Año IX - Número 53
Actualizado a 17/03/2010
Paco Carsí. Valencia, enero`09.
Después de un año de conmemoraciones en torno al 80 aniversario del fallecimiento de Don Vicente Blasco Ibáñez, 28 enero 2008, y el regreso de sus restos mortales a Valencia, su ciudad natal 28 y 29 de octubre del mismo año, La Asociación Vicente Blasco Ibáñez-Centro de Estudios León Roca vuelve a conmemorar estos días 28 y 29 de enero el nacimiento y muerte del novelista. Para ello se han organizado tres actos que en estos mismos momentos del cierre del periódico comienzan a realizarse. A continuación reseñamos el Saluda emitido días pasados por Internet que publicamos para que quede como recordatorio:
La Asociación Vicente Blasco Ibáñez – Centro de Estudios León Roca, y en su nombre la presidenta:
Doña Marinette Gascó Poy
tiene el placer de invitarle a los actos que con motivo de los aniversarios del insigne escritor y político valenciano Don Vicente Blasco Ibáñez se celebrarán los próximos días 28 y 29 con arreglo al siguiente programa:
Día 28 de enero 2009
A las 12 horas – Ofrenda floral y Oda a Blasco Ibáñez leída por Manuel Marzal en el Cementerio de Valencia.
A las 19horas – Recital poético a cargo de Stella Manaut, en el Museo del Carmen, c/ Museo, 2. 46001 - Valencia.
Día 29 de enero 2009
A las 19.30h - Mesa redonda, Blasco Ibáñez, escritor, político, periodista y editor, en el Círculo de Bellas Artes, c/ Cadirers, 5. 46001 - Valencia.
Además, se cuenta con la participación del:
Ateneo Republicano de Valencia.
Amigos del Pintor Manaus
Círculo de Amigos de Vicente Blasco Ibáñez.
Para cerrar la noticia y como testimonio hemos optado por reproducir unos párrafos del primer capítulo de la Biografía de Don Vicente Blasco Ibáñez escrita por León Roca, que hacen referencia al nacimiento del novelista valenciano. De esta forma rendimos homenaje también a Don José Luis León Roca fundador de esta Asociación e iniciador de estas conmemoraciones en las que durante muchos años fue el único valenciano que lo hacía y a las que poco a poco se le fueron añadiendo seguidores.
La familia Blasco Ibáñez
El día 29 de enero de este año de 1867, en la casa número 8 de la calle Jabonería Nueva, esquina a la de los Angeles, nace Vicente Blasco Ibáñez. Fue bautizado en la iglesia parroquial de los Santos Juanes, junto al Mercado, comúnmente conocida y denominada por los valencianos como la parroquia deis pillos, siendo madrina del recién nacido doña Vicenta Martínez, tía de doña Ramona. Actuó como padrino don Antonio Penilla, natural de Sestrica, pueblecito de la provincia de Zaragoza.
En la partida de nacimiento expedida por el Juzgado, se observan notables inexactitudes. Una de ellas es la de consignar que el padre era cocinero donde debe decir comerciante, y el de colocar a Calatayud, lugar de procedencia de la madre, en la provincia de Teruel. Igualmente, el testimonio familiar aporta la noticia de que fue el día 27, domingo, y no el 29, como allí consta, cuando en realidad nació. Este retraso en la inscripción en el Juzgado, se debe a la circunstancia de que los lunes eran considerados festivos para los funcionarios.
Los padres de Blasco Ibáñez fueron don Gaspar Blasco Teruel y doña Ramona Ibáñez Martínez, ambos aragoneses. Don Gaspar era natural de Aguilar de Alfambra, en la provincia de Teruel, hijo de don Ramón Blasco y de doña Emerenciana Teruel, Había nacido el 18 de noviembre de 1844 y era el mayor de los hijos. Tras él siguieron Joaquín, Catalina, Paula, José y Rafael.
Doña Ramona Ibáñez Martínez nació en Galatayud, provincia de Zaragoza, el 1º de noviembre de 1842, y fue hija de don Francisco Ibáñez y doña Vicenta Martínez, de holgada situación económica.
Don Gaspar Blasco había llegado a Valencia en edad muy temprana, donde se acomodó, primero como aprendiz, y luego como dependiente en un comercio de ultramarinos de la plaza del Mercado. Con anterioridad había intentado, sin éxito, trabajar en Segorbe y Castellón.
Este movimiento inmigratorio, que tiene su origen en el bajo Aragón, es representativo del siglo y, tal vez, consecuencia inmediata de las guerras civiles con su secuela de carestía, penuria y hambre.
Valencia fue siempre para los aragoneses, la nueva tierra de promisión, El Dorado de sus esperanzas, la tierra benigna y fértil que los acoge hospitalaria. El riesgo de la aventura no resta la decisión a quienes ansían el cambio de fortuna o, cuanto menos, la consolidación de un modesto bienestar.
La historia de los aragoneses que se han enriquecido en Valencia, tanto si es leyenda como realidad, corre de boca en boca entre los montañeses. No hay nada que espolee tanto la ambición como la seguridad de que la fortuna se halla en medio de la calle, al alcance de la mano.
El comercio valenciano tenía establecido un régimen de patriarcado que venía, sin duda, desde muy antiguo. El dependiente, por el solo hecho de pertenecer a la casa, formaba parte de la familia. El amo no se sentía exclusivamente amo, sino que extendía su paternidad a todos los dependientes y empleados, aconsejándoles, orientándoles y curándoles en los casos de enfermedad.
Pese a este benévolo patriarcado, la rigidez y dureza de costumbres de vida hacían de aquella comunidad familiar un infierno del que todos pretendían salir. Los aprendices entraban a trabajar sin salario alguno, A cambio de su trabajo, tenían comida y lecho. Cuando al cabo de los años el aprendiz ascendía a dependiente, el amo le asignaba una pequeña cantidad mensual, cantidad que se contaba por reales, y que en la mayor parte de las veces el dependiente no veía reunida en su totalidad más que en el momento en que decidía marcharse.
La sumisión a que se les obligaba en el comercio valenciano solamente podían soportarla los montañeses de Aragón, que no tenían detrás de sí más que el espectro del hambre y la amenaza del retorno al pueblo. Los valencianos nativos trabajaban en el comercio en muy pequeña proporción.
La rigidez de las costumbres y la tiranía comercial, si bien eran enojosas, formaron un tipo de hombre de condiciones excepcionales dentro del comercio: el hombre probo, recto, entero, fiel a su palabra, que no necesitaba escrituras, contratos ni firmas para reconocer los compromisos contraídos.
La «dura escuela del trabajo» hizo del joven Gaspar un avispado comerciante. En 1866, fecha en que contrajo matrimonio con doña Ramona Ibáñez, ya poseía cuatro mil reales, que fueron los que invirtió en la compra o traspaso de la tienda de la calle de Jabonería Nueva.
Doña Ramona Ibáñez había llegado a Valencia llamada por una tía suya, doña Vicenta Martínez Torralva, natural de Calatayud, que contaba sesenta y dos años en la fecha del casamiento de doña Ramona. Doña Vicenta Martínez aparece en el padrón municipal de 1868 como domiciliada en la casa número 11 de la calle de Embajador Vich, en el mismo lugar y casa que habitaba el famoso editor don Mariano de Cabrerizo.
La nueva tienda o comercio que pasó a ocupar la familia Blasco-Ibáñez era un local pequeño con dos puertas. La trastienda tenía un sobrado que la familia acomodó para transformarlo en vivienda. En este sobrado nació Vicente Blasco Ibáñez.
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