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Arte y Libertad

Año IX - Número 54

Actualizado a 29/05/2011

Belleza y Desgarro en la obra de Francis Bacon en el Museo del Prado

“Una pintura no es un conglomerado de cosas que comprender sino una cuestión de instinto”

Estela Rojo Hernández. Madrid, marzo`09.

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Tres Estudios para una Crucifixión, 1962, Bacon

Tres Estudios para una Crucifixión, 1962, Bacon

Hasta el 19/04/09.

Resulta difícil reunir en una cuantas líneas la magnitud de la obra de Francis Bacon, pero es sin embargo una buena ocasión para intentarlo. Ha sido larga la espera, casi tres décadas desde que se celebró la última exposición de su trabajo y en aquella ocasión se presentaron tan sólo 17 de sus piezas. Tras 30 años el Prado abre sus puertas para acoger su obra conmemorando de esta manera el centenario de su nacimiento. Una muestra itinerante que tras su paso por Londres, hace parada en nuestro país antes de continuar hacia el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El público tendrá la oportunidad de dejarse llevar por la emoción e intensidad que desprenden  70 pinturas, donde se incluyen 16 de sus reconocidos trípticos, incluyendo uno inédito en esta exposición  perteneciente a una colección privada y que sólo se verá en España.

La vida de Bacon ( 1909-1992) estuvo marcada por tensiones emocionales y profundas vivencias personales que estarán en el origen de su proceso creativo y de su particular manera de trabajar, le gustaba pintar en soledad, aislado en su taller, acompañado tan sólo de  fotografías e imágenes que le servían de inspiración, huyendo  así de la presencia de modelos para sus obras. No realizaba bocetos previos y nunca limpiaba sus pinceles buscando de esta manera generar superficies  pastosas donde se acumulase la pintura mezclada con el polvo.

Empezó diseñando muebles en Londres en los años 30 pero cuentan que fue el impacto que le produjo la obra de Picasso en Paris en 1933, lo que le decidió a probar suerte en la pintura. Escogió la vía figurativa, a contracorriente de la abstracción reinante en la época y su personal estilo ejerció una influencia clave en las tendencias del arte del siglo XX, especialmente en los artistas de la corriente denominada nueva figuración.

Configuró una obra descarnada, emocional e intensa, cuya temática principal gira en torno al ser humano y el cuerpo. Su técnica es única, misteriosa e impactante, demostrando un uso de la pintura visceral que busca explorar el impacto de la pintura sobre nuestros sentidos.

Cuerpos, fragmentos, sometidos a continuas metamorfosis a través de la distorsión de las formas atienden a sus objetivos “quisiera que mis cuadros parecieran como si un ser humano se hubiera deslizado entre ellos, como un caracol, dejando huella de la presencia humana y del recuerdo de hechos pasados, como el caracol deja su rastro”.

Bacon huyó de la pintura narrativa en busca de una obra que mostrase una expresión individual e instintiva. Espera que el espectador se deje dominar por la obra, que afecte a su sistema nervioso e impacte en el cerebro, más que pensarla o interpretarla, “Una pintura no es un conglomerado de cosas que comprender sino una cuestión de instinto”.

Sus obras de gran formato presentan un color encendido  otra de sus señas de identidad, toda la composición, figura, contorno se articula en torno al mismo. Encontramos tonalidades puras en los fondos planos, de geometrías sencillas que contrastan con el movimiento de sus figuras construidas con tonos intermedios.

La exposición se articula en base a diferentes  secciones, animalidad, crucifixión, crisis, etc… facilitando al espectador el acercamiento a muchos de sus temas e inquietudes. Para ello también es fundamental, el material documental de su taller que acompaña la exposición y que nos remite a las fuentes de muchas de  sus composiciones.

De temperamento autodestructivo, jugador, bebedor, ateo militante y gran solitario dicen que poseía  una energía desbordante cuya intensidad arrastraba a todos aquellos que disfrutaron de su presencia y fueron muchos en  Madrid los que pudieron constatarlo. España fue una constante en su vida, asiduo visitante del Museo del Prado y admirador declarado de la obra de Goya y Velazquez. Pasó temporadas en nuestro país visitando amigos y acudiendo a corridas de toros de las que era un gran aficionado y cuya obra muchas veces constata. Fue precisamente en Madrid, donde conoció al que sería su último gran amor, un banquero español, hasta que en 1992 Bacon fallece en circunstancias sobre las que no se ha desvelado muchos detalles. Madrid recuerda esos vínculos con el artista y ofrece hasta el 19 de Abril una nueva razón para acercarnos a su obra y fascinante personalidad.

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