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Arte y Libertad

Año IX - Número 53

Actualizado a 18/07/2010

Drama en la Albufera: Cañas y Barros

F. Alonso.

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Portada de la serie de televisión

Portada de la serie de televisión

 Reportaje de Tele Rádio. 26/03/1978.

Cañas y barro es una serie en seis capítulos, de cincuenta y cinco minutos de duración cada uno (el primero se emite hoy, a las 10.15), basada en la conocida novela de Vicente Blasco Ibáñez.

Transcurre la historia en un pueblo de La Albufera valenciana y el relato narra las costumbres y modo de vida de una familia vista a través de tres generaciones.

El director de la serle es Rafael Romero Marchent, y el guión, adaptación y diálogos son de Manuel Mur Oti, contando en el extenso reparto a Victoria Vera, Manuel Tejada, Alfredo Mayo y José Bódalo.

DRAMA EN LA ALBUFERA

Nací en Valencia, patria de Sorolla y de Benlliure, y soy hijo de un comerciante de familia aragonesa, como el propio Sorolla.

Si en mis orígenes se hubiera podido hablar de influjo árabe, habría que buscarlo, pues, más por el lado de Aragón que por el de Valencia.

De edad de doce años comencé a ejercitarme en el arte de escribir. A los catorce años, tenía escrita una novela, de las de capa y espada. Fue cuando vine a Madrid huyendo de la casa paterna.

Sufrí hambre y miseria; mas di con el viejo novelista don Manuel Fernández y González, el cual me tomó por secretarlo, colaborando entonces con él en sus últimas obras, es decir, escribiendo varios capítulos de ellas conforme al plan por él trazado.

Aquí, y de esta manera, se confirmó la voluntad de escribir por parte de Blasco Ibáñez.

Posteriormente, regresó a su Valencia natal, acabó sus estudios de abogacía con regular Aprovechamiento, pues prefería los paseos y estancias en la vega y marismas de La Albufera a la tranquilidad de las aulas y, atraído por el ambiente y fama bohemia del París finisecular, marchó a esa ciudad permaneciendo dieciocho meses.

Zola y Balzac, el barrio latino y los círculos anarquistas -donde conoció a Ruiz Zorilla y a José Ferrer- fueron sus distracciones y, algo que ya era esperable, su alimento, fue la escritura de novelas por entregas y traducciones.

CON LA PLUMA EN LA MANO

Volví a España cuando dieron una amnistía a los presos políticos.

El mismo año de mi regreso a Valencia, me casé con una pariente mía, huérfana, cuyo padre, don Rafael Blasco y Moreno, había muerto siete años antes, de magistrado, en Castellón de la Plana.

De entonces data mi verdadera y profesional actividad literaria, pues, además de las novelas, fundé El Pueblo.

Aquellos años, a partir de 1891, están llenos de aventuras, a veces peligrosas: conspiraciones y viajes de propaganda, mítines y procesos.

¿Cuántas veces suspendieron mi periódico? No lo sabría decir exactamente. Calculando el tiempo que fui a la cárcel por días, semanas y meses, puedo afirmar que la tercera parte de aquel período heroico de mi existencia lo pasé a la sombra o huyendo. He estado preso unas treinta veces.

A su regreso de Italia, fue juzgado militarmente como inspirador de ataques a la Fuerza Pública y condenado a cuatro años de presidio, de los cuales sólo cumplió catorce meses.

Como resultado de su carácter emprendedor y espíritu aventurero, que no se conformaba con la rutina aunque ésta fuera un calculado riesgo, en 1909, después de ser diputado republicano, abandona agriamente toda actividad política y marcha a Buenos Aires.

Hasta ese año, Blasco Ibáñez tenía ya escritas numerosas obras que son las que mejor han resistido el paso del tiempo, las que hoy conservan el mayor interés literario: Arroz y tartana (1894), La barraca (1898), Cañas y barro (1902), La catedral (1904) y Sangre y arena (1906).

EL SEGUNDO MEJOR

En Argentina, accede a lo que con el tiempo será ya una constante en su vida: a la gran aceptación de sus obras se añade su popularidad y millonarios ingresos.

En efecto, conoció un éxito tumultuoso en sus desplazamientos alrededor del mundo, llegando a ser elegido, en 1924, por la Revista Internacional del Libro, en Nueva York, como el segundo mejor escritor mundial, detrás de H. G. Wells.

De esta época datan sus textos y novelas ambientados en lugares exóticos, resultado del cosmopolitismo de nuestro autor: Mare nostrum, En busca del Gran Kan, Las novelas de la Costa Azul, Oriente y La vuelta al mundo de un novelista.

Me enorgullezco de ser un escritor lo menos literato posible; quiero decir, lo menos profesional. Aborrezco a los que hablan a todas horas de su profesión y se juntan siempre con colegas.

Esta frase de nuestro autor nos da una idea concisa de la concepción que tenía de la literatura en la vertiente de sus problemas técnicos.

Alejado totalmente de cualquier teorización sobre el relato, sacaba sus temas de la vida cotidiana y, casi sin elaboración, los plasmaba en las cuartillas, fiado de la propia fuerza de los hechos.

Así, antes que de estilo, podríamos hablar de frase impulsiva, pues procedía por explosión ruidosa y violenta. Blasco Ibáñez observaba la realidad y esperaba a que se formara en su cabeza lo que llamaba bola de nieve, y, una vez crecida ésta, todo estaba ya casi hecho, Sólo faltaba escribirlo de forma casi automática.

Estamos, pues, ante un escritor que prefirió la frase corta, las descripciones directas y en tercera persona, la no composición estructural de sus obras, mejor que, con una preocupación formalista, planificar meditad amenté sus relatos. Y este aspecto sería el único, si lo es realmente, censurable hoy, y la causa directa de que algunas de sus obras aparezcan a veces como caducas.

En cualquier caso, su obra permanece de forma admirable para expresar el paisaje y carácter del pueblo valenciano, encontrando sus paisanos en Blasco Ibáñez un apasionado narrador de sus ritos y costumbres.

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