sincera amistad, se conocieron precisamente en la playa de la Malvarrosa, antes de alcanzar el éxito pero con una formación y carácter ya definido y con la clara determinación de lo que querían obtener y como lograrlo. Es por lo que creemos, y lo digo en plural porque es un tema que comenté infinidad de veces con José Luis León Roca, biógrafo y estudioso por excelencia de Blasco. Según éste “Existe un documento, que es testimonio oral. Un discurso de febrero de 1911 del propio Blasco en la inauguración del edificio del Posito de Pescadores en el que se puede seguir, paso a paso, todas las incidencias de este encuentro”. Blasco al hablar de Sorolla nos da una página autobiográfica e inédita.

"Hace más de veinte años, yo paseaba por las mañanas por estas playas. Estas playas no eran como son hoy; no había edificios, ni los pescadores estaban organizados. No había más que hileras de barcas puestas a secar. Y no había más viviendas que una barca vuelta hacia abajo, que servia como de choza mísera a las familiares de las viudas de los pescadores”.

"Yo, queridos amigos, vagaba por aquí tomando notas para una novela; una novela que soñaba hacer; una novela que había de llamarse "Flor de Mayo".

Es entonces en esas circunstancias cuando oye hablar de alguien que estaba pintando y al que llamaban “el retratero”. 

“Recuerdo que sentía curiosidad por conocer a aquel artista, aquel compañero de trabajo; y, entre dos barcas, vi a un joven de estatura mediana, de un rostro que, iluminado por unos ojos geniales, tenia algo de los rasgos típicos del pueblo japonés”.

Era Joaquín Sorolla el joven pintor. Al verse, surgió el reconocimiento y una amistad entre ambos que duraría de por vida, hasta agosto de 1923 fecha en la que murió Sorolla.  

"Y hablamos de nuestras ilusiones de pobres artistas ansiosos de gloria, anhelantes de nombre. Sorolla me preguntaba: Tú, qué piensas hacer?”  "Yo - le contestaba- haré una novela. Una novela que sea el resumen de todos los dolores, de todas las tristezas, de todos los heroísmos de este pueblo que va a buscar el pan en el mar y mucha veces encuentra la muerte"

"Y Sorolla me decía: "Yo aspiro a pintar el sol, yo aspiro a - con la punta de mi pincel- derramar rayos de luz sobre el lienzo y que queden allí fijos eternamente, pienso dar a mis cuadros la vibración de la luz, la vibración del aire, la vibración del éter”.

Ya desde el  primer día se muestran distintos en sus planteamientos, parecen querer mostrar la cara y la cruz de una misma tierra, de un mismo paisaje. De unas mismas gentes.

No hay influencias fundamentales entre ellos, cada uno se ha preparado concienzudamente y tiene su destino marcado. Se admiran entre sí, pero solo se sienten identificados fraternalmente, artísticamente, al considerarse como notarios de las costumbres valencianas.

Hemos leído innumerables veces la idea de que lo que el literato hacía con la pluma, el artista lo conseguía con el pincel y viceversa, o como decía el crítico de arte Vicente Aguilera Cerni que viene a expresar igual concepto “podemos preguntarnos si Blasco Ibáñez describía cuadros –acaso no pintados- de Sorolla, o si Sorolla pintó descripciones del novelista”. O los trabajos de Pérez Rojas para catálogos sobre Sorolla donde comenta algunas similitudes de las muchas que hubo entre estos dos grandes artistas valencianos que pertenecieron a la misma generación, sólo se llevaban cuatro años de diferencia, los dos pertenecían a la escuela naturalista esforzándose los dos también en la captación cada vez más realista del ambiente costumbrista de la época.

