Año IX - Número 53
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia, enero´09.
El 27 de enero se conmemoraba que en ese mismo día de 1945 los ejércitos soviéticos liberaron los campos de Auschwitz y Birkenau en los que perecieron alrededor de 1,5 millones de personas, en su mayoría judíos, debido a las palizas, las cámaras de gas, el hambre, el agotamiento y las enfermedades. Por eso es difícil entender como los descendientes de aquellos que conocieron ese terror en carne propia hayan creado los campos de refugiados de palestinos que, repartidos en toda la Franja de Gaza, son grandes campamentos donde viven hacinadas decenas de miles de personas a las que se les está infligiendo un holocausto similar, eso si sin cámaras de gas, al sufrido por los judíos a manos de los nazis.
La política de mano dura que ha llevado Israel durante más de medio siglo -desde que el 14 de mayo de 1948 se creó el Estado de Israel ocupando un territorio que hasta ese momento era palestino- ha convertido a la zona en un lugar de contienda perpetua. Y aquellos que un día fueron centro de la compasión mundial por el sufrimiento padecido se están convirtiendo, como decía Noam Chomsky en un reciente artículo, en el país más odiado del mundo y perdiendo el apoyo de la mayor parte de la población de Occidente, incluidos muchos de los judíos más jóvenes quienes probablemente no toleren durante mucho tiempo estos persistentes y horribles crímenes cometidos en su nombre por sus dirigentes.
Eduardo Galeano, haciendo referencia al actual conflicto de Gaza escribía: “Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen”.
Mientras tanto aquí, el buenííiiiiiiiiiiisimoooo de Zapatero, que está en contra de las guerras cuando esa posición le da votos, pero no en contra de la GUERRA, como ha venido demostrando con su postura acomodaticia en Afganistán, lugar al que los soldados que él envía van en “son de paz”. Y para corroborar esta afirmación sólo hay que recordar lo que acaba de afirmar en su último show televisivo ante un joven quien, después de calificarle de hipócrita por vender armas a países que no respetan los derechos humanos, le preguntó si tenía idea de cuántos civiles palestinos han matado las armas que él vende a Israel. Zapatero primero mintió al decir que las ventas ascienden a un millón de euros, cuando en realidad son más de tres millones, y luego tuvo la cara dura de decir que «por los datos que manejo, las armas de España no han servido para matar a ningún palestino». Por favor, sr. Presidente ¿quiere hacernos partícipes de esos datos?
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