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Arte y Libertad

Año IX - Número 53

Actualizado a 29/05/2011

El Arte y los Artistas en ARCOMadrid`09

Manuela García. Madrid, febrero’09.

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ARCOMadrid`09. Foto: Estela Rojo

ARCOMadrid`09. Foto: Estela Rojo

Pocos días antes de la inauguración de ARCO, Javier Marías escribía un interesante artículo sobre el arte contemporáneo del que quiero entresacar algunos párrafos. Empezaba así: “Hace ya mucho que, cuando visito un museo, mi paso se acelera al llegar a las salas de lo que se suele llamar arte contemporáneo, es decir, a grandes rasgos, el producido entre 1965 y la actualidad. Rara es la obra de este ya largo periodo que me invita a detenerme ante ella más de un minuto, incluidas las que me agradan, que algunas hay. Pero la mayoría me parecen lisas como el futuro y casi ninguna rugosa como el pasado. Me aburro mirándolas, porque apenas hay nada que desentrañar”. Para luego decir que “eso no me causa complejo ni preocupación. Al contrario, salgo con la conciencia doblemente tranquila: he hecho el intento y, si no he logrado interesarme, considero que no es culpa mía sino de la obra en cuestión. He visto suficiente arte a lo largo de mi vida como para crearme ahora inseguridades”.

Julián Marías se atreve a decir lo que muchos piensan, pero callan por miedo a que los tilden de ignorantes. Y es que en el arte contemporáneo se ha llegado a un extremo en el que todo vale y todo es genial, lo cual muchas veces lo sitúa al borde de la tomadura de pelo. Lourdes Fernández, en una entrevista reciente, decía que “en el arte verdadero no hay tomaduras de pelo. Lo que se vende responde siempre a una ley de mercado”. La pregunta es si esa ley de mercado responde verdaderamente a la calidad de las obras vendidas o al marketing realizado por los galeristas para encumbrar a algunos de sus artistas y hacer que suban sus cotizaciones.

Los que se hayan dado un paseo por ARCO, en la que según sus organizadores “el atrevimiento y la calidad” son sus bazas, habrán podido contemplar auténticas obras maestras de nuestro tiempo pero, también, otras ante las que, seguro, han pensado que eran, cuanto menos, una tomadura de pelo y de las que no merece la pena hablar. No se preocupen y hagan como Julián Marías, miren, esfuércense en entender lo que ven y si se quedan como estaban no pasa nada, probablemente la culpa sea de la obra y no de ustedes.

Entre las modernas “obras maestras” merece la pena destacar la presencia de Bacon -del cual se puede ver ahora una gran exposición en el Museo del Prado-, que se ha convertido ya en uno de los artistas contemporáneos más cotizados; o la del pintor alemán Georg Baselitz; también las esculturas del estadounidense Richard Serra; de los fotógrafos el brasileño Vik Muñiz con sus más recientes creaciones. Junto a ellos fotografías de los clásicos de la Escuela Alemana Thomas Ruff, Candida Höffer y Andreas Gursky; esculturas de algunos de los nombres más representativos de los últimos años como Tony Cragg o Kiki Smith; artistas como Warhol o Lindstrom; y, por supuesto, obras de algunos de los españoles de mayor reconocimiento internacional como Antoni Muntadas, Jaume Plensa, Antonio Saura, Juan Muñoz, Carmen Calvo, Alexanco, Equipo Crónica, José Hernández, Chillida, Broto o Canogar, entre otros muchos.

Dentro de las nuevas técnicas teníamos la obra de Bill Viola, un genio del arte audiovisual, del que se presentaba Three Women, un espectacular vídeo de alta definición proyectado en pantalla de plasma de más de un metro y medio de longitud. O la del británico Julian Opie cuyos retratos y figuras femeninas se han convertido ya en un clásico del videoarte. Y el estadounidense John Baldessari, artista multidisciplinar que fusiona técnicas como la fotografía, la pintura, la escultura o la edición.

Si hablamos de cotización una de las piezas más caras era el óleo titulado Study from the Human Body de Francis Bacon, valorado en 15.700.000 euros. Una obra de Antonio Saura, Grande Desnudo, pintado en 1959 se vendía por 900.000 euros. I. Spivak: In the Village 1997 del artista conceptual de origen ruso Ilya Kabakov, cuyo valor era de 800.000. El cuadro realizado a base de cera firmado por Antoni Tapiès en 1991 y titulado Crane Renverse, con una cotización de 220.000. Y en escultura, la pieza Sin Título del creador vasco Jorge Oteiza, estaba valorada en 300.000 euros. Como muestra de las altas cotizaciones que está alcanzando la fotografía en las últimas décadas habían piezas de los fotógrafos más consagrados. Concretamente, la obra de Thomas Ruff titulada Cassini 08, con una tirada de seis ejemplares, podía adquirirse por 20.000 euros, y el C-Print de Candida Höffer por 60.000 euros. Aunque también se podían encontrar piezas desde los 600. Pero para aquellos que no disponían de un alto presupuesto para invertir en arte o quienes estaban iniciándose en el coleccionismo podían, también, encontrar en la Feria obras ajustadas a bolsillos más reducidos, partiendo incluso de los 300 euros.  

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