Año IX - Número 54
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia, febrero’09.
Los "Top Manta"
Vinieron atraídos por la consigna de “papeles para todos” que los que ahora están en el gobierno lanzaron cuando eran oposición. Vinieron para procurar una vida mejor a las familias que se quedaron en la tribu. Vinieron esperando un maná que nunca les ha llegado ni les llegará. Vinieron en frágiles pateras y muchos se quedaron por el camino. Ellos, los descendientes de aquellos otros que siglos atrás viajaron en las bodegas de los barcos negreros para cambiar la libertad por la esclavitud, lo mismo que les ocurre a estos aunque ahora la esclavitud “dicen” que ya no existe. Trataron de ganarse la vida honradamente y lo único que encontraron que podían hacer era dedicarse al “top manta”. Y así extendieron sus mantas – un sistema que les permite recoger rápidamente su mercancía cuando por una esquina aparecen las fuerzas del “orden público”- y sobre ellas colocaron copias piratas de los últimos éxitos musicales. Pero toparon con el artículo 270 del Código Penal que, de una manera injusta, les puede condenar hasta a dos años de cárcel por vender discos copiados en la calle –una pena mucho mayor que la que tienen un robo con violencia, un delito de lesiones o el defraudar a Hacienda por menos de 4000 euros- o, lo que para ellos es aún peor, acarrearles la repatriación a sus lugares de origen.
Y todo ello para que Teddy Bautista y sus muchachos, por supuesto también sus muchachas, puedan seguir embolsándose el sustancioso canon. Bautista, que se las da de ocurrente, ironiza con la iniciativa de la ministra de Defensa de enviar más dotaciones para combatir la piratería en los mares de Somalia, y señaló que tal vez la industria cultural tenga que pedir el amparo de la ministra. Siento no poder reírle la gracia. Pero la realidad es que el daño que los top manta hacen a las industrias culturales es casi nulo comparado con los “peer to peer” de internet (es decir el intercambio de archivos P2P), y no se sabe de ningún internauta que haya sido condenado por ese hecho.
Sin embargo, actualmente ya hay 64 manteros que pueblan las cárceles españolas por haber cometido un horripilante delito: vender discos copiados en la calle. Un castigo injusto y estéril con que está pagando el último y más débil eslabón de la cadena, pero el más vulnerable y precario, los “top manta”.
“La manta no es nuestro sueño” afirmaba el senegalés Ramo mientras participaba en una huelga simbólica de “mantas vacías” porque ya no pueden más de persecuciones policiales, de noches en comisaría, de causas penales, de miedo a la condena y a la cárcel. Y añadía: "Hemos pedido apoyo a los artistas. Muchos nos lo han dado. También tienen que ganarse la vida con sus obras. Por eso pensamos que esta lucha no es sólo para nosotros. Es para todos. Todos tenemos derecho a vivir con dignidad".
Ousmane Ndione, otro senegalés, comentaba en El Mundo que “Los artistas tienen que saber lo que le está pasando a los que venden en la calle, tienen que hablar con nosotros. No van a entender que a un chico que busca su manera de sobrevivir lo metan en la cárcel. O que le pongan una multa de 1.000 o 2.000 euros cuando tiene problemas para sobrevivir. Yo estuve trabajando en la calle vendiendo cedés en el top manta. Hasta que un día me persiguió la Policía con las motos y lo dejé. Me daba miedo. (...) Esos chicos que están en la cárcel vendían en la calle para sobrevivir, es un derecho básico del ser humano el buscarse la vida, ¿no?”
Que se lo cuenten a este gobierno que ha pasado del “papeles para todos” a buscar todas las formas de repatriar a los emigrantes. Eso sí dentro de un orden: primero los africanos que el viaje sale más barato. Desde aquí nos adherimos a la campaña por la despenalización de los top manta que algunas organizaciones han emprendido.
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