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Arte y Libertad

Año IX - Número 54

Actualizado a 29/05/2011

Dos “latin lovers”:
Rodolfo Valentino y Tyrone Power

Manuela García. Valencia, marzo’09

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Valentino, Sangre y Arena, 1922

Valentino, Sangre y Arena, 1922

Según algunos historiadores el apodo “latin lover” surgió en honor a los profesores de tango que llegaban del sur a los Estados Unidos y a Europa en las primeras décadas del siglo 20 para hacer soñar a las amas de casa anglosajonas con la calidez, el romanticismo y el misterio del amante lejano de pelo oscuro, que sabía comportarse en las situaciones amorosas con absoluta elegancia e incluso con toques de fragilidad. Algo que encarnaba a la perfección Rodolfo Valentino que impregnaba cada uno de sus papeles con una sensibilidad hacia el sexo femenino que hacía delirar a sus fanáticas seguidoras en cada una de sus apariciones en la pantalla.

Valentino llegó a los Estados Unidos a finales de 1913 y después de diversos empleos aprendió a bailar el vals y el tango y se dedicó a trabajar en salones a los que acudían mujeres solas que pagaban por bailar con él o por hacerle su amante ocasional. Esto lo convirtió en uno de los gigolós más cotizados de Nueva York y contribuyó a forjar su leyenda de gran amante. Pero, “como nadie es perfecto”, en un libro publicado no hace mucho se define a Valentino como “gay por inclinación natural y bisexual por conveniencia financiera”.

En el cine empezó haciendo pequeños papeles hasta que la guionista June Mathis estimó que era perfecto para el papel de Julio Desonyers, en la primera versión de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Esa cinta descubrió al gran público la atrayente agresividad sexual de Valentino, quien fue inmediatamente tipificado como “el latin lover perfecto”.

A partir de aquí se acrecentó su fama entre el público femenino, que se sentía atraído por su arrogante presencia, cargada al mismo tiempo de cierta inclinación a la ternura. Una ambivalencia que para sus detractores era una prueba concluyente de su homosexualidad mientras que las mujeres se sentían por un lado atraídas por la violencia sexual masculina que desprendía y por el otro por su ternura, lo que les permitía ser una especie de madres-amantes.

Esto se puede ver claramente en “Sangre y Arena”, reflejado en la relación de Juan Gallardo con sus dos mujeres, por un lado su esposa abnegada y sufrida, que cumple su rol de “madre” y por el otro la “amante” que juega con los sentimientos del torero.

Rodolfo Valentino, el primer “sex-simbol latino” por excelencia, murió precozmente cuando sólo contaba 31 años, como cualquier mito que se aprecie debe hacer, y cuentan que sus seguidoras quedaron tan desconsoladas que algunas llegaron hasta el suicidio. Desde entonces, su nombre se convirtió en sinónimo de casanova y donjuán.

Del otro “latin lover” que dio vida a Juan Gallardo en “Sangre y arena”, Tyrone Power,  Billy Wilder, después de dirigirlo en la película “Testigo de cargo”, decía refiriéndose a la belleza insultante del actor que: “Todo el mundo estaba loco por Tyron. Laughton estaba loco por él. Hasta yo mismo. Por muy heterosexual que fueses, era imposible ser del todo inmune a esa clase de encanto”. Fue uno de los máximos iconos de la belleza masculina cuyos cánones en el Hollywood de los años 30 y 40 se seguían midiendo con el siempre exótico corte latino. Su agradable apariencia masculina iba acompañada de su gran versatilidad interpretativa lo que le permitió situarse entre los grandes actores clásicos del cine.

Tyrone Power, que contrajo matrimonio en tres ocasiones, tuvo una estrecha amistad con el actor latino César Romero (un reconocido gay), durante muchos años. Esto suscitó toda clase de rumores, sin fundamento, en la prensa amarilla acerca de su supuesta homosexualidad. Se le adjudicaron inmumerables parejas femeninas y masculinas, entre las cuales se cuentan a Errol Flynn, Marlon Brando, Lana Turner y Anita Ekberg. También, al igual que Valentino, murió prematuramente de un ataque al corazón en Madrid, el 15 de noviembre de 1958, mientras rodaba la película Salomón y la reina de Saba.

 

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