Año IX - Número 53
Actualizado a 18/07/2010
Montse Fayos. Enero ´09
Aprovechando que estamos todavía con resaca de comilonas y cotillones, pongámonos frívolos para recordar que dos instituciones con una “mala salud de hierro”, que diría Sabina, han protagonizado algunos de los momentos, si no más relevantes sí más mediáticos del año que se nos ha ido. Con todos nuestros respetos, nos referimos a la Monarquía y a Eurovisión, a las que todos los años damos por extintas pero cuya muerte nunca firmamos, ya que siempre acaban por resurgir, reinventarse y sorprendernos, para bien o para mal. Que hablen de uno, aunque sea mal, dijo alguien.
Este año hemos inaugurado el Ministerio de Igualdad y hemos sumado un palabro nuevo y aberrante al diccionario, “miembras”, y por tanto era lógico que Su Majestad La Reina tomara el relevo a su esposo y al “por qué no te callas” de 2007. En esta ocasión, a la monarca se le fue la mano opinando sobre los homosexuales y situándose cerca del partido de la oposición, una opinión legítimamente concebida pero quizás más apta para tertulias de café en la Zarzuela. También hemos visto el cambio de cara de Letizia, el primer día de colegio de la infanta Leonor y por primera vez hemos asistido a un divorcio en la Familia Real. Todo llega, querido Peñafiel.
En cuanto a Eurovisión, hemos visto con sorpresa regocijada y un poco de vergüenza ajena cómo un actor se convertía en Rodolfo Chikilicuatre y llegaba a la final del concurso dejando al descubierto dos evidencias: que Internet marca la comunicación del siglo XXI y que ciertos concursos musicales han quedado más que obsoletos de acuerdo con la escala actual de valores sociales.
El año 2008 ha sido el de las elecciones de la crispación. La niña de Rajoy, “buenas noches y buena suerte” y demás estrategias de campaña, junto a los ya casi olvidados debates televisados. La política ha ocupado gran parte de nuestras conversaciones aunque probablemente la palabra más pronunciada, y no precisamente por el presidente del Gobierno, es “crisis”. Se acabaron los préstamos hipotecarios al tuntún, los precios exorbitados de los pisos y el consumismo desenfrenado, para dejar paso a los impagos, las rebajas históricas, la cesta de la compra llena de marcas blancas y el miedo a la incertidumbre. Y sin dejar de hablar de política, Estados Unidos ha castigado el mandato decadente de Bush y a elegido a Barack Obama, un hombre que, antes de presidir el país, ya ha marcado un hito por el color de su piel y la potente simbología que esto encierra.
Cómo no, este año hemos enjugado lágrimas al despedir a nombres emblemáticos del cine clásico, como Paul Newman o Charlton Heston entre los más sonados, pero también Rafael Azcona, Pedro Masó, Sidney Pollack, el joven Heath Ledger, Anthony Minguella, Richard Widmark o Mel Ferrer. En las letras nos quedamos sin el poeta Ángel González, el nobel Harold Pinter, el creador de best-sellers Michael Chrichton o la popular divulgadora de recetas Simone Ortega. España dijo adiós a grandes prohombres de su historia como Leopoldo Calvo Sotelo o José María Cuevas y la moda se puso de luto al fallecer Yves Saint Laurent. Pero no todo iban a ser malas noticias, nuestro Javier Bardem hizo historia al ganar un Oscar y Woody Allen vino a nuestra tierra a rodar una mediocre película que puede darle a Penélope Cruz una nueva candidatura a la estatuilla dorada. En el deporte hemos cerrado un año de oro gracias al triunfo de España en la Eurocopa de fútbol, las proezas del equipo de tenis o de nuestros baloncestistas y en general una sucesión de éxitos que sirven de metáfora para lo que está por venir, porque si no afrontamos la crisis unidos y trabajando en equipo, difícilmente lo estaremos contando con buen humor dentro de 12 meses. Que sean felices durante 2009.
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