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Arte y Libertad

Año IX - Número 54

Actualizado a 29/05/2011

La Intuición y la Estructura. De Torres-García
a María Helena Vieira da Silva 1929-1949

Manuela García. Valencia, marzo’09

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Sothebys, de Joaquin Torres Garcia, 1932

Sothebys, de Joaquin Torres Garcia, 1932

IVAM. Hasta 3 de mayo

La exposición, que se abre con las obras de estos dos artistas, junto con la de algunos otros actores clave y se cierra con las de sus sucesores, ha sido diseñada, según los comisarios, como una lectura y un viaje a través de los movimientos artísticos desarrollados a lo largo de  esos veinte años comprendidos entre el momento en que Vieira da Silva vio por primera vez la obra de Torres-García, en 1929, y la muerte en 1949 de este. Habría que señalar, como curiosidad, que ellos nunca se conocieron personalmente.

Torres-García (Montevideo 1874 - 1949), hijo de padre catalán y madre uruguaya, se trasladaría a Barcelona junto a su familia en 1891 realizando allí  sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Naturalmente se vio muy influenciado por el movimiento modernista catalán, con el que siempre se identificó, e inició su amistad con Pablo Picasso y Antoni Gaudí, con quien colaboró en la realización de las vidrieras del templo de la Sagrada Familia en Barcelona. En 1919 viaja a Nueva York y tres años más tarde a Italia y Francia fijando su residencia en París en 1926. Los primeros tiempos en la Ciudad Luz fueron muy duros, aunque, según el mismo reconocía, allí aprendió mucho y se formó definitivamente. Conoció a Mondrian, Van Doesburg y Seuphor, fundando con éste último en 1930 la revista y el grupo Cercle et Carré, promotor de la primera exposición de arte constructivista y abstracto. En 1932 abandona París y se instala en Madrid, donde conoce a Lorca y crea un grupo de artistas constructivos. Lo que no obtuvo fue el público reconocimiento de su valía, así que resuelve regresar  a su ciudad natal, Montevideo, a donde llega en 1934.

Torres García, creador del universalismo constructivo, plasmó un mundo poblado de símbolos arquetípicos. Según él "La Historia del Arte muestra que todos los pueblos pasan de lo puramente imitativo a lo abstracto. Esa evolución no es fortuita: obedece a la tendencia de la Humanidad a seguir el sentido del Universo, que en todo momento se encamina hacia la Unidad..."

María Elena Vieira da Silva (Lisboa 1908 - París 1992), inicia desde muy temprana edad estudios de dibujo y de pintura. Viaja por Europa y después de viajes temporales a Portugal vive por unos años en Brasil. En 1947 regresa a Francia. Por medio de estructuras que tienden a la abstracción logra un extraño equilibrio en sus creaciones en las que se insinúan aspectos figurativos con situaciones y personajes que existen dentro de un mundo marcado por lo matemático y lo formal. Líneas, mosaicos, puntos de fuga, repeticiones imposibles muestran la unión entre lo formal y lo expresivo. Progresivamente va realizando piezas cada vez de mayor maestría, en las que, por medio de líneas verticales y horizontales, se crea la sensación de paisajes de ciudades imaginarias.

Las 147 obras que integran la exposición se centran en la relación entre la obra de Torres-García y Vieira da Silva, aunque también se incluyen algunas obras de otros artistas, como Mark Tobey, Paul Klee o Georges Vantongerloo,  por su vinculación con el artista uruguayo durante su estancia en París y por su preocupación por contrarrestar la fuerte influencia del surrealismo frente al realismo y la abstracción. Por otra parte, también forman parte de la muestra cuadros de Arden Quin, Adolph Gottlieb o Ad Reinhardt por la influencia que en ellos ejercieron las obras de Torres-García.

 

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