También hemos leído que para el pintor Manaut Viglietti, Sorolla, con su pintura de tesis en cierta época, interpreta plásticamente temas de la literatura naturalista en apogeo, pero considera que Sorolla no era un pintor literario cultivado, y que personas como Blasco Ibáñez si debieron ejercer sobre él su influjo. Es posible que los años posteriores a la publicación de la novela “Flor de Mayo” así lo fuera en cuanto a la introducción de una problemática social pero según Aguilera Cerni “Sorolla fue uno de los que personificaron el tránsito experimentado en las Nacionales de Bellas Artes a favor de la pintura de tema social y es de señalar la decisiva importancia que en esa línea tuvieron obras tan destacadas como “Otra Margarita” (1892)” antes de encontrarse con Blasco Ibáñez. Respecto a la tragedia que puede abatirse sobre la clase trabajadora,  ¡Aún dicen que el pescado es caro! (1894) Aguilera Cerni apunta que Sorolla pintó  su obra en 1894, presentándola en 1895 donde ganó su primera medalla de oro en la Nacional de Bellas Artes. Sobre este cuadro hay que recordar la última frase con la que Blasco termina su novela “!Aún dicen que el pescado es caro!”, “!Qué viniesen todas allí, todas las zorras que regateaban al comprar en la Pescadería! ¿Aún les parece caro el pescado?...¡A duro debía costar la libra!”. Recordemos que Blasco Ibáñez puso la fecha de 1895 a la terminación de su novela. Y que según León Roca el 10 de noviembre comienza la publicación en el folletín de El Pueblo la novela Flor de Mayo y es el 30 de diciembre cuando se pone a la venta en volumen. De este modo es muy posible que si las fechas son ciertas la influencia podría ser al revés de lo pensado, aunque no lo creemos, pero sí mantenemos que el carácter más sosegado y respetuoso de Sorolla hiciera parecer que, en cuanto a ideas sociales se refiere, iba siempre a remolque del novelista.

Otro de los cuadros de Sorolla de grandes dimensiones y de carácter social es “Triste herencia”. Un día encontró Blasco a Sorolla, por el convento de los frailes, tomando unas rápidas notas del baño de un grupo de niños, tullidos y enfermos que eran huéspedes incurables que acogía el convento. Un hermano de la congregación vigilaba el baño de todos mientras ayudaba a un niño a mantenerlo en pie. A Blasco le pareció un proyecto importante.

Pasado cierto tiempo el concejal del Ayuntamiento de Villanueva del Mar, Sr. Matton, invitó a Blasco Ibáñez y sus amigos a una cena, figuraban entre los invitados Sorolla, Castrovido y Soriano. Blasco preguntó a Sorolla por el nuevo cuadro del cual había visto que tomaba notas.

Sorolla no estaba muy convencido del interés que podía despertar los apuntes que había hecho. Mostró su carácter retraído, al decir que era una crítica muy dura para la gente rica y que no se atrevía a realizarla. Tras pedir la explicación del cuadro que Sorolla tituló provisionalmente "la herencia de los ricos" o “los hijos del placer”  Blasco Ibáñez explicó el baño de los niños lisiados al que acabó titulando "Triste herencia" cuyo título quitaba toda acusación social a los ricos convenciendo a Sorollsa de la valía de su obra..

Otro momento de la gran relación entre Sorolla y Blasco fue cuando se produjo el encuentro de Blasco con Elena Ortúzar que posaba al mismo tiempo que él en el estudio de Sorolla para un retrato. Las relaciones entre ellos fueron más bien de complicidad entre amigos y no creemos que ni Clotilde ni María del Cacho, respectivas mujeres, se enterarán de ello. Estos tiempos dieron lugar a las novelas de Blasco “La voluntad de vivir” y “La maja desnuda”. Suponemos que por sus ideas políticas y por sus líos de faldas Blasco Ibáñez nunca fue bien recibido por Clotilde.

Posteriormente el camino de ambos tomó direcciones distintas, Blasco viajará a la Argentina y luego se establecerá definitivamente en Francia, y Sorolla quedó inmerso en su trabajo para la Hispanic Society pintando y viajando por toda España.

La correspondencia entre ellos, que se encuentra tanto en el Museo Sorolla de Madrid como en la Casa Museo de Blasco en La Malvarosa, no es muy abundante y no hace referencia a ideas o influencias, tan solo una carta de Sorolla a Blasco en la que le recomienda que se aleje de la política y se concentre en escribir novelas.

(Para terminar, comentar que recientemente se han rodado las series de José Antonio Escrivá “Cartas de Sorolla” y “Flor de Mayo” en ambas películas de suficiente rigurosidad quedan reflejados los puntos de vista de ambos artistas que) como concluye León Roca: “Hubo, si, coincidencia de dos caracteres, que cada cual por su camino, compartían un mismo anhelo artístico.” 

Y resaltar que con el tiempo prevalece la bella luminosidad de las imágenes sobre las palabras. Los cuadros de Sorolla se agrandan permaneciendo permanentes en la retina y que los dramas y las miserias humanas que nos relata Blasco se olvidan. No es cuestión de valoraciones es el subconsciente que nos traiciona.

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